Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo i Artigas: Rectores y pastores

Este domingo de Pascua es conocido como el domingo del Buen Pastor, porque Jesús mismo, en el Evangelio, se presenta como Buen Pastor.

Jesús, entre muchas “tarjetas de visita” para presentarse, se sirvió de un título muy entrañable para su pueblo y que se refería solo a Dios: Buen Pastor. Todos conocemos y hemos rezado con el hermoso salmo del pueblo de Israel “El Señor es mi Pastor, nada me falta…”.

Existía la bonita tradición –se ha ido perdiendo– de que este domingo se dedicase un reconocimiento a los rectores de las parroquias por su misión, a semejanza de Jesús, de convertirse también en “pastores”.

Por eso me atrevo a comentar algunos hechos en relación con los sacerdotes que hoy actualizan la misión del Buen Pastor en sus comunidades parroquiales.

Un párroco de pueblo, que vive solo en su vicaría, se contagia del Covid y queda confinado hasta que los análisis den negativo. La gente del pueblo, los fieles de la parroquia, pero también otros muchos vecinos, se organizaron para que no le faltase nada: le traían la comida, iban a hacer la compra por él, se preocupaban de conseguir todo aquello que necesitaba. Él me decía con emoción que estaba muy agradecido y que se sentía muy querido y valorado como párroco.

En mi primera parroquia como rector –tenía 34 años–, un domingo por la tarde fui con la peña azulgrana, en un autocar, al Camp Nou para ver el partido de fútbol. Hacía pocas semanas que había llegado al pueblo.

Una vez arrancó el autocar, el presidente de la peña cogió el micro y me agradeció que fuera su párroco.

En el entierro de un cura, al acabar, varios parroquianos me manifiestan su reconocimiento a aquel padre por todo lo que había hecho, por su trato, por su preocupación por todo el mundo. No hacía mucho tiempo que ese mismo sacerdote me decía que él casi no hacía nada, que procuraba servir a la gente, pero que no sabía ofrecerles muchas actividades. El agradecimiento se manifestaba en el momento de su muerte. Yo habría deseado que lo hubiese experimentado en vida.

Cuando era monaguillo, este cuarto domingo de Pascua observaba que la gente se acercaba al señor párroco, lo saludaban y le daban las gracias. Yo no entendía por qué hasta que él mismo nos lo explicó.

Y transcribo un fragmento de la homilía que pronuncié el martes santo, en la Misa Crismal del año pasado, en pleno confinamiento, sin presbíteros y fieles, pero pensando en todos: el día de nuestra ordenación, al llamamiento de la Iglesia, respondimos: “Aquí estoy”. Hoy, al renovar nuestros compromisos, también es bueno que repitamos sinceramente: “Aquí estoy”.

Estamos aquí para vivir y ayudar a vivir el amor que Dios nos ha manifestado de tantas maneras en nuestra vida.

Estamos aquí porque queremos unirnos y conformarnos mejor al Señor Jesús.

Estamos aquí porque el amor de Cristo nos urge, nos anima a vivir y a anunciar cada día el Evangelio de la gracia y de la salvación.

Estamos aquí porque queremos continuar celebrando la Eucaristía y los demás sacramentos, ofreciendo así los dones salvadores al pueblo fiel.

Estamos aquí porque deseamos continuar la misión de Cristo, el Buen Pastor, para amar, servir, ayudar y guiar a los hermanos que nos han sido confiados.

Estamos aquí porque queremos continuar consolando a nuestro pueblo, curándole las heridas, y a la vez también compartir sus alegrías.

¡Ayudadnos para que así sea!

Mons. Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 439 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.