Carta pastoral de Mons. Jesús Fernández: La Pascua, tiempo propicio para celebrar la fe

Queridos diocesanos:

Estamos atravesando un tiempo especialmente indicado para la celebración de los sacramentos, y de forma especial, los de la iniciación cristiana. Ciertamente, todos reciben su eficacia de la resurrección del Señor pero la liturgia de este tiempo lo deja más patente en el caso del Bautismo, la Eucaristía y la Confirmación.

En los tiempos que transitamos es ineludible aludir a la pandemia del Covid-19 y a los destrozos que ha causado, también en el ámbito celebrativo y devocional. Hemos de recordar, sin embargo, que estamos en un tiempo propicio para renovar nuestra fe, para volver a lo esencial, para recuperar las raíces espirituales de toda manifestación religiosa. Así se lo dije a los responsables de distintas cofradías penitenciales que, a partir de esta consigna, organizaron una Semana Santa en los templos y en los cabildos rica en creatividad, devoción y participación del pueblo de Dios. Se demostró así que la verdadera celebración, sin menospreciar la dimensión estética, resulta auténtica y significativa cuando recobra su sentido religioso más profundo. Una vez más, gracias a todos los que han contribuido a ello.

Hablaba líneas arriba de los destrozos celebrativos causados por la pandemia. Dejo al margen la celebración de la Eucaristía dominical y me centro, en primer lugar, en la del matrimonio. Seguramente, en su disminución tiene mucho que ver el descenso del número de jóvenes y de la práctica religiosa en esa edad. De los sacramentos de la iniciación cristiana, sorprende la disminución del número de bautismos. En el caso de las primeras comuniones, el confinamiento hizo que se aplazaran, sin que muchas de ellas se hayan recuperado. También por lo que respecta a las confirmaciones hubo un aplazamiento aunque, en lento goteo, se van recuperando.

Como en el caso de los matrimonios, también en el de los receptores de los sacramentos de la iniciación cristiana hemos de aludir a la reducción del número de candidatos. Además, me aventuro a afirmar que estamos ante una demostración clara del preponderante peso humano y social de estas celebraciones, particularmente de las bodas y de las primeras comuniones, en detrimento del sentido específicamente religioso. En muchos casos, la dificultad para organizar la fiesta profana, incluido el banquete en el restaurante, ha llevado a postergar “sine die” la celebración.

Para concluir, quisiera advertir del riesgo de querer compensar esta disminución facilitando el acceso a los sacramentos sin una preparación adecuada. La Iglesia ha entendido siempre que, para recibir cualquier sacramento, se necesita un nivel elemental de fe y adhesión a Jesucristo y a su Iglesia, lo que requiere normalmente entrar en un proceso largo que lleva a la conversión a Jesucristo y a la vida cristiana. Muchas familias han puesto el miedo al contagio como razón para frenar la presencia de sus hijos en la catequesis, mientras que no lo ponían para su asistencia al colegio y, ni siquiera para sus fiestas particulares.

Queridas familias: favoreced la iniciación cristiana de vuestros hijos y celebrad con ellos el don de la fe. Cristo es una fuente inagotable de alegría, más allá de otros detalles que, al fin y al cabo, son accesorios.

Que Dios os bendiga.

 

+ Jesús Fernández,

Obispo de Astorga