Carta pastoral de Mons. Francisco Cerro: Volvamos al hogar parroquial

Ha pasado algo más de un año de la declaración del estado de alarma, confinados con medidas tan estrictas que nos ha puesto a todos “contra la pared”. Poco a poco hemos caído en la cuenta que estamos viviendo en una noche oscura de las que se viven en la humanidad. Con un dato único, pocos han quedado al margen de la realidad. Se ha cebado con las personas más vulnerables, ancianos, enfermos y con otras patologías, que han dado paso a otras realidades que hemos vivido con un dramatismo feroz. Fallecidos en la más estricta soledad, mayores sin los cuidados necesarios, con la falta de abrazos y la ternura humana tan necesaria siempre para el corazón humano. Nuestras residencias de mayores tan castigadas por el coronavirus

Ha sido un tiempo de prueba colectiva y lo sigue siendo. Los cristianos lo hemos vivido unidos al Señor de la vida y de la historia. Tanto los Obispos, como los sacerdotes, con su entrega incondicional y con muchas iniciativas, la vida consagrada, al “pie del cañon”, y los muchos laicos que, en sus profesiones o en sus ofertas, a veces jugándose la vida, han dado y sacado lo mejor de una humanidad llena de retos, pero nunca de túneles sin salida, que no permitiría nunca el Señor Vivo y Resucitado.

Sabiendo que el coronavirus ha venido para quedarse, como otras enfermedades, pero que los remedios de solución poco a poco se van poniendo, nos preguntamos qué podemos y debemos hacer para que, cuidando escrupulosamente todas las medidas sanitarias, desde nuestras parroquias, residencias, comunidades y cristianos que han sido verdaderos artífices de un buen hacer para bien de todos, sigamos creciendo y volvamos al hogar parroquial.

Os propongo diez puntos para volver a casa, a la parroquia, a la vida de encuentro cristiano, al voluntariado, a los grupos, a seguir haciendo nuestra vida, cumpliendo con el gozo de nuestras obligaciones y deberes, que no son cargas, sino la alegría de vivir con los medios y fines que siempre nos propone la Iglesia. Buscando que sean espacios seguros, para seguir cumpliendo como Comunidad nuestra misión de evangelizar.

