Nota de Mons. Joseba Segura para la Jornada diocesana por el Trabajo Digno

Este domingo 18 de abril, la Diócesis de Bilbao celebra la I Jornada diocesana por el Trabajo Digno y, con ese motivo, el obispo Administrador diocesano, Mons. Joseba Segura, ha hecho pública una nota en la que explica que este día se quiere subrayar, aún más, la trascendencia que tiene el trabajo para el desarrollo de todas las personas el trabajo humano –destaca- es más que el empleo y tiene un valor mayor que el salario percibido por realizarlo. El trabajo configura nuestras relaciones y contribuye al desarrollo de la sociedad; nos da identidad y reconocimiento social”. Con motivo de la Jornada, este pasado miércoles, el responsable de trabajo de la Conferencia Episcopal, Antonio Aranda, ofreció una conferencia online en la que participaron personas de varias entidades y delegaciones diocesanas.

Mons. Segura, en su mensaje, recuerda que todos los años la Iglesia Católica promueve la ´Iniciativa por el Trabajo Decente’, “apoyando el esfuerzo de los sindicatos y otras asociaciones para que el trabajo reúna las condiciones necesarias que aseguren una vida digna para las personas que lo realizan y para sus familias”.

Resalta el prelado que siendo conscientes de que el mantenimiento y la promoción del empleo «es siempre un problema complejo», para cierta visión economicista, «el trabajo es mera mercancía». En su reflexión detalla una relación de «desafíos preocupantes»  que se vislumbran en el contexto actual como son «la robotización, el tele-trabajo y nuevas técnicas de producción» que «amenazan con sustituir la mano de obra humana por máquinas eficientes». Esto que en su momento «fue motivo de esperanza» por las posibles reducciones de jornada o mejora de las condiciones laborales, «está resultando en mayor precariedad y en una mayor proporción de población con dificultades para acceder al empleo de calidad».

La economía humanista

El obispo Administrador diocesano defiende que, «la economía humanista nunca pierde de vista el valor de la integración comunitaria». «No es justo que el progreso se haga a costa de los pobres o que resulte en mayores tensiones sociales», denuncia. Prosigue manifestando que «ahora que las vacunas nos permiten pensar en un futuro cercano donde puedan mejorar las condiciones sociales y económicas, es importante que sindicatos, organizaciones empresariales e instituciones políticas hagan lo posible para evitar que la vuelta a la normalidad tenga como efecto secundario un aumento de la precariedad y del paro».

En el texto explica que gracias al trabajo podemos fortalecer esa vida fraterna que Cristo defendió y por la que murió«. Y en esta cuestión no solo se refiere a las personas que están en empleos remunerados, sino que pone en valor otras personas que «voluntariamente» prestan «servicios esenciales«, como son las que cuidan en los hogares, las que colaboran en asociaciones culturales, deportivas o religiosas «contribuyendo así al bienestar del conjunto de la comunidad». 

 

Nota de Mons. Joseba Segura

GIZARTEAREN MUINA, LAN DUINA

En defensa de un trabajo digno para todas las personas

Todos los años la Iglesia Católica promueve la “Iniciativa por el Trabajo Decente” apoyando el esfuerzo de los sindicatos y otras asociaciones para que el trabajo reúna las condiciones necesarias que aseguren una vida digna para las personas que lo realizan y para sus familias.

Con la celebración en nuestra diócesis de esta “Jornada por el Trabajo Digno”, queremos subrayar, aún más, la trascendencia que tiene el trabajo para el desarrollo de todas las personas. El trabajo humano es más que el empleo y tiene un valor mayor que el salario percibido por realizarlo. El trabajo configura nuestras relaciones y contribuye al desarrollo de la sociedad; nos da identidad y reconocimiento social. Cuando nos vemos obligados a realizar trabajos en condiciones indignas, es nuestra dignidad la que sufre.

El mantenimiento y la promoción del empleo es siempre un problema complejo. Para cierta visión economicista, el trabajo es mera mercancía. En esta perspectiva aparecen desafíos preocupantes: la robotización, el tele-trabajo y nuevas técnicas de producción, amenazan con sustituir la mano de obra humana por máquinas eficientes. Lo que en su momento fue motivo de esperanza, de posible reducción de jornada y mejora de condiciones laborales, está resultando en mayor precariedad y en una mayor proporción de población con dificultades para acceder al empleo de calidad.

La economía humanista nunca pierde de vista el valor de la integración comunitaria. No es justo que el progreso se haga a costa de los pobres o que resulte en mayores tensiones sociales. Ahora que las vacunas nos permiten pensar en un futuro cercano donde puedan mejorar las condiciones sociales y económicas, es importante que sindicatos, organizaciones empresariales e instituciones políticas hagan lo posible para evitar que la vuelta a la normalidad tenga como efecto secundario un aumento de la precariedad y del paro.

Las instituciones públicas en los países europeos, han arbitrado sistemas de protección que amortiguan los efectos sociales de la crisis económica subsidiando los empleos. Es una iniciativa importante. Pero cuanto antes será necesario restablecer los empleos de calidad porque como dice el Papa Francisco en la encíclica Fratelli Tutti, “el trabajo es una dimensión irrenunciable de la vida social, ya que no sólo es un modo de ganarse el pan, sino también un cauce para el crecimiento personal, para establecer relaciones sanas, para expresarse a sí mismo, para compartir dones, para sentirse corresponsable en el perfeccionamiento del mundo, y en definitiva para vivir como pueblo” (nº 162).

Gracias al trabajo colaboramos en el perfeccionamiento de este mundo creado y salvado por Dios y podemos fortalecer esa vida fraterna que Cristo defendió y por la que murió. Esto no solo se realiza mediante empleos remunerados. Lo están haciendo también muchas personas que prestan de forma voluntaria servicios esenciales de cuidado en los hogares o colaboran en asociaciones culturales, deportivas o religiosas, contribuyendo así al bienestar del conjunto de la comunidad. Todos esto lo celebramos agradecidos cada domingo al compartir el pan, el vino, que se convierten así, en alimento que sustenta la vida de todos.

El Papa Francisco ha puesto este año tan complejo bajo la tutela de San José, el carpintero de Nazareth. En su carta apostólica “Patris corde,” dice que “en nuestra época actual, es necesario, con una conciencia renovada, comprender el significado del trabajo que da dignidad y del que nuestro santo es un patrono ejemplar” (nº 6). Sintiéndonos bajo la protección de este santo universal, le encomendamos nuestra Jornada diocesana y los esfuerzos de tantas personas e instituciones empeñadas en conseguir que el trabajo sea reconocido y valorado como una dimensión esencial y multifacética de la vida humana.

Mons. Joseba Segura Etxezarraga

Obispo Administrador Diocesano

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