Carta pastoral de Mons. Jesús Fernández: ¿Para quién soy yo?

No vivimos tiempos fáciles. No. Pero hay algo que nos llena de alegría y esperanza: Cristo, el Buen Pastor que dio la vida por su rebaño, ha resucitado y sigue cuidando a su pueblo. Y lo hace a través de personas que han escuchado su llamada y han consagrado su vida a compartir las dificultades de sus semejantes, a conocerlos y amarlos, a vivir cerca de ellos para orientar y sostener su caminar, para levantarlos al caer. El Buen Pastor, no abandona a su rebaño, le regala la vocación a la vida consagrada y al ministerio sacerdotal. Se trata de un regalo que llena de sentido la vida de los llamados, no en vano ocupan el primer lugar en el ranking de los que, si volvieran a nacer, desearían ser lo mismo que han sido en su vida pasada. Pero, además, es un regalo espléndido también para aquellos a los que son enviados: ¡cómo los echan de menos los que se ven privados de su presencia y ayuda!

Desgraciadamente, en las últimas décadas, en el mundo occidental han caído en picado el número de estas vocaciones, lo que ha aportado a los creyentes preocupación y desesperanza. Son muchas las razones que se vienen aduciendo: disminución de la natalidad, falta de testimonio de vida de los consagrados, falta de fe, indecisión de los jóvenes… En su Exhortación “Cristo vive”, el Papa Francisco afirma que “algunos jóvenes… quisieran seguir siendo niños”, aplazando las decisiones justamente en la edad de decidirse ante el futuro. En realidad –sigue diciendo- no deberían tener miedo a apostar y cometer errores, sino a vivir paralizados. Ahora bien, es claro que nadie desea los errores juveniles, por eso es importante orientarles en el discernimiento. Y a esto nos invita también el Papa.

Para discernir la propia vocación, es necesario hacerse varias preguntas que no deben estar tanto dirigidas a las inclinaciones y gustos de uno mismo sino al modo de relacionarse con los demás. Es un hecho que la mayoría de los jóvenes, cuando se encuentran en el cruce de caminos o de vías, cuando se trata de elegir su futuro, lo que se preguntan es qué les gusta más o qué les asegura más su futuro desde el punto de vista laboral y económico. Muchos también se enredan en el mismo círculo egocéntrico preguntándose quiénes son. El Papa propone cambiar el sentido de la pregunta para formularla así: “¿Para quién soy?”.

Esta pregunta sirve de lema para la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y la Jornada de Vocaciones Nativas 2021 que se celebra el 4º Domingo de Pascua. Al lema lo acompaña la imagen de un cruce de vías que destaca la necesidad de descubrir la propia vocación. Al fondo, se vislumbra una cruz situada sobre la bola del mundo. Cuando el maquinista llega a un cruce de este tipo, elige la vía que le llevará a feliz puerto, aquella que tiene el semáforo en verde. El cristiano ha de elegir aquella que lleva a Cristo y a los demás. Ya san Agustín afirmaba: “Nos has hecho, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti”. Pero, además, el corazón de Cristo, el Buen Pastor, nos remite inmediatamente a los hermanos necesitados de cuidados. A ellos quiere que se entreguen los que él llama.

Queridos jóvenes, os invito a haceros la pregunta correcta, a no tener miedo a decidiros y a entregaros a Dios y a los hermanos. La misión llenará vuestra vida. Además, no estáis solos: la comunidad cristiana os acompaña con su consejo, oración y ayuda. Que el Señor os bendiga.

+  Jesús Fernández,

Obispo de Astorga