Carta pastoral de Mons. Àngel Saiz Meneses: Ser kerigma

El libro de los Hechos de los Apóstoles, en este domingo tercero de Pascua,  narra como Pedro cura a un paralítico que estaba cada día a la puerta del templo de Jerusalén para que pidiese limosna a los que entraban. Este hecho produce un impacto extraordinario y la gente corre asombrada hasta su presencia. Pedro, entonces, les dirige la palabra para dejar claro que la curación no se debe a su poder o fuerza, sino que es obra de Dios, y en su explicación presenta el núcleo del kerigma cristiano primitivo: “El Dios de nuestros padres ha glorificado a su siervo Jesús, al que vosotros entregasteis ante Pilato; (…) matasteis al autor de la vida, pero Dios lo resucitó de entre los muertos y nosotros somos testigos (…);  pero Dios cumplió de esta manera lo que había dicho por los profetas: que su Mesías tenía que padecer. Por tanto, arrepentíos y convertíos, para que se borren vuestros pecados” (He 3, 13-19). He aquí el primer anuncio de la fe, que llamamos kerigma y que contiene el núcleo de la predicación cristiana.

En pleno siglo XXI, tal como sucedió con Pedro y los once, el Espíritu Santo también da la fortaleza para superar los miedos, guía hacia la verdad plena y capacita para anunciar el evangelio por todo el mundo. El papa Francisco nos anima a ser evangelizadores con Espíritu, que se abren sin temor a su acción. Hoy se necesitan evangelizadores que anuncien la buena nueva con palabra valiente, y sobre todo con una vida que ha sido transformada por la gracia de Dios. Evangelización con Espíritu significa tener la conciencia clara de que el verdadero protagonista de la misión de la Iglesia es el Espíritu Santo.

La oración está estrechamente relacionada con el primer anuncio de la fe, porque no se trata de transmitir contenidos doctrinales, reflexiones filosóficas o morales. Se trata de dar testimonio de una persona, Jesucristo, y este testimonio sólo puede ser ofrecido por quien ha tenido una experiencia de encuentro con Él. Se trata de comunicar a los otros lo que se ha contemplado, experimentado y vivido. Los biógrafos de santo Domingo de Guzmán narran que siempre estaba hablando «con Dios o de Dios». La proclamación del kerigma requiere también mucha oración de petición, pues sólo la gracia de Dios puede abrir el corazón de las personas al primer anuncio.

Ciertamente quien proclama el kerigma es consciente de que su misión le sobrepasa, y puede afirmar con san Pablo que lleva «este tesoro del evangelio en vasijas de barro, para que se vea que una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no proviene de nosotros» (2 Cor 4,7). En la oración es consciente de su pequeñez ante Dios y de su incapacidad para la misión. Por eso lleva a la oración toda su existencia, toda su realidad personal, todo lo que le rodea. Vive una espiritualidad de encarnación y al rezar presenta su corazón, su vida, su circunstancia personal y la de tantas personas que desconocen a Dios, que sufren, que andan desencaminadas. El evangelizador habla a los hombres de Dios, y al rezar, habla a Dios de los hombres. Lleva a la oración su vida entera y en particular aquellas personas que necesitan ser evangelizadas y la situación en la que se encuentran.

Cuando no hay una vida intensa de oración, de poco sirven los grandes proyectos y estrategias, como tampoco resulta útil dedicar largo tiempo y energías. A menudo constatamos la desproporción entre el trabajo realizado y los frutos obtenidos. San Juan de la Cruz nos avisa: «Adviertan aquí los que son muy activos, que piensan ceñir el mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la Iglesia y mucho más agradarían a Dios —dejando aparte el buen ejemplo que de sí darían— si gastasen siquiera la mitad de ese tiempo en estarse con Dios en oración». Los santos también nos recuerdan la importancia de la oración, la formación y la acción;  así como de la palabra valiente y el testimonio de vida. Y es que hemos sido llamados y enviados para ser testigos de Cristo resucitado, para ser “ser kerigma”.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.