Carta pastoral de Mons. Manuel Herrero: Día de las Vocaciones

Hoy hay día para todo y para todos. Cada día, cuando enciendo la radio al amanecer para escuchar las noticias, nos informan de qué día es hoy, no sólo si es lunes, o martes, o 24 o 25, de abril, sino si es día del medio ambiente, de la aspirina, de defensa del búho, o de la paella, o de la mujer trabadora o agricultora, el día del tomate o la cebolla, el día del padre o de la madre. La ONU ha hecho un calendario donde ya no se recuerdan a la Virgen María o a san José y a los santos sino a las cosas, las causa que se quieren promover y en las que nos quieren mentalizar.

La Iglesia tiene también sus días y sus tiempos: Adviento, Navidad y Epifanía, Cuaresma, Pascua, Pentecostés, Navidad, la Inmaculada, la Asunción, la fiesta de los santos, San Isidro, San Antolín, etc., y otros días como el día de Cáritas, del Amor Fraterno, del Emigrante, de los Pobres, de la Iglesia Diocesana, etc.

Uno de esos días es la Jornada de las Vocaciones, que siempre coincide con el cuarto Domingo de Pascua, llamado del Buen Pastor, porque se nos presenta a Jesucristo, el crucificado y resucitado como el Buen y Bello Pastor, el que conoce, llama, ama, guía a sus ovejas y da la vida por ellas. En este día la Iglesia celebra la Jornada de Oración por las Vocaciones, no por las vacaciones.

“Vocar”, en latín, es “llamar”. Vocaciones es el día de orar por las llamadas. Que siga llamando a los hombre y mujeres. ¿A qué? La primera llamada es la vida; por medio de nuestros padres nos ha llamado a la existencia. Es la primera y fundamental llamada, fruto de su amor. Los dos primeros capítulos del Génesis nos lo narran en un género literario particular y según la cultura de la época en la que fueron escritos, en los siglos IV y V antes de Cristo.

Pero no es simplemente una llamada a la existencia como seres humanos, sino también como varones o mujeres. A cada uno nos llama de una manera personal; una llamada que tenemos que ir oyendo y descubriendo a medida que crecemos, nos desarrollamos por medio de las voces internas o externas. A unos les llama a ser casados o solteros, madres o padres de familia, maestros o maestras, educadores y educadoras… para eso nos ha dado unos dones, unas actitudes y capacidades, unos gustos y sensibilidades, como ser ingenieros, agricultores y ganaderos, médicos, enfermeros, transportistas, educadores, bomberos, políticos o sindicalistas, periodistas, etc.

También a todos nos llama a la fe en Cristo; a creer, fiarnos de Él, conocerle, amarle y seguirle en la Iglesia, la comunidad de los creyentes en Cristo donde compartimos la fe, la celebración, la vida y la misión como discípulos y misioneros. Dentro de esta comunidad o familia de los hijos de Dios el Señor llama a algunos, porque quiere, no por sean o seamos mejores que los demás sino por pura gracia, por puro amor y buscando el bien de todos los hombres, a ser religiosos o religiosas, a ser catequistas o celebradores y celebradoras de la Palabra como hemos visto hace quince días en el magnífico reportaje acerca de las celebradoras de la Unidad Pastoral de Aguilar de Campoo; a otros llama a ser ministros de los enfermos en el hospital, en la atención a los enfermos en casa, a ser educadores cristianos en el colegio, escuela o universidad, etc. También a desempeñar una representación del mismo Señor en la comunidad cristiana, como a San José: Unos representarle, hacerle presente como testigos de las Bienaventuranzas y de los valores del Reino definitivo, los religiosos y religiosas, otros a representarle en su dimensión orante, como los monjes y monjas, otros como personas que lavan los pies como Jesús lo hizo en el Jueves Santo, representándole como servidor de los más humildes, descartados y abandonados sirviendo como Él, desde la humildad y el amor, el único servicio que no humilla, cuando se hace con amor y desde el amor. A otros los llama a ser altavoces, predicadores y mensajeros de su Evangelio para con los niños, adolescentes, jóvenes, adultos y mayores. A otros a ser reflejo y transparencia de su persona y ministerio como presbíteros, es decir, como pastores y acompañantes de todo el pueblo de Dios. A otros, como a mí, sin mérito propio alguno, me ha llamado para ser pastor, ministro y servidor de toda la comunidad cristiana de Palencia para mantenerla unida en la fe, en el amor y en la misión, para acompañar al pueblo de Dios en su camino por estas tierras.

Este domingo se nos invita a orar por todas las vocaciones, especialmente las que más necesitamos: laicos y laicas que hagan presente el Reino allí donde estén, en el comercio, en el vecindario, en las fábricas y oficinas, en la familia, en el sindicato, en la política, en las asociaciones más diversas, y en la Iglesia, particularmente a la Vida Consagrada o religiosa y al ministerio ordenado, diaconado ya presbiterado. En nuestra diócesis lo necesitamos como agua en abril o mayo.

Jesús, ante la multitud de enfermos, necesitados., enfermos, abandonados, etc., compadecido de todos, y viendo que vagaban como ovejas sin pastor, dijo y nos sigue diciendo hoy: «La mies es mucha. Pero los trabajadores son pocos: rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt 9, 36-38).

+ Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA.

Obispo de Palencia

Mons. Manuel Herrero Fernández
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Mons. Manuel Herrero Fernández, OSA, nació el 17 de enero de 1947 en Serdio-Val de San Vicente, (Cantabria). Ingresó en el Seminario Menor “San Agustín” de Palencia. Estudió Filosofía y Teología en el Monasterio Agustino de “Santa María de la Vid” (Burgos), en el “Estudio Teológico Agustiniano” de Valladolid y en el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial (Madrid). Obtuvo el Bachillerato en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas (Madrid) y la Licenciatura en Teología Pastoral por la Universidad Pontificia de Salamanca, sede de Madrid. Hizo Profesión Solemne el 25 de octubre de 1967, siendo miembro de la Orden Agustina, Provincia del “Santísimo Nombre de Jesús de España”. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1970, por el entonces Obispo de Palencia, Mons. Anastasio Granados. Ha desempeñado los siguientes cargos: • Formador en el Colegio Seminario Agustino de Palencia. • En Madrid: Director Espiritual del “Colegio Nuestra Sra. del Buen Consejo”; Párroco de “Ntra. Sra. de la Esperanza”; Delegado del Vicario de Religiosas; Prior de la Comunidad de “Santa Ana y La Esperanza”; Arcipreste de “Ntra. Sra. de la Merced”; Profesor de Pastoral en los Centros Teológicos agustinos de El Escorial y de Los Negrales; Vicario Parroquial de “San Manuel y San Benito”. • En Santander: Primer Párroco de “San Agustín”; Delegado Episcopal de “Caritas y Acción Social”; Profesor del Seminario Diocesano de Monte Corbán; Delegado Episcopal de Vida Consagrada; Vicario General de Pastoral; Párroco de “San Agustín”; del 22 de diciembre de 2014 hasta el 30 de mayo de 2015 Administrador Diocesano de Santander durante la sede vacante; Profesor del Instituto Teológico de Monte Corbán, Vicario General y Moderador de la curia de la diócesis desde 2002, y párroco de “Ntra. Sra. del Carmen” desde 2014. El 26 de abril de 2016 fue nombrado Obispo de Palencia por el Papa Francisco y el 18 de junio del mismo año fue ordenado Obispo e inició su Ministerio Episcopal en la Sede palentina.