Mons. Lorca Planes, presidente de la CECS: «La verdad es el centro de la profesión periodística»

Mons. Lorca Planes, presidente de la CECS, y Mons. Bernardito Auza, nuncio apostólico, a la derecha de la imagen

En la sede de la Conferencia Episcopal Española (CEE) hoy ha tenido lugar el acto de entrega de los Premios ¡Bravo!, que anualmente concede la Comisión Episcopal para las Comunicaciones sociales (CECS).

La ceremonia de entrega de los galardones se ha celebrado en la sala de la Asamblea Plenaria, con limitación de aforo, en presencia del obispo de Cartagena, Mons. José Manuel Lorca Planes, presidente de la CECS, y del secretario general de la CEE, Mons. Luis Argüello, y con la participación del Nuncio en España, Mons. Bernardito Auza.

En esta edición, los Premios ¡Bravo! 2020 han sido otorgados a la Asociación de la Prensa de Madrid en su 125 aniversario; Fernando García de Cortázar SJ; Fernando Lázaro; ‘Documentos’ de Radio Nacional de EspañaTRECEGoya ProduccionesCateQuizis de la productora de Infinito Más Uno; Rozalén; la campaña ‘Ropa vieja’ de la agencia CHINA para Adolfo Domínguez; y Ángel Cantero de la Fuente.

Al final de la entrega de los galardones, el obispo presidente para las Comunicaciones Sociales se ha dirigido a los premiados para agradecer su labor en los distintos medios, además de expresar su apoyo para que «puedan continuar llevando a cabo su tarea, ahora y en un futuro, que se presenta difícil», particularmente cuando hay que sumar ahora «la dificultad creciente para conocer y contar la verdad».

Discurso de Mons. Lorca Planes

Estimado Sr. Nuncio, Señores cardenales y obispos miembros de la Comisión Mons. Luis Argüello, secretario general de la Conferencia Episcopal Española, Queridos premiados, Un saludo a todos.

Nos reunimos un año más para la ceremonia de entrega de los premios ¡Bravo! Desde aquella primera sesión, en 1971, se han sucedido ya 51 ediciones de esta celebración, que busca reconocer la valiosa y meritoria labor de aquellos que, en el ámbito de la comunicación, se han distinguido por el servicio a la dignidad de la persona, los derechos humanos o los valores evangélicos.

Os recibimos en esta casa de la Conferencia Episcopal Española como signo de una Iglesia abierta y en salida para reconocer el bien que se hace en esta sociedad por tanta gente, en tantos lugares y especialmente en el mundo de la comunicación.

Permítanme que tenga un recuerdo con especial dolor por la ausencia de Mons. Juan del Río, que fue presidente de esta Comisión hasta su fallecimiento el pasado mes de enero. Precisamente él mismo, en una de las reuniones por videoconferencia, me comisionó para presidir la reunión del Jurado de los premios Bravo. Con ilusión estaba preparando estos premios y con pena tuvo que tomar la decisión de aplazar su entrega junto con la Asamblea de delegados a este mes de mayo, por causa de la pandemia. Pocos días después, él mismo fue infectado por la covid-19 y falleció en sólo diez días. A él quiero dedicar estas palabras mías, para hacer memoria de su entrega, de su amabilidad, de su audacia, de su buen hacer en el mundo de la comunicación. Por él también nuestra oración, que Dios lo acoja en su presencia.

Durante los meses más duros de la pandemia, por iniciativa de Juan del Río, los obispos de esta Comisión para las Comunicaciones Sociales agradecíamos el trabajo de los medios de comunicación y pedíamos que el agradecimiento de todos debería traducirse en apoyo social para que los medios puedan continuar llevando a cabo su tarea, ahora y en un futuro, que se presenta difícil. ¡Recibid todos, nuestra consideración, respeto y aliento!

Una expresión de esta consideración y respeto por vuestro trabajo es este acto de entrega de los premios ¡Bravo!, que este año reconocen de manera singular tres miradas imprescindibles en nuestro tiempo. La mirada a la historia para aprender de ella, la mirada al presente acompañado todavía por la pandemia, la mirada al futuro para abrir ventanas de esperanza e ilusión.

Entre los que hacen el esfuerzo de cuidar y transmitir la verdad de la historia premiamos, en esta edición, a D. Fernando García de Cortázar, jesuita, que desde el libro profundo que analiza las causas últimas de la historia, hasta el artículo periodístico con capacidad para poner los puntos sobre las íes de la actualidad. También así, el veterano programa Documentos de Radio Nacional de España, ahora bajo la dirección de D. Miguel Ángel Coleto, que recorre la historia de España y de los españoles. También entra en la historia la fotografía que D. Fernando Lázaro hizo de la morgue del Palacio de Hielo de Madrid, donde vemos en una sola imagen, un instante de nuestra historia, cuando cambió nuestra vida. La actualidad ha puesto también en valor el documental de Goya Producciones Morir en paz, dirigido por D. Andrés Garrigó, una mirada esperanzada al acontecimiento final de nuestra vida.

