Avanza la restauración de la Colegiata de la Abadía del Sacromonte

Entrevista a Lourdes Blanca, del Departamento de Restauración de la Archidiócesis de Granada, sobre el trabajo de recuperación que están llevando a cabo este retablo, que alberga las reliquias de los santos mártires aparecidos a finales del siglo XVI en las Santas Cuevas.

La Abadía del Sacromonte afronta su recuperación como centro de vida cristiana recuperando su origen cuando fue construida en 1610. Dentro de ese proceso de recuperación, se incluye la restauración de importantes obras artísticas escultóricas y pictóricas, como es la restauración del retablo mayor de la Colegiata de la Abadía del Sacromonte, que data del siglo XVIII. Las aportaciones económicas de la propia Fundación Abadía del Sacromonte, así como una serie de ayudas de la Junta de Andalucía y Caja Rural, permiten acometer este trabajo de restauración, del que nos habla Lourdes Blanca, una de las restauradoras, perteneciente al Departamento de Restauración de la Archidiócesis, en la entrevista que concedió al programa diocesano “El Espejo”, en COPE Granada y COPE Motril.

¿Qué habéis encontrado en vuestros trabajos de restauración de este retablo?

La importancia principal de este retablo es un retablo relicario que alberga las reliquias de los santos mártires que aparecieron a finales del siglo XVI, en las Santas Cuevas. Las reliquias pertenecen a los discípulos de Santiago más conocidos. En la ciudad de Granada, es más conocido San Cecilio y también tenemos a San Hisicio, San Tesifon, San Maximino, San Septentrio, San Mesitón, San Lupario, San Patricio y San Dionisio. Se sabían que estaban las reliquias, pero el retablo que tenemos ahora mismo, que es del siglo XVIII, es posterior a uno que hubo anterior. Cuando salieron las reliquias se creó para la iglesia un retablo con el mismo concepto, que albergara las reliquias que aparecieron en las Santas Cuevas. Este antiguo retablo data de 1610 y fue sustituido por el que actualmente conservamos debido a su alto grado de deterioro. Este concepto de por qué se cambió aparece registrado en las Actas Capitulares.

La gran importancia del descubrimiento que hemos hecho –también con los estudios previos que se han estado haciendo; principalmente, tenemos un historiador, José María Valverde, que ha hecho un estudio muy en profundidad del retablo-, gracias también a la conservación de estas Actas Capitulares que aquí se conservan en la Abadía, tenemos conocimiento de cómo era una descripción exacta del anterior retablo y del proyecto de este retablo que tenemos actualmente. En ese anterior retablo ya describe que existía un arca de piedra incrustaba en el muro que alberga los huesos de los doce santos mártires, y dice que estaban en el interior. Y que delante tenía una leyenda donde explicaba su ubicación. Este arca no sabíamos realmente si se conservaba o si se quitó en el momento del cambio del retablo y nosotros, desmontando piezas del retablo, hemos descubierto que ese arca está incrustada en el muro.

¿Cómo ha sido el trabajo que habéis llevado a cabo?

Seguimos en proceso. Hemos empezado hace poco. Porque, para llevar a cabo un trabajo determinado, hay que tener una serie de licencias y de permisos. Y no hemos podido empezar hasta principios de abril. Lo primero que se hace siempre cuando se interviene una obra es hacer un estudio previo, de limpieza. Es un poco concretar todas las patologías que el retablo presentaba, ya de cerca, de una visión cercana. En un principio, se pensaba que el retablo no estaba muy tocado y ahora sí sabemos que ha sido intervenido al menos en dos ocasiones, lo que quiere decir que el retablo está repintado en dos ocasiones.

Alguna novedad más…

Otra cosa curiosa que ha salido detrás también del retablo es que aparece una de las pinturas del anterior retablo, detrás. En la descripción que se hace del retablo antiguo se hablaba de pinturas, pero hemos comprobado que se trataba de una pintura mural. Por eso se mantiene ahí. Está en muy mal estado. Pero ha sido también una forma de comprobar que la descripción que se hace en 1610 coincide con lo que se decía.

¿Cómo afrontáis el trabajo de entornos y piezas de siglos… no os impone?

Estamos acostumbradas, pero es cierto que siempre tienes una presión de tiempos que tienes que cumplir y que, evidentemente, es un trabajo muy minucioso. Lo primero que se hace, como hemos dicho, son los estudios previos. De los estudios previos nosotros cogemos unos análisis para determinar la técnica escultórica –es decir, la técnica con más exactitud de la composición de los pigmentos-, para así determinar bien el tipo de disolventes o métodos de limpieza sin que con ello ocasionemos daños. Entonces, lo primero que se hace siempre es un estudio a fondo de todo el retablo en su conjunto.

¿Qué podemos conocer del retablo?

Ya hemos empezado con los levantamientos de los repintes. La importancia también es que es muy importante conocer esa técnica de estas esculturas porque no se conocía hasta hace poco, evidentemente ha sido gracias también a este historiador que la autoría de las esculturas es de Domingo Cabrera, que es un escultor muy desconocido en Granada (no se le conoce ninguna obra en Granada nada más que esta). Es también muy relevante porque es también un escultor bastante bueno. La calidad de las esculturas es de primera fila y hasta ahora no se le atribuía realmente a un escultor principal. Normalmente en un retablo siempre lo que es la escultura del retablo lo hacía un profesional y la escultura la hacía un escultor. Lo que es la estructura del retablo siempre se le ha atribuido a Blas Moreno. De momento, no se descarta esa posibilidad, pero no se han encontrado escritos que lo confirmen. Pero sí gracias a las Actas Capitulares se ha encontrado que las esculturas sí fueron encargadas al escultor Domingo Cabrera. Entonces, este tipo de estudios y análisis que hacemos previos ayudan muy bien a determinar la técnica que utilizaba el escultor y que es propia del siglo XVIII. Entonces, sobre todo hay que conocer muy bien la técnica del escultor antes de intervenir una obra: qué partes son suyas y qué partes no lo son. Esa es la principal inquietud cuando tienes que afrontar de primeras la intervención.

¿Cuándo es el plazo previsto de finalización?

Tenemos unos plazos establecidos, porque, al tener unas subvenciones, tenemos unos plazos que cumplir. Está proyectado para seis meses, pero tenemos que hacer una prórroga de un poquito más de tiempo, debido a estas apariciones de repintes que hemos encontrado que no contemplábamos con anterioridad. No obstante, nosotros consideramos que para noviembre debería estar terminado.

(Paqui Pallarés, Archidiócesis de Granada)

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