Carta pastoral de Mons. Vicente Ribas: ¡Que brille la verdad!

Vicente Ribas Prats, elegido administrador diocesano. (Diócesis de Ibiza)

El próximo día 16 de mayo se celebrará la LV Jornada Mundial de las Comunicaciones.

Los medios de comunicación social han tenido siempre una gran importancia en la vida de los pueblos y de los ciudadanos. Pero ha sido con el despegue de internet y todas sus posibilidades cuando los medios han entrado en lo más íntimo de nuestros hogares y han llegado a lo más profundo de nuestras personas. A ello se ha unido la situación provocada por la pandemia: más
tiempo para dedicarlo a internet, un mayor deseo de estar informados, la necesidad de realizar todo tipo de tramites a través de la red y la búsqueda de soluciones a problemas acuciantes derivados de esta situación para la economía, la salud, la movilidad, las compras…

Por ello, en esta Jornada tenemos un motivo de gratitud de contar con herramientas tan poderosas que hacen más informada nuestra vida y nos permiten acceder a la solución de algunos problemas que se nos plantean en lo cotidiano.

Sin embargo, en el campo de las comunicaciones ocurre como todo en la vida, que junto al trigo aparece la cizaña. Los medios son todo un mundo de posibilidades para hacer que la verdad, la justicia y el bien se vayan abriendo camino. Pero también son un instrumento para la mentira, la difamación, la tergiversación, el fraude, el engaño y la corrupción de las personas.

En otra ocasión ya me referí a Henry Frankfurt, el gran pensador estadounidense. Hoy, al volver a citarlo, quisiera animaros a que leyeseis su pequeño tratado “On bullshit: sobre la manipulación de la verdad”. Ni una sola de sus palabras tienen desperdicio para entender lo que hacen los medios de comunicación y nuestras reacciones. La palabra inglesa “bullshist” dicen los expertos que no es fácil de traducir, pues se sitúa entre los siguientes conceptos: charlatanería, palabrería, tonterías y
sandeces. Lo cual implica un desprecio absoluto a la verdad. Y junto a este desprecio, un defecto peor que el de mentir o el de no preocuparse de la verdad, es el de concentrar los esfuerzos en expresar lo más fielmente posible la propia opinión (que ahora pasa a llamarse “mi verdad”) que, despojada de toda referencia a los hechos, refleja una posición exclusivamente subjetiva o de
degeneración de la sinceridad.

El papa Francisco en una entrevista que concedió al periodista Jordi Évole y que se pudo ver en un canal televisivo, decía que los periodistas (en general se refería a los medios de comunicación) corren el peligro de caer en cuatro actitudes o posiciones negativas (por no llamarlas pecados para no usar el lenguaje teológico, dice el papa) y de las que tienen que defenderse. Estas cuatro actitudes son: la primera, la desinformación o contar la noticia según el interés ideológico de manera parcial y sesgada; la segunda, la calumnia o decir algo de alguien sin contrastar la veracidad de lo que se dice; la tercera, la difamación o revolver en la vida de las personas para encontrar sus debilidades; y la última, la coprofilia. En esto, el papa asume, como él dice, un riesgo. Es consciente que está diciendo algo real pero muy duro. La coprofilia, es decir, la atracción por la basura, por el
morbo, por los escándalos (coprofilia literalmente significa atracción (“amor”) por la mierda). Vivir por y para toda clase escándalos.

El periodista Jordi Évole reconoce que el papa ha hecho un análisis de la televisión actual (y en general de los medios) “bastante importante”. El papa le sigue diciendo a Évole que aquel comunicador (y medio) que evite estos cuatro defectos “es un comunicador importante” es “un flor de comunicador”.

Este el mensaje que debe calar en nuestra conciencia social y personal: los medios de comunicación deberían ser como la mejor flor de un hermoso jardín, pues ellos contribuyen a que resplandezca la verdad, aunque a veces duela. Una verdad que nos debe llegar con justicia y amor.

+ Vicente Ribas Prats
Administrador diocesano de Ibiza y Formentera
Párroco de Santa Eulalia y San Mateo