Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: La Ascensión del Señor a los cielos

Cristo, el Hijo de Dios, fue enviado por el Padre Dios para salvar al mundo. Para ello Jesús se hizo hombre en el seno de la Virgen madre y después de 30 años de vida en familia, comienza su vida pública con la elección de aquellos que van a ser los continuadores de su misión.

El cumplimiento de la misión que el Padre le había encomendado de sal­var a los hombres le va a suponer ser perseguido, condenado y muerto en la cruz, pero la muerte no fue el final para él, sino que al tercer día resucitó.

Resucitado, se apareció repetidas veces y en diversas circunstancias a los que le habían seguido en su vida, a los que había enseñado todo su mensaje y, cuando ellos habían confirmado su fe en el Resucitado, Cristo los hace depositarios de su misma misión y los envía al mun­do: «Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 29, 19-20).

Cristo, cumplida la misión que el Padre le había encomendado, sube al cielo a la vista de sus discípulos.

La Ascensión del Señor a los cielos significa el tiempo de la Iglesia. Co­mienza el momento de la misión de sus discípulos que, con la gracia del Espíri­tu Santo, van a lanzarse valientemente al mundo a predicar el evangelio del Maestro con palabras y signos, bau­tizando a todos los que lo piden en el nombre del Padre y del hijo y del Espí­ritu Santo, conscientes de que no están solos, sino de que el maestro sigue con ellos y los acompaña siempre.

Los discípulos, es decir, la Iglesia primitiva, ha recibido la misión de evangelizar y deben comenzar ense­guida, es urgente realizar su misión. Por eso, cuando están viendo irse a Jesús al cielo y se quedan embele­sados, necesitan que aquellos dos hombres vestidos de blanco se les aparezcan para decirles: «Galileos, ¿qué hacéis ahí plantados mirando al cielo? El mismo Jesús que ha sido tomado de entre vosotros y llevado al cielo, volverá como lo habéis visto marcharse al cielo» (Hch 1, 12).

La misión que el Señor ha confiado en la persona de los apóstoles a toda la iglesia es su misma misión, la que él tra­jo a este mundo y que cumplió hasta el derramamiento de la última gota de su sangre por la salvación del hombre.

Ha querido que continuemos reali­zándola nosotros hoy y a través de todos los tiempos, ofreciendo su salvación a todos los hombres, yendo por el mundo entero y predicando el evangelio.

Esta misión es una misión que Cristo a confiado a toda la Iglesia, es una misión «urgente». No podemos gastar el tiempo ni quedarnos para­lizados y ensimismados por las cosas que nos encontremos por el camino.

Lo mismo que aquellos dos hom­bres vestidos de blanco les dijeron a los apóstoles, nos lo repite el Señor a todos y cada uno de nosotros como seguidores suyos:

¿Qué hacéis ahí plantados, distraí­dos, ensimismados por tantas cosas, en­simismados y distraídos por el tener, que os desvía de vuestra misión y os hace ol­vidar el encargo de Cristo ocupados en la lucha por tener más, en pasarlo mejor, o en ser los primeros? Nos recuerda que no podemos olvidar nuestra misión, lo mismo que el caminante no puede que­dar absorto por lo que encuentra por el camino y olvidar su destino.

Es verdad que, tantas veces, nos re­sulta difícil vivir su encargo en medio de un mundo y una sociedad que van por otros caminos y luchan por otros valores e intereses. Pero el Señor no se ha ido huyendo del mundo y dejándo­nos huérfanos, no. El Señor nos ha pro­metido: «Yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo» (Mt 28, 20). Por eso, no nos de­ben asustar las dificul­tades que encontre­mos, no debemos sentimos solos. Sabe­mos que a nuestro lado y por delante de nosotros va el Señor que estará siempre con nosotros y nos acompañará con su gracia.

El mundo sigue necesitando del mensaje de Jesús, cada día más, por­que cada día hay más personas aleja­das del auténtico camino que lleva a Cristo y a la salvación, alejados de Dios y de lo que Dios nos ofrece y nos pide.

Todos y cada uno de nosotros, como cristianos, hemos de renovar nuestro compromiso de ser seguidores y mi­sioneros de Jesús y su mensaje, porque, aunque nos sintamos pobres y débiles para vivir el envío del Señor y cumplir la misión que nos ha encargado hacer llegar a todos los seres humanos de to­dos los tiempos y lugares, sentimos la mano del Señor que sigue con nosotros.

El Señor ha ascendido al cielo, se hace presente a través nuestro. No­sotros somos los continuadores de su misma misión, y debemos ofrecer su salvación, la que él nos ganó con su muerte y resurrección, para que to­dos los hombres, de todos los tiem­pos puedan salvarse.

Que el Señor, que nos ha hecho se­guidores suyos y nos ha confiado su misma misión, nos dé fuerza para ser sus misioneros que cumplen su misión, siendo portadores y transmisores de su mensaje de salvación a todos los hom­bres de todos los tiempos y lugares.

 

+ Gerardo Melgar Viciosa

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.