Carta pastoral de Mons. Celso Morga: ¿Para quién soy yo?

Queridos fieles:
El IV Domingo de Pascua lo conocemos como el «Domingo del Buen Pastor». La liturgia nos recuerda que Jesús
es el pastor que necesitamos. Él es el único que nos conduce hasta la Vida Eterna, que nos conoce a cada uno personalmente por nuestro nombre, nos ama y nos cuida con un amor de predilección. Y así, cuidándonos a cada uno,
cuida a todo su rebaño.

Este domingo, además, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas, con el lema «¿Para quién soy yo?». Jesús Buen Pastor tiene para cada uno de nosotros un proyecto, una misión, una vocación con la que colaboramos todos en la gran misión de la Iglesia: la construcción de su Reino. Por eso, os invito, una vez más, a que toda nuestra archidiócesis de Mérida-Badajoz nos unamos en una plegaria al Dueño de la mies, al Buen Pastor, para que nos envíe muchas vocaciones santas, al sacerdocio y a la vida consagrada y que, también, surjan abundantes vocaciones en los países de misión, que no les falten los medios necesarios para desarrollarse haciendo presente en sus vidas el amor de Dios. Llevemos en el corazón a nuestro Seminario, a tantos noviciados de vida consagrada y, especialmente, a tantas vocaciones nativas que germinan en países de misión.

El Papa Francisco, en el mensaje que nos ha dirigido con motivo de esta jornada, vuelve a traernos a nuestra consideración la figura de San José, en este su Año Santo. Revelando su grandeza que se esconde en su sencillez, discreción y, sobre todo, en su corazón de padre, el Papa nos recuerda que el sacerdocio y la vida consagrada tienen
que mirar a José de Nazaret y, así, dejar que el Señor forje «corazones de padres, corazones de madres, corazones abiertos, capaces de grandes impulsos, generosos en la entrega, compasivos en el consuelo de la angustia y firmes en el fortalecimiento de la esperanza».

Con este deseo, no solo os invito a orar por las vocaciones que la Iglesia necesita, y en concreto, nuestra archidiócesis, sino también a redescubrir con alegría y agradecimiento la propia vocación. ¡Qué importante es que todos demos gracias a Dios por la vocación a la santidad, llamada que recibimos en nuestro bautismo! Vocación que después se concreta y específica en cada uno en la diversidad de vocaciones: laical, matrimonial, sacerdotal, consagrada, misionera… Reavivemos, siempre, el amor primero. Es la clave de la fecundidad. Si somos fieles a nuestra vocación, seremos felices, estaremos alegres y nuestra alegría contagiará a los demás y el amor de Dios hará que muchos descubran también su propia vocación en la Iglesia. Que importante que todos reconquistemos el «sí fundamental» de nuestra vida que un día dijimos al Señor, el sí de nuestra vocación. Recuerdo, en este sentido, unas hermosas palabras de Benedicto XVI que dirigió a los jóvenes un Domingo de Ramos: «Indudablemente, es importante, esencial, lanzarse a la gran decisión fundamental, al gran «sí» que el Señor nos pide en un determinado momento de nuestra vida. Pero
el gran «sí» del momento decisivo en nuestra vida – el «sí» a la verdad que el Señor nos pone delante- ha de ser después reconquistado cotidianamente en las situaciones de todos los días en las que, una y otra vez, hemos de abandonar nuestro yo, ponernos a disposición, aun cuando en el fondo quisiéramos más bien aferrarnos a nuestro yo».

Respondamos todos, con generosidad, a la pregunta que sirve de lema para esta Jornada de Oración: «¿Para quién soy yo? Miremos al Señor y no tengamos miedo de responder: «Somos tuyos, Señor». De esa respuesta generosa de cada uno, os insisto, depende de que muchos niños y jóvenes se hagan esa pregunta tan fundamental.

Especialmente a los jóvenes de nuestra archidiócesis quiero animarlos a que lo piensen y lo hablen con el Señor. Dios cuenta contigo. Él tiene un gran proyecto de felicidad para ti. Dios tiene una vocación que te hará feliz. Búscalo, habla con Él en la intimidad de tu corazón, y sé generoso. Dile que sí, como hizo María y san José; como han hecho y siguen haciendo tantos corazones valientes. Dios cuenta contigo. Descubre tu vocación. Joven, ¿para quién eres tú?

+ Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
Acerca de Mons. Celso Morga Iruzubieta 84 Articles
Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.