La mirada a este presente extraño que se inauguró hace algo más de un año y que todavía proyecta su sombra sobre nosotros, hizo necesaria una adaptación en los medios, que merece ser premiada este año. En televisión, TRECE se hizo cargo de la situación y trajo hasta su parrilla mensajes de esperanza y de futuro, con las palabras del Papa y de los obispos, con las celebraciones litúrgicas en la Semana Santa o con la retransmisión de acontecimientos excepcionales como la vigilia de oración desde el Vaticano, que quedará para siempre en nuestra memoria. Otro ejemplo de adaptación de la comunicación a las circunstancias causadas por la pandemia, lo encarna D. Juan Manuel Cotelo con su proyecto CateQuizis, para poder acompañar la formación cristiana de los más jóvenes a través de las nuevas tecnologías. D. Ángel Cantero de la Fuente ha hecho esa misma labor en la archidiócesis de Sevilla, ofreciendo recursos gráficos e imágenes a los medios de comunicación y a toda la comunidad diocesana, de la vida de la Iglesia, precisamente en los momentos en los que más difícil resultaba contar lo que estaba pasando y llegar a las fuentes de las noticias.

Contemplando al futuro con esperanza, premiamos una nueva sensibilidad que se hace necesaria, la que encarna la artista Rozalén con su música, que expresa sentimientos, señala problemas y apunta soluciones posibles. Se hace eco de esa nueva sensibilidad también la campaña Ropa Vieja de la agencia CHINA para Adolfo Domínguez, que invita a sostener, a conservar, a dar vida a la ropa por encima de sus tiempos.

La categoría especial de esta edición de los Premio ¡Bravo! ha recaído en la Asociación de la Prensa de Madrid en su 125 aniversario. Su cuidado de la profesión y de los profesionales ha sido relevante en toda su historia y, de manera especial, también en este último año. Una profesión imprescindible para el bien común de una sociedad que empieza por su misma libertad debe ser protegida. Especialmente si desde poderes públicos o intereses particulares se quiere usurpar su misión, bien estableciendo una verdad única o bien señalando y etiquetando a periodistas que realizan su trabajo de buscar la verdad y ofrecerla a los demás.

Ciertamente esta es una edición especial. Basta mirar a esta sala para darnos cuenta de la situación que estamos viviendo. En este lugar se reúnen todos los obispos españoles en sus asambleas plenarias y cada año, también aquí, se entregan los premios ¡Bravo! Otros años los invitados llenaban el aforo y muchos seguían el acto de pie. Hoy las normas sanitarias limitan el aforo. Estamos menos, pero estamos con el mismo afecto, respeto y admiración por vuestro trabajo.

La pandemia ha dado la vuelta a nuestra sociedad. Con ella habéis puesto de manifiesto el valor y la grandeza de las personas valerosas, y también habéis señalado las incoherencias, la confusión, o los errores de este tiempo, en los que algunos, lamentablemente, hemos participado. Señalando aciertos y errores dibujáis el camino justo que hay que seguir cuando las referencias quedan desdibujadas. Muchas gracias por ello.

En este tiempo, también vosotros, quienes vivís en el mundo de la comunicación os ha tocado la situación de la pandemia, en algunos casos con dureza, en otros como oportunidad. Hago mención a la situación en que ha quedado el sector del cine, de la música, o el del entretenimiento, esto va a hacer difícil una recuperación a corto plazo y miles de familias, que dependen de esto, lo seguirán pasando mal. Con ellos esperamos la recuperación de su trabajo y de sus esperanzas.

Por otro lado, la comunicación a través de las nuevas tecnologías se ha multiplicado hasta convertir este tiempo en una nueva oportunidad inesperada. Las nuevas tecnologías nos han permitido mantener el contacto durante el aislamiento con todos, con los que estaban más lejos o más cerca, ¡Cuantas oportunidades!, ¡Cuánto bien nos ha hecho acercándonos a los seres queridos y en el teletrabajo!

El mundo de la información también ha tenido que luchar en esta pandemia. A la difícil situación económica de los periodistas y de las empresas periodísticas, de las que ya hemos hablado en otras ocasiones, hay que sumar ahora la dificultad creciente para conocer y contar la verdad, que es el centro de la profesión periodística. Comunicar la verdad en medio de un mundo de “negacionistas” en ambientes diversos, de poderes que pretenden conceder credenciales de veracidad, en medio del ruido generado en las redes sociales y de intereses económicos espúreos, es tan difícil como imprescindible y a veces os cuesta la vida. Quiero recordar en este momento a D. David Beriain y D. Roberto Fraile los últimos que han sido víctimas de la violencia, caídos en acto de servicio hacia nosotros mismos.

Quienes continuáis en esta misión soléis decir que “sin periodismo no hay democracia”. Podemos añadir que “sin periodismo tampoco hay convivencia”.

La comunicación está llamada, más en estos tiempos, a unir a las personas, a facilitar relaciones, a difundir conocimientos, a señalar los caminos de la convivencia. No pueden ponerse al servicio de los que buscan separar, crispar la sociedad, dificultar los acuerdos o impedir los encuentros. El mundo sólo avanza cuando todos caminamos juntos y en la misma dirección. Así lo esperamos.

A todos ustedes que han podido venir, muchas gracias por su cercanía y afecto. A los que nos han seguido a través de Youtube, desearles poder reunirnos de nuevo presencialmente en la próxima entrega de los premios ¡Bravo! Muchas gracias y buenos días.

 

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