Carta pastoral de Mons. Yanguas: «Los verdaderos y duraderos caminos de reencuentro parten todos de un mismo punto: el compromiso sincero por la verdad»

Queridos diocesanos:

Caminos de reencuentro, así titula el Papa Francisco el capítulo séptimo de su encíclica Fratelli tutti. Se trata de un capítulo eminentemente propositiva. Parte el Pontífice del hecho innegable de la presencia en el mundo de heridas profundas que siguen siendo motivo de división y de enfrentamientos, y que es preciso hacer cicatrizar generando “procesos de sanación y de reencuentro con ingenio y audacia” (n. 225).

Los verdaderos y duraderos caminos de reencuentro parten todos de un mismo punto: el compromiso sincero por la verdad: “Solo desde la verdad histórica de los hechos, dice Francisco, podrán hacer el esfuerzo perseverante y largo de comprenderse mutuamente y de intentar una nueva síntesis para el bien de todos” (n. 226). Es, pues, claro que la falsificación de los hechos, el ocultamiento de parte de los mismos, las interpretaciones partidistas, las visiones idealizadas del pasado, su voluntaria tergiversación, no serán nunca camino para la reconciliación y el reencuentro. Ni siquiera la justicia y la misericordia son suficientes para construirlos. La verdad resulta imprescindible en esa tarea. Verdad, justicia y misericordia deben ir juntas, como dice el Papa; solo si es así, el reencuentro será auténtico y permanente. Si falta cualquiera de ellas, las otras resultan alteradas, cuando no falseadas. Solo desde la verdad se hace posible la justicia, y solo desde ella se deja paso a la misericordia (cfr. n. 227).

Por otro lado, la paz, la reconciliación y el reencuentro se hacen posibles gracias al empeño por “colocar en el centro de toda acción política, social y económica, a la persona humana, su altísima dignidad” (n. 232). El respeto y la promoción de la dignidad de la persona se convierten, pues, en el quicio de la justicia social. No basta que callen las armas para que haya paz y quede asegurada. No es suficiente “el acercamiento entre grupos sociales distanciados”. La paz es fruto sobretodo del “compromiso incansable (…) de reconocer, garantizar y reconstruir concretamente la dignidad tantas veces olvidada o ignorada de hermanos nuestros, para que puedan sentirse los principales protagonistas del destino de su nación” (n. 233). Una larga historia de menosprecio y de falta de inclusión social de los más pobres y descartados, está a menudo en el origen de actitudes que llamamos antisociales (cfr. n. 234). “Cuando la sociedad –local, nacional o mundial-, abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad” (n. 235).

En la búsqueda de caminos de reencuentro es imprescindible el interés sincero por el bien común al que todos debemos contribuir, sin que sea lícito excluir a nadie que se proponga el bien general por encima de cualquier otro bien más particular (cfr. ibídem). El bien que llamamos común es ya un vínculo que une a los hombres; un primer lazo que crea comunión, paz, entendimiento entre diversos. Cuando el compromiso por el bien común es firme, se ve con mayor claridad la conveniencia, más, la necesidad “de aportar diferentes propuestas técnicas, distintas experiencias”; se hace más fácil entender “que existen diferentes maneras de mirar las dificultades y de resolverlas” y se reconoce “la posibilidad de que el otro aporte una perspectiva legítima, al menos en parte, algo que pueda ser rescatado, aun cuando se haya equivocado o actuado mal” (n. 228). ¡Qué enfoque tan diferente del de quien piensa tener la solución, perfecta y acabada, para terminar con los problemas y alcanzar el bien común! Un enfoque que excluye las aportaciones de los demás, las energías convergentes, los, quizás, pequeños sumandos.

Insistamos en que la arquitectura de paz que el Papa diseña en su encíclica valora mucho las aportaciones de las diversas instituciones de la sociedad, pero también el compromiso de cada uno, pues no será posible el reencuentro y la paz solo con “el diseño de marcos normativos y arreglos institucionales entre grupos políticos o económicos de buena voluntad” (n.231).

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).