  1. Participar en la Eucaristía dominical. Ir recuperando poco a poco el precepto dominical. Puede haber casos que estén dispensados, pero tendríamos que decir lo que vivían los primeros cristianos: “No podemos vivir sin la Eucaristía”. No importa que vayáis a cualquier misa, porque en todas veréis que se cumplen estrictamente las normas sanitarias. Son lugares seguros. También tenemos y necesitamos la Comunidad, la presencia de los hermanos para compartir juntos la alegría de Jesús en medio de nosotros.
  2. Acudamos a la catequesis. Cuida la catequesis. Os dirán sacerdotes y catequistas que se cuidan todas las medidas. Se quieren aplicar los mismos criterios que en los colegios con los niños, o en los institutos. Siempre podéis dialogar y llegar a un acuerdo para que se siga ofreciendo la transmisión de la fe, a través de la catequesis, con la mayor normalidad posible.
  3. Grupos parroquiales o comunidades. Se debe ir poco a poco restableciendo, porque si no se hace así, se puede resentir nuestra vida cristiana. Nuestra fe exige la presencialidad. No puede ser solamente virtual. Respetando el aforo y la normativa sanitaria. Tenemos entre todos que hacer un esfuerzo para volver al Hogar Parroquial.
  4. Encuentros de celebraciones y oración. Acudid y preparar esos encuentros que tanto bien nos hacen. Celebraciones comunitarias de la penitencia, Hora Santa, Adoración Eucarística, Vigilias, Viacrucis, Rosarios. Los jóvenes tienen aquí una gran capacidad de animar y ayudar a que mientras llega la “nueva normalidad”, desde una “normalidad nueva” y cumpliendo estrictamente con las normas sanitarias continuemos con nuestras celebraciones.
  5. Confesiones. Guardando todas las normas sacramentales canónicas, seguir potenciando el sacramento de la reconciliación. Que se siga ofreciendo en las parroquias como un encuentro personal con Jesucristo, que siempre nos perdona y nos lleva al gozo de la paz verdadera.
  6. Sed generosos con la parroquia. Me consta que son muchas las parroquias, que están sufriendo de un modo grave, el no poder hacer frente, con los medios ordinarios, los pagos y gastos que lleva consigo el funcionamiento de la parroquia. La vuelta, también ayudará a hacer frente a una pandemia que ha generalizado la crisis no solo sanitaria, sino social y económica.
  7. Los templos siguen abiertos. Nunca se cerraron. Los sacerdotes tuvieron muchas iniciativas para estar en contacto con la Comunidad, con los feligreses. Acercarse a rezar, a compartir cercanía, en espera de que salgamos del túnel.
  8. Visita a los enfermos. La disponibilidad siempre de los sacerdotes y de la pastoral de la salud, ha sido exquisita. Con todas las precauciones y más se debe seguir atendiendo al tesoro de la Iglesia, que son sus enfermos.
  9. Seguir potenciando la presencia en todo lo que se nos convoque. Como me decía un joven, en la parroquia estoy como en casa, es como “estar en zapatillas” pues me encuentro seguro en la acogida y en todo lo que me ayudan.
  10. Sigamos APOYANDO Y PARTICIPANDO jubileos e iniciativas de la Iglesia, como el jubileo de San José, de la Virgen de Guadalupe y el de la Familia (Amoris Laetitia), para revitalizar todo esto con la ayuda del Señor. Tenemos todavía mucho que ofrecer a una sociedad que está saliendo de esta experiencia más herida que nunca.

Me tenéis todos a vuestro servicio y siempre con vosotros, seguir rezando para ser “sal de la tierra y luz del mundo”.

 

+ Francisco Cerro Chaves

Arzobispo de Toledo

Primado de España

 

Mons. Francisco Cerro Chaves
Acerca de Mons. Francisco Cerro Chaves 206 Articles
Nació el 18 de octubre de 1957 en Malpartida de Cáceres (Cáceres). Cursó los estudios de bachillerato y de filosofía en el Seminario de Cáceres, completándolos en el Seminario de Toledo. Fue ordenado sacerdote el 12 de julio de 1981 en Toledo, desempeñó diversos ministerios: Vicario Parroquial de "San Nicolás", Consiliario de Pastoral Juvenil, Colaborador de la Parroquia de "Santa Teresa" y Director de la Casa Diocesana de Ejercicios Espirituales. En la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma se licenció y doctoró en Teología Espiritual (1997), con la tesis: "La experiencia de Dios en el Beato Fray María Rafael Arnáiz Barón (1911-1938). Estudio teológico espiritual de su vida y escritos". Es doctorado en Teología de la Vida Consagrada en la Universidad Pontificia de Salamanca. Autor de más de ochenta publicaciones, escritas con simplicidad y dirigidas, sobre todo, a la formación espiritual de los jóvenes. Miembro fundador de la "Fraternidad Sacerdotal del Corazón de Cristo". Desde 1989 trabajó pastoralmente en Valladolid. Allí fue capellán del Santuario Nacional de la Gran Promesa y Director del Centro de Formación y Espiritualidad del "Sagrado Corazón de Jesús", Director diocesano del "Apostolado de la Oración", miembro del Consejo Presbiteral Diocesano; delegado Diocesano de Pastoral Juvenil y Profesor de Teología Espiritual del Estudio Teológico Agustiniano. El 2 de septiembre de 2007 fue ordenado Obispo de Coria-Cáceres en la ciudad de Coria. En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar, departamento de Pastoral de Juventud, y de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada.