Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés: Resurrección de la libertad: ser madre

Leo la prensa sin dejar de respirar el aire de Pascua. Y sé que en la Pascua resucita la libertad. El hombre nuevo, que resucita en Cristo es, ante todo libre, dirá San Pablo (cf. 2Co 3,17). Al mismo tiempo recuerdo el aprecio que, al menos de palabra, tenemos a las madres, hasta el punto de dedicarles un día, con la consiguiente felicitación, regalo, etc.

Ambos sentimientos se juntan en una sorprendente contradicción al leer la prensa. Un artículo comenta la noticia de un estudio de la Universidad Complutense de Madrid, titulado “Apurar la libertad, causa de la baja fecundidad”. El resultado de este estudio sociológico es aplastante. En 2019 los nacidos por mujer en edad fértil en España son 1’17 y la edad media de las madres que tienen un primer hijo es de 32’2 años. La alta valoración de la libertad, concluye el estudio, como autonomía personal, como posibilidad de libertad de movimiento, hace posponer la maternidad – paternidad. Esta es vista como una sujeción y un condicionante total para ser autónomos. Es decir, maternidad – paternidad contra libertad.

Recuerdo el impresionante estudio del profesor Alejandro Macarrón Larumbe “El suicidio demográfico de España” (2011). Por esta vía caminamos hacia una especie de suicidio colectivo.

En absoluto pensamos que la mujer es la única responsable de esta situación. Reconocemos que existen causas que contribuyen a ello, como obstáculos económicos y sociales; así, la conocida dificultad de conciliar trabajo profesional y maternidad. Pero quizá la causa principal sea un modo de entender la libertad que conduce a la soledad, la degradación e incluso a la esclavitud. En el mismo periódico, dos páginas más adelante, se puede leer otro artículo que expone el problema de la legislación sobre la prostitución: frente a un proyecto de ley que busca la abolición, por el vínculo necesario de hecho entre prostitución y abuso o explotación, se presenta otro proyecto que permite la prostitución libremente asumida, aludiendo el derecho de la “libertad sexual” de la mujer. Sorprendente argumento del derecho a la libertad individual para dejarse explotar y utilizar como un objeto, a cambio de dinero. Nos sorprende, porque creemos que el cuerpo no es un objeto, sino que “es persona” y la persona es también su cuerpo.

Naturalmente la prostitución y el aplazamiento o negación de la fertilidad son problemas en sí distintos. No entramos en ellos. Pero hay un punto en el que confluyen: la forma de entender la libertad.

La libertad, el hombre o la mujer libre, que resucitan en Pascua son seres humanos que, ante todo, aman. Y el amor, ciertamente, vincula, pero ese mismo vínculo libera, porque nos hace ser más. Los enamorados se ven atraídos y unidos, pero cuando se vinculan por amor, sienten que son más felices. Solo si uno de los dos introduce la queja de que “ya no se siente libre” la unión entra en crisis.

Para un cristiano es una falacia la contraposición entre libertad y maternidad. Ser madre (padre) forma parte de aquel principio que formuló Jesús: “nadie tiene amor más grande que el que da su vida por los que ama” (Jn 15,13). Nadie es más libre que quien da su vida por amor.

 

Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.