Carta pastoral del Cardenal Ricardo Blázquez: Día “Pro Orantibus”

El día 30 de mayo, solemnidad de la Santísima Trinidad, es la Jornada “pro orantibus”, es decir, recordamos particularmente a quienes en la Iglesia han recibido una vocación especial a la oración, a invocar al Señor día y noche por la Iglesia y la humanidad. Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, la Santísima Trinidad, está en el origen y en la consumación de la historia de la salvación; es abismo de luz y centro de la fe y de la adoración. Existe una coherencia entre esta fiesta y la vocación a la vida contemplativa.

En la Iglesia hay muchas vocaciones, muchos carismas y muchas maneras de vivir la misma vocación bautismal y de colaborar en la vida de la Iglesia y en su misión. Hay vocaciones al matrimonio cristiano, a la vida consagrada, al ministerio pastoral; unos son cristianos como educadores, como trabajadores en Cáritas, como misioneros, como cuidadores de los enfermos y ancianos; otros se dedican a los servicios sociales y también a las tareas políticas… y existe una llamada a la oración en la soledad y el silencio. A estos hermanos y hermanas en la fe recordamos en esta Jornada “pro orantibus”.

Así describe la Exhortación Apostólica, que recoge las orientaciones del Sínodo de los Obispos, celebrado en octubre de 1994, la vida contemplativa: “Con su vida y su misión, sus miembros imitan a Cristo orando en el monte, testimonian el señorío de Dios sobre la historia y anticipan la gloria futura. En la soledad y el silencio, mediante la escucha de la Palabra de Dios, la celebración del culto divino, la ascesis personal, la oración, la mortificación y la comunión en el amor fraterno, orientan toda su vida y actividad a la contemplación de Dios. Ofrecen así a la comunidad eclesial un singular testimonio del amor de la Iglesia por su Señor y contribuyen, con su misteriosa fecundidad apostólica, al crecimiento del pueblo de Dios” (Vita consecrata 7).

Esta Jornada “pro orantibus” nos invita a recordar y tener en cuenta a nuestros hermanos contemplativos, a agradecer su vida y misión en la Iglesia, a bendecir al Señor porque continúa suscitando, también en nuestro tiempo, hombres y mujeres que reciben y viven esta preciosa vocación. Todos los carismas son regalos del Espíritu a la Iglesia por los que debemos estar agradecidos. Cada uno hemos recibido una llamada particular dentro de la común vocación cristiana; no podemos vivir todas simultáneamente, pero sí debemos reconocer y dar gracias a Dios por todas. La Iglesia es un “cuerpo” con diversos miembros, diversas tareas, diversas vocaciones, diferentes aportaciones a su vitalidad. Nadie tiene derecho a excluir a nadie.

Los cristianos contemplativos ponen de relieve la dimensión orante de la Iglesia. Vivir en la soledad y la ocultación no significa distanciarse de los demás ni desentenderse de sus problemas y esperanzas. Aunque están escondidos (cf. Mt. 6, 5-6), no debemos olvidarlos; aunque no los veamos, no están ausentes. Esta Jornada “pro orantibus” es una ocasión propicia para comprender y apreciar su vocación, para tenerlos presentes, para agradecer su peculiar participación en la misión de la Iglesia, que tiene que ver con el sentido de Dios en la vida de los hombres. “Solo Dios basta” (Teresa de Jesús), “solo Dios” (Hno. Rafael Arnáiz), es como un aldabonazo a nuestras puertas con que los contemplativos despiertan nuestra insensibilidad. Dios y la Vida eterna son los dos ejes que enmarcan y dan sentido definitivo a la vida humana.

Los contemplativos nos recuerdan a todos cómo tantas cosas sobran y solo una es necesaria. Al Dios único responden los contemplativos con todo su corazón; sin condiciones ni reservas, personalmente y en comunidad (cf. Mc. 12, 29-31). La simplificación de la vida por la renuncia a los ídolos libera el corazón para el amor.

El día 15 del pasado mes de abril el Papa Francisco en un videomensaje a los participantes en el Congreso Internacional Teresiano celebrado en Ávila con ocasión del 50 aniversario de la declaración como Doctora de la Iglesia, dijo: “La oración hizo de Santa Teresa una mujer excepcional. A través de la oración se abrió a la esperanza”. Vivimos también nosotros “tiempos recios”, como ella escribió de los suyos. En estos tiempos se necesitan “amigos fuertes de Dios”. “La tentación es ceder a la desilusión”. Estas palabras nos animan en medio de nuestras pruebas. Ahora me dirijo sobre todo a los contemplativos: aunque escaseen las vocaciones, aunque envejezcan las comunidades, aunque algunas casas se cierren… no dudéis del valor cristiano, apostólico y eclesial de vuestra forma de vivir como discípulos de Jesús y como personas. Dad gracias a Dios por vuestra vocación, también hoy. Una comunidad contemplativa nos invita a levantar la mirada y distinguir en la existencia concreta personal entre lo que es verdadero y lo que es ficticio, entre lo permanente y lo transitorio, entre lo temporal y lo eterno, entre lo que colma el corazón y lo que entretiene superficialmente.

En el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia, “no todos los miembros desempeñan la misma función” (cf. Rom. 12, 4), aunque toda vocación específica radica en la misma vocación cristiana y la exprese de manera auténtica y al mismo tiempo diferente. Santa Teresa del Niño Jesús quiso tener todas las vocaciones de la Iglesia, pero descubrió que vivir todas las vocaciones era imposible y se llenó de paz cuando descubrió que en el corazón de la Iglesia ella sería el amor, y así podría vivir todas las vocaciones, que la Iglesia es la tierra fecunda de donde brotan las vocaciones y es también el hogar donde deben convivir, sin celos de unas por otras, sin olvidos de unas por otras, sin pretensiones de dominio de unas por otras, sin apegarse a menudencias que dividen, sin mezquindad de espíritu para no agradecer a Dios todas las vocaciones.

El Papa terminó su intervención el día 15 con los versos de Santa Teresa: “Nada te turbe, / nada de espante; / todo se pasa, Dios no se muda. / La paciencia todo lo alcanza. / Quien a Dios tiene / nada le falta. / Solo Dios basta”.

Pronto será canonizado Carlos de Foucauld, que en la oración, la sencillez, el silencio y la acogida fraterna fue testigo luminoso del Evangelio en Argelia.

Queridos hermanos de vida contemplativa: ¡Muchas gracias por la respuesta a vuestra vocación, por vuestra forma de vida y misión! Como María en la Visitación, que celebramos el día 31, cantad: “Proclama mi alma la grandeza del Señor”. Queridos hermanos todos, “recordemos a los “orantes”, pidamos por ellos, agradezcamos su excelente servicio!

+ Cardenal Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)