Carta pastoral de Mons. Julián Ruiz Martorell: Emaús

Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.

Como los dos discípulos que se pusieron en camino hacia la aldea de Emaús, también nosotros podemos transitar por un sendero de huida. Nos alejamos de Jerusalén cuando damos la espalda a la vida que hemos compartido con Cristo. Nos alejamos de Jerusalén cuando conversamos sobre lo que allí ha sucedido, sintiéndonos decepcionados y afligidos.

Nos complace más contemplar admirados los milagros de Jesús. Nos gusta el relato de la conversión del agua en vino nuevo y abundante. Nos tranquiliza el relato de la multiplicación de los panes y los peces, o el momento en el que Jesús increpa a los vientos y al mar, y sobreviene una gran calma en medio de una fuerte tempestad.

Escuchamos con agrado las palabras que pronuncia Jesús sobre las bienaventuranzas o cuando nos exhorta a no estar agobiados por nuestra vida pensando qué vamos a comer, ni por nuestro cuerpo pensando con qué nos vamos a vestir.

Pero es preciso participar de una experiencia renovadora, genuinamente pascual. Pascua nos ofrece la oportunidad de experimentar en nuestra vida que Jesús en persona se acerca y se pone a caminar con nosotros.

Aunque nuestros ojos no sean capaces de reconocerlo, Él nos pregunta sobre nuestras conversaciones durante el camino. Con aire entristecido, respondemos con amargura: “Nosotros esperábamos…”. Reconocemos que Jesús es “un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo”, pero no comprendemos que pudiese ser entregado a los sumos sacerdotes y jefes “para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran”.

Tampoco creemos a las mujeres que dicen que Jesús está vivo, ni a los que fueron al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres.

Entonces, Jesús nos llama “necios” y “torpes” por no creer lo que dijeron los profetas. Y Él mismo, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, nos explica lo que se refiere a Él en todas las Escrituras.

Nuestro corazón arde mientras Jesús nos explica las Escrituras. Sus palabras suenan llenas de vida y de luz. En ese momento, deseamos que Él se quede con nosotros, porque sin Él atardece en nuestra vida y las tinieblas nos pueden rodear de nuevo.

Cuando Jesús se sienta a la mesa con nosotros, toma el pan, pronuncia la bendición, lo parte y nos lo da, se nos abren los ojos y lo reconocemos. Y decimos: “Es verdad, ha resucitado el Señor”, porque lo reconocemos cuando nos habla por el camino, cuando nos explica las Escrituras y al partir el pan de la Eucaristía.

 

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.