Carta pastoral de Mons. Salvador Giménez: Sobre la religiosidad popular

Queridos diocesanos:

El mes de mayo se reserva tradicionalmente para fomentar la devoción del pueblo cristiano a la Virgen María. Se identifica el mes de mayo con el mes de María. Algunos recordáis vuestra participación escolar en los actos marianos. A otros os sorprende que se siga insistiendo en esta veneración a la Madre de Dios en parroquias y colegios en un momento como el actual que ha prescindido en la práctica de la referencia al ámbito religioso.

A pesar de la pérdida de influencia de la Iglesia en el entramado social y el llamativo descenso de la práctica cristiana entre los bautizados, continúa viva en nuestro pueblo el recuerdo del pasado o la actividad actual de muchas agrupaciones de cristianos; también se da que algún individuo en contacto con determinado elemento religioso o su participación en una romería le ha ayudado a acercarse a Dios. Es la aparente contradicción actual de un olvido de Dios y un aumento del número de personas inscritas en movimientos de devoción popular cristiana.

En años anteriores veíamos a multitudes participar en los actos externos de la Semana Santa. Muchas personas se emocionan al ver el rostro de la imagen de Jesús, la Virgen o de algún santo recorrer las calles de nuestras poblaciones. Incluso lloran y alguna petición se les escapa desde lo más profundo de su corazón como muestra de su extrema confianza en Dios.

Este año, como el anterior, no ha habido manifestaciones religiosas en la calle durante la Semana Santa. Pero los responsables se han sorprendido de la gran cantidad de gente que ha desfilado para contemplar y rezar ante los pasos que se han mostrado en lugares cerrados como el oratorio de La Sang, el centro de Sant Andreu o el oratorio de la Virgen de los dolores. Se apreciaba mucha devoción en los rostros de los asistentes. Algunos recibían ciertas explicaciones sobre las imágenes, como una catequesis y lo agradecían. Otros trataban de explicar los pasos a hijos y nietos.

Mi valoración sobre todo ello es positiva y digna de agradecimiento. Todos los cristianos, empezando por los pastores, debemos ayudar a conciliar devoción popular con la comprensión del misterio de Cristo y sus consecuencias para la vida ordinaria. Algunos puristas minusvaloran esta actitud popular ante lo religioso y pretenden acentuar la dimensión más intelectualizada de nuestra fe. Creo que ambas posturas no se contraponen y debemos buscar elementos que las complementen. Naturalmente necesitamos todos de una adecuada formación bíblica, teológica o moral para ampliar y comprender mejor los conocimientos razonables de nuestra fe. La experiencia cristiana no puede reducirse a emociones o a la mera participación en actos puntuales una vez al año. La reflexión, el razonamiento, la búsqueda de los motivos para dar razón de la fe que profesamos es propio de las personas creyentes que fundamentan su existencia en el encuentro con Cristo.

Todo ello nos lleva a valorar lo que hemos recibido de nuestros mayores en forma de actividades devocionales, caritativas o formativas. Para discernir sus potencialidades, actualizar su presentación y hacer significativa la participación para el hombre de hoy. No cabe la menor duda para un cristiano el inmenso valor que posee la devoción y el culto a la Virgen María. Tratad de no separar vuestra vida de la suya y pedid por todos aquellos que más sufren en estos momentos a causa de la pandemia. Colaborad en instituciones y organizaciones que promuevan todas las dimensiones del ser humano, la trascendente teniendo en cuenta el fundamento religioso y la dimensión terrena de ayuda permanente al prójimo.

Con mi bendición y afecto

 

+Salvador Giménez,

Obispo de Lleida

Mons. Salvador Giménez Valls
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Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.