Carta pastoral de Mons. Carlos Escribano: El don de la misericordia

Este segundo domingo de Pascua celebramos la fiesta de la Divina Misericordia que fue instaurada por san Juan Pablo II en el año 2000. El papa Francisco le dio un gran impulso con la proclamación del Jubileo de la Misericordia en el 2015.

Al terminar el año Jubilar, Francisco nos regaló una preciosa carta apostólica, Misericordia et Misera, en la que nos exhorta a acoger y vivir el don de la misericordia de Dios y a tomar conciencia de la importancia que esta tiene a la hora de renovar nuestra pastoral. Llevar adelante esta tarea evangelizadora a la que estamos llamados, que pasa por una necesaria conversión personal y pastoral, urgidas por la fuerza renovadora de la misericordia, nos debe hacer caer en la cuenta de que “la misericordia no puede ser un paréntesis en la vida de la Iglesia, sino que constituye su misma existencia, que manifiesta y hace tangible la verdad profunda del Evangelio. Todo se revela en la misericordia; todo se resuelve en el amor misericordioso del Padre” (nº 1).

Para conseguir adentrarnos con valentía en este precioso reto, Francisco nos anima a vivir con renovada centralidad la eucaristía, máxima expresión de la misericordia de Dios con su pueblo (cfr. nº 5); a acoger el don del perdón en el sacramento de la Reconciliación (cfr. nº 8); a valorar la Biblia que contiene la Palabra de Dios como expresión más genuina de la fuerza de un Dios misericordioso que anhela revelarse al hombre siendo ternura y misericordia (cfr. nº 6 y 7).

El Papa nos anima también a adentrarnos en la cultura de la misericordia, basada “en el redescubrimiento del encuentro con los demás: una cultura en la que ninguno mire al otro con indiferencia ni aparte la mirada cuando vea el sufrimiento de los hermanos” (nº 20). Es importante descubrir el carácter social de la misericordia que nos obliga a no quedarnos inmóviles e indiferentes y a suprimir de nuestro horizonte la hipocresía para que nuestros planes y proyectos no queden solo en letra muerta (cfr. nº 19). En definitiva, la fiesta de la Divina Misericordia no debe servirnos tan solo para teorizar sobre la misericordia sin dejar que esta haya calado y configurado nuestro modo de seguir a Jesús. Para ello es importante que tengamos en cuenta que estamos en el tiempo de la fantasía de la misericordia que debe dar vida a muchas iniciativas nuevas, desde la creatividad que se suscita en un corazón que ama: “estamos llamados a darle un rostro nuevo a las obras de misericordia que conocemos de siempre” (nº 19).

 Esta preciosa fiesta nos ayuda a redescubrir el don de la misericordia y tomar conciencia de su importancia en nuestra vida y en la vida de la Iglesia. ¡Os animo a vivirla llenos de la alegría pascual!

 

+ Carlos Escribano Subías

Arzobispo de Zaragoza

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.