Carta pastoral de Mons.  Francesc Pardo i Artigas: De no creer a creer

La experiencia del apóstol Santo Tomás, que este domingo de Pascua escucharemos en la narración evangélica, me ha hecho pensar, primero, en todos aquellos que “no creen”, “dudan”, “no saben” o “niegan”. Y, en un segundo momento, en quienes creemos, en quienes confiamos en Jesucristo muerto y resucitado en el seno de la Iglesia.

La narración nos puede hacer pensar en personas que todos conocemos, que apreciamos, que siguen su camino con nosotros pero que no comparten nuestra fe en Jesucristo. Algunos niegan que sea posible, otros dudan, otros ni se lo plantean.

Algunos hechos que he vivido personalmente me ayudarán a concretar la reflexión: hace unos años, visitando a la familia de una difunta en el tanatorio, después de saludar a los familiares, de una breve plegaria y de comentar la celebración del entierro, el marido me pide que hablemos. Buscamos un rincón tranquilo y me explica que su mujer era muy religiosa, pero que a él le ha sido imposible creer. Me dijo: “Algunas veces la he acompañado a la iglesia, he escuchado lo que decís, pero a mí se me hace difícil creerlo. Qué más quisiera yo…”.

He recordado también otros encuentros con personas que se declaraban “ateas”, muy convencidas y con cierta militancia: que si la religión era “el opio del pueblo”; que creaba falsas ilusiones para que la gente esperara el cielo y no se comprometiera a transformar la tierra; que si la religión proyectaba nuestros sueños y deseos hacia Dios impidiéndonos ser conscientes de nuestra realidad; que creer en Dios era el gran obstáculo para la libertad y el progreso del hombre y de la sociedad…

Sobre todo me preocupa el motivo por el cual personas educadas en el cristianismo han abandonado la fe.

También me he encontrado con personas que, sin manifestarse creyentes, valoran, agradecen y defienden las raíces cristianas de nuestro pueblo y de nuestra cultura. Se dan cuenta de que un pueblo sin espíritu, sin memoria, sin tradición, deja de ser pueblo porque ha perdido o está perdiendo su propia identidad.

Otros, por la vida de la reflexión filosófica, por la vía de la belleza, por la experiencia de la limitación humana, del dolor y del mal, buscan respuestas a las grandes preguntas de la vida.

No podemos olvidar que toda persona siempre busca vida, sentido, felicidad, y –si puede– asegurar la plenitud de lo que experimenta en algunos momentos de su existencia.

Las dudas de Tomás me ha hecho pensar en la respuesta de Jesús resucitado: mírame, pálpame y felices quienes creerán sin haber visto.

Hoy, los cristianos, nuestras comunidades, podemos decir: ¡miradnos y veréis!

¿Y qué se debería “ver”?

Que vivimos a fondo la mejor noticia dirigida a la persona y a la humanidad: Dios nos ama tanto y se ha hecho uno de nosotros en Jesús para ofrecernos la posibilidad de vivir amando y de saborear del todo la vida, el amor y la felicidad que probamos y deseamos.

Que creemos en la resurrección, es decir, que la injusticia, el fracaso, la muerte y sus amigos han sido vencidos por la muerte y resurrección de Jesús. Y por eso nos esforzamos a transformar nuestro mundo.

Que nos amamos a semejanza de Jesús, hasta llegar al perdón de quienes nos han hecho o nos hacen daño.

Que para nosotros toda persona disfruta de la gran dignidad de ser hijo o hija de Dios…

¿Lo ven?

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 438 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.