Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: Promover la conversión

Es muy común en las conversaciones, en los círculos diversos, en los coloquios, en los medios de comunicación, en las relaciones personales… azuzar y condenar a los demás. Se ha creado ideológicamente una “cultura de la condena”, es decir “yo soy bueno, el otro es malo”. Parece como si no existiera una auténtica libertad sin recurrir a la condena del otro. Se pierde el sentido de quien necesita de conversión. Por eso hemos de aplicarnos sin ambages y sin rubor para afirmar que todos, sin exclusión, necesitamos convertirnos. Bien lo dice el evangelio: “Yo soy la luz que ha venido al mundo para que todo el que cree en mí no permanezca en tinieblas. Y si alguien escucha mis palabras y no las guarda, yo no le juzgo, porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. Quien me desprecia y no recibe mis palabras tiene quien le juzgue: la palabra que he hablado, ésa le juzgará en el último día” (Jn 12, 46-48) ¡Más claro no se puede decir! De ahí que es importante mentalizarnos que lo que le agrada a Dios es vivir con actitud de conversión.

La conversión exige el abandono de malos comportamientos pasados, que Pablo expresa de muchas formas: “Porque mientras haya entre vosotros envidias y discordias, ¿no continuáis siendo carnales y comportándoos a lo humano?” (1Co 3, 3). Y sigue diciendo: “Porque, aunque vivimos en la carne, no militamos según la carne; porque las armas de nuestro combate no son carnales, sino que Dios la hace poderosas para derribar fortalezas…” (2Co 10, 3). En este sentido se irá mostrando lo que significa la conversión: “Por lo tanto, digo y testifico esto en el Señor: que ya no viváis como viven los gentiles, en sus vanos pensamientos, con el entendimiento oscurecido, ajenos a la vida de Dios, a causa de la ignorancia en que están por la ceguera de sus corazones” (Ef 4, 17). El despiste de lo esencial acarrea desorientación: “Pues oímos que hay algunos que andan ociosos entre vosotros sin hacer nada pero curioseándolo todo” (1Ts 3, 11). La conversión consiste en aceptar a Cristo como nuestro Maestro y Guía. Es disponer nuestros actos y nuestra vida transformándonos en personas libres para amar sin condiciones.

La conversión auténtica no nace del voluntarismo o a base de puños que golpean con furia; se consigue sabiendo reconocer humildemente que la fuerza viene de Dios y de la cercanía a su gracia. Y para adquirir esta gracia nada hace tanto como la oración y la cercanía a la voluntad de Dios que se hace presente en su Palabra. Muchas veces hemos constatado en nuestra vida que se han superado momentos duros y difíciles gracias a la escucha de la Voz de Dios que es su Palabra Viva. Pero hay momentos de profunda conversión cuando nos acercamos a los sacramentos tanto de la Confesión como de la Eucaristía.

Una vez me encontré con una persona que –en su vida anterior- se había sentido tan mal que deseó suicidarse. Pero un día ni corta ni perezosa se acercó a una Iglesia donde estaban celebrando el sacramento de la Eucaristía. En la homilía el sacerdote habló de la conversión de San Agustín. Y lo explicó con tanta claridad que esta persona comenzó ir a Misa y cada día descubría algo nuevo para su vida. Oyó de nuevo la Palabra de Dios: “Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielos”. Se fue a confesar y comunicando todos sus pecados como “lo haría un niño” sintió tanto gozo que comenzó a llorar. El sacerdote le preguntó por qué lloraba y ella respondió porque “hoy he encontrado el sentido a mi vida y es que Dios me ama tanto que me perdona”. Nada hay tan grande como creer que Dios es un Padre que ama.

Las conversiones de los santos tienen como hilo conductor el haberse sentido amados por Dios. Promover la conversión es dejarse hacer amigos de Dios.

 

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

 

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).