Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: Conciencia moral

Tenemos unos resortes interiores que conviene conocerlos y me estoy refiriendo a lo que hoy está más en boga y es la afirmación de que la conciencia psicológica debe conducir los actos personales y trata de desplazar y dejar a un lado la conciencia moral porque se la considera un obstáculo al progreso humano. Ya Pablo VI decía: “Por desgracia, se han desencadenado en la psicología moderna muchas y graves objeciones contra el valor de la conciencia moral. Se quisiera abolir, en la actividad espiritual del ser humano, ese acto reflexivo y decisivo que constituye precisamente la conciencia moral, es decir, el juicio que un ánimo inteligente y sereno se da de sí mismo, fijándose en las exigencias de la ley moral, en cuyos imperativos se expresa la propia voluntad de Dios, nuestro transcendental principio y la única meta de nuestra felicidad” (Audiencia General, Psicología moderna y conciencia moral, 19 de Julio 1978). Acertó el Papa Pablo VI puesto que con cierto profetismo anunció uno de los fallos graves que sufre la sociedad, a causa del relativismo, y es la de confundir el bien en mal y el mal en bien.

El filósofo Nietzsche llega a afirmar que “hasta ahora no se ha experimentado la más mínima duda al establecer que lo bueno tiene un valor superior a lo malo. ¿Y si fuera verdad lo contrario?” Y para lograr la inversión de los valores, Nietzsche debe arrancarlos de su raíz fundamental, que es Dios. Así se entiende su obsesión por decretar la muerte de Dios, cuando afirma que “ahora es cuando la montaña del acontecer humano se agita en dolores de parto, Dios ha muerto, viva el superhombre”. La auténtica conciencia moral tiene claro dónde está el bien y dónde está el mal. Y si esto no se tiene claro vemos en nuestros días que la psicología del superhombre ha triunfado puesto que las progresismo han corroído nuestras estructuras morales. Y si algo se debe reprochar a estas corrientes, que manipulan los códigos naturales, es el haber querido hacer desaparecer a Dios como si esto fuera el mayor signo del progresismo.

Las consecuencias de este error inducen a considerar que, en muchos momentos, la psicología del superhombre ha triunfado. Tal es así que desde la Revolución Francesa, el deber moral fue definitivamente aligerado de su fundamento divino, y sólo quedó apoyado en un mero fundamento civil. El pensamiento de Voltaire se ha difundido de tal forma que él mismo afirma que toda ética basada en el deber aparece como imposición rigorista e intransigente, dogmática, fanática y fundamentalista, saturada por el imperativo desgarrador de la obligación moral. Si no hay sentido moral todo es válido según el baremo de las apetencias personales.

Ante tal desviación que lleva como consecuencia la inmoralidad, es conveniente plantearse una educación fina y segura que debe comenzar en la niñez donde se fraguan los principios morales ante la diversidad de situaciones que se presentan en la vida. La familia es el núcleo fundamental donde se educa y se ha de formar a los hijos y ya no sólo en los comportamientos justos sino con la mirada en todos los actos y obras que conllevan un sentido ético y moral. Hay una regla de oro que hace posible este sentido positivo de la vida: Hacer el bien y evitar el mal, no hacer a nadie lo que no queremos que nos hagan a nosotros y no hacer el mal para obtener un bien. Podemos concluir que en lo más íntimo de todo ser humano existen unos códigos que proceden del Creador que es Dios. La conciencia moral es la habitación dónde Dios habla y reside. “Si alguno me ama, guardará mi palabra, y mi Padre le amará, y vendremos a él y haremos morada en él” (Jn 14, 23). Somos templo del Espíritu Santo y como suelen decir los santos: “Ha sido un sueño que ha iluminado toda mi vida, convirtiéndola en un paraíso anticipado” (B. Isabel de la Trinidad, Epístula 1906).

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).