Carta pastoral de Mons. Enrique Benavent: La vida en el Espíritu: el don de sabiduría

El Espíritu Santo derrama la totalidad de sus dones en todos los bautizados y confirmados. No son para una minoría de elegidos, ni podemos pensar que haya cristianos que tengan unos y que carezcan de otros. Expresan las disposiciones fundamentales que el Espíritu Santo provoca en los creyentes y que se van manifestando en las decisiones que toman a lo largo de la vida, si se dejan guiar por Él y cuidan su vida cristiana en la escucha de la Palabra de Dios y en la oración. La Sabiduría y los otros dones que guardan relación con ella, como el de ciencia o de inteligencia, no deben confundirse con las cualidades naturales que tienen las personas que destacan en el mundo del conocimiento o de la ciencia. Si fuera así, deberíamos concluir que el Espíritu Santo no distribuye su gracia a todos.

En un momento determinado Jesús pronunció esta oración: “Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y se las has revelado a los pequeños” (Mt 11, 25). No desprecia a las personas que destacan por sus conocimientos, ni hay que ver estas palabras como un elogio de la ignorancia. San Agustín, comentándolas, hace notar que en ellas contrapone a los “sabios y entendidos” con los “pequeños”. La disposición básica y necesaria para que estos dones fructifiquen en el corazón de los creyentes es la humildad. La sabiduría, que es un don del Espíritu, la viven los humildes y sencillos de corazón.

I es que la sabiduría cristiana es la sabiduría de la Cruz. Hay una sabiduría y una inteligencia incompatible con el Evangelio. Es la del mundo, que se fundamenta sobre la eficiencia, el éxito, el dinero o el poder; es la actitud de aquellos que afrontan la vida pensando que son más que los otros por lo que saben, por lo que tienen o por lo que han conseguido. Esto los lleva a la soberbia y al orgullo. Aunque sean admirados y envidiados por el mundo, a los ojos de Dios son necios, porque no edifican su vida sobre la verdadera roca firme que es Cristo.

La sabiduría del Espíritu consiste en mirar y juzgar los acontecimientos desde la perspectiva de Dios. Espontáneamente las personas valoramos las cosas según nuestros intereses y deseos, o según las consecuencias inmediatas. Son los juicios de valor que brotan instintivamente. Sin embargo, el creyente debe intentar mirar las cosas a través de Dios, tal como las ve Jesús desde la cruz y desde su resurrección. Si vivimos en amistad con Dios, juzgamos la realidad con sus mismos ojos y, ante una contrariedad, no nos dejamos llevar por la reacción espontánea que frecuentemente nos lleva a perder la paz. La sabiduría del Espíritu nos permite ver con naturalidad si aquellas decisiones que tomamos en la vida son según la voluntad de Dios o no; si las motivaciones son o no conformes con el Evangelio; o si los proyectos y objetivos que nos proponemos responden al plan de Dios: que su Reino se haga presente en nuestro mundo.

En las visitas pastorales he conocido a personas sencillas, muchas de ellas ancianas y enfermas, que me han evangelizado. En su capacidad de valorar las cosas desde la fe he visto el don de la sabiduría.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.