Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: El rol de la imagen paternal

Hay una razón por la que deseo escribir esta carta a los fieles de nuestra Diócesis y es respecto a la importancia que tiene el rol de la figura del padre y de modo especial en este tiempo que estamos celebrando el Jubileo del Patriarca San José. Deseo mostrar la importancia que tiene en nuestra vida la paternidad y la maternidad, pero quiero explícitamente fijarme en la paternidad. Muchas veces se habla de la importancia del vínculo afectivo entre la madre y el niño, dejando de lado el rol del padre. Tanto el padre como la madre forman, con sus hijos, la familia. Es lo más bello que Dios ha creado: la familia. En ella hay diversos roles y uno es el de la madre, otro el del padre y otro el de los hijos.

En este año señalado para venerar de modo especial a San José esposo de María y padre de Jesús, viene bien que sepamos su labor de padre en la familia de Nazaret. Sabemos que al inicio San José fue tentado de abandonar a María, cuando descubrió que estaba embarazada; pero intervino el ángel del Señor que le reveló el designio de Dios y su misión de padre putativo; y San José, hombre justo y fiel, acogió a María (cf. Mt, 1, 24). Ocurre lo mismo cuando le puede venir la tentación a un padre de familia y al saber que se debe entregar del todo a su esposa e hijos. Ha vivido a sus anchas cuando era soltero y cuando tiene esta responsabilidad se le puede hacer una “carga pesada”. Este es el momento no para huir sino para estar más presente y doblegarse, por amor, a su esposa y descendencia. Por desgracia hay muchas rupturas matrimoniales a causa del sacrificio que supone estar en casa, con los suyos, para fomentar la educación, las labores familiares y la atención paciente a los hijos. Si esto no se aguanta entonces se huye.

En este proceso me voy fijar en algunos aspectos positivos o virtudes del padre. Primero: Sentir orgullo por sus hijos. El Papa Francisco afirma que cada familia necesita del padre: “Hoy nos centramos en el valor de su papel, y quisiera partir de algunas expresiones que se encuentran en el libro de los Proverbios, palabras que un padre dirige al propio hijo, y dice así: ‘Hijo mío, si se hace sabio tu corazón, también mi corazón se alegrará. Me alegraré de todo corazón si tus labios hablan con acierto’ (Pr 23, 15-16). No se podría expresar mejor el orgullo y la emoción de un padre que reconoce haber transmitido al hijo lo que importa de verdad en la vida, o sea, un corazón sabio” (Audiencia General, miércoles 4 de febrero 2015). Nada hace más feliz a un padre cuando ve que su hijo camina con sabiduría y con la actitud de hacer el bien a la familia y a los demás.

Otro aspecto que es muy importante es en segundo lugar: La presencia del padre en la familia. “Que sea cercano a la esposa, para compartir todo, alegrías y dolores, cansancios y esperanzas. Y que sea cercano a los hijos en su crecimiento: cuando juegan y cuando tienen ocupaciones, cuando son despreocupados y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando son taciturnos, cuando se lanzan y cuando tienen miedo, cuando dan un paso equivocado y cuando vuelven a encontrar el camino; padre presente, siempre. Decir presente no es lo mismo que decir controlador” (Audiencia General, miércoles 4 de febrero 2015). Muchas veces hay que tener paciencia y esperar. Tenemos el ejemplo de la parábola del hijo pródigo (cf. Lc 15, 11-32). San José estuvo siempre muy presente, tan presente, que no se hacía notar. Tal vez muchas de las parábolas que Jesús enseñaba eran, de modo más sencillo, narradas por San José durante el trabajo de carpintería que parece ser era el trabajo artesanal con el que se ganaba el sustento para él y para su familia.

Pero hay un aspecto muy importante en el padre como educador de sus hijos y es en tercer lugar: Corregir sin humillar. Y los vemos cuando Jesús faltó tres días sin saberlo sus padres, aunque ellos pensaban que iba en la caravana. “Al verlo se maravillaron, y le dijo su madre: -Hijo, ¿por qué nos has hecho esto? Mira que tu padre y yo, angustiados, te buscábamos. Y él les dijo: -¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que es necesario que yo esté en las cosas de mi Padre?” (Lc 2, 48-50). No le reprocharon con violencia, ni le castigaron con autoritarismo… sino que callaron en silencio y le siguieron manifestando su amor. Los hijos necesitan a un padre que le acoge y les espera cuando vuelven de sus chiquillerías. Un padre y una madre nunca se cansan de amar y esperar a sus hijos y cada día entre ellos se quieren mucho más. Se lo pedimos, en este año de gracia, a San José.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).