Carta pastoral de Mons. Francisco Pérez: ¿Se puede retar y hacer un pulso a Dios?

Tanto se está hablando, comunicaciones hay abundantes, donde se va notando la blasfemia más sutil que se pueda dar y es la de intentar “retar y hacer un pulso a Dios”. Son las normas y leyes nefandas que, incluso se aplauden con regocijo, pero los únicos frutos que se van a conseguir serán agrazones y muy dañinos. “No os engañéis: de Dios nadie se burla. Porque lo que uno siembre, eso recogerá: el que siembra en su carne, de la carne cosechará corrupción; y el que siembre en el Espíritu, del Espíritu cosechará la vida eterna. No nos cansemos de hacer el bien, porque si perseveramos, a su tiempo recogeremos el fruto” (Ga 6, 7-9). Hay tanta falta de responsabilidad que se ha pensado e incluso ha llegado al momento en el que se potencia la mayor de las idolatrías y que se manifiestan en la soberbia de creer que el ser humano lo puede todo e más aún cree que puede mucho más que Dios. ¿Se le puede retar a un pulso? El desafiar a Dios trae consigo la autodestrucción humana.

Tentar a Dios es desafiar con arrogancia o incredulidad a Dios para que este haga algo en contra de su naturaleza o voluntad. Cuentan de Tancredo Neves, presidente de Brasil, que durante la campaña presidencial, él dijo que si consiguiera quinientos mil votos de su candidatura, ni Dios lo quitaría de la Presidencia. Efectivamente él consiguió los votos, pero se enfermó un día antes de acceder a la presidencia, y murió. El interrogante queda ahí y con el sentido común lo consideramos un pulso absurdo. Esto es lo que hizo Satanás tentando a Cristo en el desierto (Cfr. Mt 4, 1-11). “Si el Señor permitió que le visitase el tentador, lo hizo para que tuviéramos nosotros, además de la fuerza de su socorro, la enseñanza de su ejemplo (…) Ha combatido para enseñarnos a combatir en pos de Él. Ha vencido para que nosotros seamos vencedores de la misma manera” (San León Magno, Sermo 39 de Quadragesima). No cabe duda que el ejemplo de Jesucristo nos pone en el camino justo para no dejarnos llevar por la soberbia de quien piensa que lo puede todo por sus propios deseos y su absoluta voluntad. Hay que tratar a Dios con el máximo respeto. Desafiarle es peligroso. El constructor del Titanic dijo que su barco no lo hundía ni Dios. En su viaje inaugural chocó con un iceberg y se fue a pique, se hundió.

Ahora bien, en las circunstancias actuales, emanan leyes con el título de progresistas y que son aprobadas con aplausos como quien reta con la irracionalidad a la luminosa razón que tiene su fuente en Dios. No quepa la menor duda que la sociedad necesita personas que promuevan y justifiquen que la vida es sagrada y nadie tiene derecho para destruirla al antojo de sus intereses creados de forma torticera y malévola. Hay medios y métodos humanos que pueden ayudar a humanizar puesto que quien se ponga frente a Dios ha de saber que no sólo deshumaniza sino que rompe con el proyecto que tiene sobre la humanidad.

Su proyecto no es otro sino que cada persona viva su propia dignidad de hijo de Dios y viva como hermano de todo ser humano. Es amargo y duro el comentario del Señor: “Que ninguno de los hombres que han visto mi gloria y los signos que realicé en Egipto y en el desierto, y ya me han tentado diez veces, y no han escuchado mi voz, piense que va a ver la tierra que prometí a sus padres” (Nm 14, 22-23). Tentar a Dios en esta perspectiva significa dudar de su amor y de su presencia salvífica. Exigirle que se ponga a nuestras órdenes no sólo es peligroso sino que al final se caerá en el infierno que es la condenación eterna. Solamente se salvará quien ponga su mano sobre su pecho y se convierta de corazón. A Dios no se le puede retar a un pulso puesto que de Dios nadie se burla. Que Jesucristo Resucitado nos ayude a ser firmes y coherentes ante Dios.

+ Francisco Pérez González

Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).