Carta pastoral de Mons. Salvador Giménez: Las fiestas cristianas

Queridos diocesanos:

Numerosos estudios e informes dicen que la actual pandemia ha cambiado muchos nuestras costumbres, nuestros trabajos y nuestras diversiones. Desde el apretón de manos para saludar hasta las comidas en familia o en restaurantes. Parece que esto nos está obligando a repensar la propia vida (comportamientos individuales, relaciones sociales, preguntas sobre el sentido de la existencia…) y a priorizar aquellos aspectos que son fundamentales para la personal concreta y también que tengan como finalidad beneficiar a los demás y a la sociedad en general.

Ha cambiado también nuestra forma externa de vivir un importante acontecimiento cristiano como es la celebración de un sacramento. Todos recordamos la fiesta que se organizaba en el seno de nuestra familia, en la comunidad parroquial o en el colegio cuando recibíamos la Primera Comunión o la Confirmación. Durante estos dos últimos años esto no ha sido así. Nos ha desconcertado la cantidad de contagios a nuestro alrededor y el miedo a que las aglomeraciones de personas, pequeñas o grandes, pudiesen provocar un aumento de la enfermedad. Esperamos que no se alargue en demasía esta situación y podamos volver a celebrar con alegría los momentos más importantes de la vida cristiana. Eso sí, con el aprendizaje de saber qué aspectos son esenciales y qué otros son secundarios y, por tanto, prescindibles.

Independientemente de las circunstancias externas el ser humano trata de cuidar y de responder a lo esencial de su vida, su salud, su trabajo, las cuestiones de sentido y todo aquello que completa e identifica su personalidad. Por supuesto que los elementos exteriores condicionan el mundo interior de cada persona. Se producen desde los dos extremos: un conflicto bélico, una muerte cercana, una enfermedad grave por el lado negativo o una oposición ganada, una fiesta popular o el nacimiento de un nuevo miembro familiar desde el lado positivo. No da lo mismo afrontar un acontecimiento personal desde la euforia o desde el abatimiento. Quiero recordar que la dimensión cristiana debe ser atendida en ambos sentidos porque da consuelo o justa dicha.

Todos sabéis que las fiestas cristianas van unidas en muchos casos a los sacramentos cuyas celebraciones muestran la alegría y la gratitud por comprobar la acción eficaz de Dios y eso es motivo de reuniones, de comidas, de cantos que se comparten con los seres queridos. La familia ha acompañado en el camino de la formación o catequesis a los que reciben el sacramento, comparte su decisión y fomenta su compromiso para cumplir con las exigencias de la fe y les anima a continuar en su crecimiento religioso. Todos deseamos que esto suponga un feliz encuentro con Jesucristo y que lo escuchado a través de sus monitores y catequistas lo puedan poner en práctica siguiendo las orientaciones y normas de la Iglesia. Quienes reciben un sacramento siempre recordarán el núcleo de la experiencia cristiana con la conjugación de estos verbos: aprender, celebrar, rezar, vivir coherentemente, integrarse en una comunidad y anunciar a los demás la propia fe. Estos son los aspectos esenciales a los que no podemos renunciar.

Hay otros aspectos que ayudan y complementan pero pueden ser prescindibles: el traje y los complementos más o menos costosos, la reserva de un buen restaurante, los regalos o la expresión incontrolada del bullicio externo; incluso la pretensión de sumar multitud a la celebración. Desde luego no puede ser argumento la forma o el coste económico de determinado acontecimiento.

Agradezco a los que participan de estas fiestas cristianas y animo a evitar su pérdida en el   horizonte vital, tanto personal como familiar y social.

Con mi bendición y afecto

 

+Salvador Giménez,

Obispo de Lleida

Mons. Salvador Giménez Valls
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Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.