Carta pastoral de Mons. Abilio Martínez: Tiempo de Pascua, tiempo de Manos Unidas

Queridos diocesanos: ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Pese a la contrariedad que ha supuesto la pandemia en nuestras vidas, y más en concreto en nuestra vivencia religiosa, hemos intentado vivir la Semana Santa de la manera más esencial y entrañable. No ha habido procesiones, pero sí hemos acompañado a Jesús y a la Virgen en su dolor, en su Pasión y en su Muerte. Y hoy, Domingo de Pascua le acompañamos en su Resurrección.

Con qué emoción hemos cantado el Aleluya en la Vigilia Pascual, ese grito de alegría hecho oración que surge de nuestras gargantas y de nuestros corazones. Y con qué fervor hemos encendido la llama del cirio pascual, dando a entender al mundo que Dios no pierde ninguna batalla, que la luz vence a las tinieblas, que la vida siempre vence a la muerte.

La Resurrección del Señor constituye el fundamento de nuestra fe. San Pablo llega a decir con un atrevimiento notable que “si Cristo no ha resucitado vana es nuestra predicación, y vana también vuestra fe” (1 Corintios 15, 14). La Resurrección es la fiesta principal de los cristianos.  La Pascua es la fiesta principal de los cristianos y la que da sentido pleno a nuestra fe. Cristo con su Resurrección derrotó al pecado ya la muerte, y por ella los hombres de todos los tiempos y lugares hemos encontrado una nueva esperanza y una nueva vida. De ahí que creer en la Resurrección, dar gracias a Dios y alabarle, es todo uno. Nunca olvidéis que hemos sido creados y redimidos para conocer, tratar y amar a Dios.

Hay otra faceta importante de la Resurrección del Señor que hoy quiero destacar. Jesús no vino a salvar a un grupo reducido de privilegiados. ¡No! Cristo nació, vivió, murió y resucitó para revelarnos el amor universal de Dios. Todos sin excepción somos amados de Dios. Y de todos, de ti y de mí, Él espera amor. Y al decir que todos somos amados de Dios sea cualquiera nuestra condición familiar, profesional o laboral, nos ponemos delante de Dios para corresponder al amor con amor, como decía san Juan de la Cruz: “Pon amor donde no hay amor y encontrarás amor”.

Debido a la situación de pandemia y al aforo tan reducido en los templos con un máximo de 25 personas, la Delegación de Manos Unidas en Soria (junto con la Diócesis) decidió trasladar la colecta de la Campaña de Manos Unidas al domingo 11 de abril, segundo domingo de Pascua, domingo de la Divina Misericordia. A pesar de todas las dificultades, el grupo de personas que constituyen la Delegación de Manos Unidas no ha dejado de trabajar en sus dos líneas de acción esenciales: por un lado dar a conocer y denunciar la existencia del hambre, de la pobreza, sus causas y sus posibles soluciones; y por otro reunir los medios económicos necesarios para financiar los programas, planes y proyectos de desarrollo integral dirigidos a solucionar estos problemas.

El lema para esta Campaña que ya será la número 62 es “Contagia solidaridad para acabar con el hambre”. Un título provocador pero muy sugerente en estos momentos de tanto contagio, que nos estimula a compartir nuestro tiempo y nuestro dinero con aquellas personas que tienen una vida diaria con muchas dificultades, a las que hay que añadir la situación de pandemia actual. Este año, en nuestra Diócesis, hemos asumido un único proyecto. Su cuantía: 90.577 euros. Es un programa de inclusión social dirigido a niñas, jóvenes y mujeres de aldeas marginadas en Karimnagar y Jatgiityal (India).

Desde hace mucho tiempo, en estos remotos lugares de la India, las Hermanas Adoratrices están realizando una magnífica labor consiguiendo que muchas niñas, jóvenes y mujeres de estas aldeas salgan de una situación de abandono, matrimonio infantil e incluso prostitución. Necesitan de nuestros bienes para seguir llevando a cabo esta tarea de formación que aleje del peligro a estas niñas y mujeres. Me consta que esta crisis sanitaria está derivando en una crisis social y económica con la consiguiente pérdida de negocios y empleos, que castiga de manera contundente a la parte más vulnerable de nuestra sociedad. Aun así, también me consta la generosidad del pueblo soriano y que juntos haremos lo posible por contribuir al bienestar de estas personas que solo pueden salir adelante con nuestra ayuda.

Queridos hermanos, el mismo día de la Resurrección, dos discípulos abandonaron Jerusalén sin esperanza alguna. Se les apareció Jesús colocándose a su lado y caminando con ellos. Al llegar a Emaús lo reconocieron al partir el pan. Y cuando el Señor se despidió le pidieron con energía y con cariño: “¡Quédate con nosotros!”. Díselo hoy tú también: que se quede contigo, con tu familia, con tus amigos, con tus vecinos, que se quede con todos nosotros, que no nos abandone nunca. ¡Quédate Señor!

Unamos nuestras manos y elevémoslas con una oración que surja del corazón: ¡Quédate con nosotros, Señor, para consolar a los que sufren, para bendecir a los que están en el lecho del dolor, para animar a los que padecen contrariedades materiales o del espíritu. Acoge en tus brazos misericordiosos a los pobres y necesitados, a los que la vida trata con dureza. Y acógenos a nosotros ahora, y de manera especial en la hora de nuestra muerte! Amén.

Con mi afecto y bendición,

† Abilio Martínez Varea
Obispo de Osma-Soria

Mons. Abilio Martínez Varea
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El obispo electo de Osma-Soria nació en Autol (La Rioja) el 29 de enero de 1964. Ingresó en el seminario diocesano de Logroño, donde estudió Filosofía y Teología entre los años 1982 y 1987. Después se trasladó a Roma, donde obtuvo la licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1989). Fue ordenado sacerdote el 30 de septiembre de 1989. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Su primer destino fue como vicario parroquial de la parroquia de San Barlotomé de Aldeanueva de Ebro (La Rioja) (1989-1994). Entre 1994 y 1996 realizó los cursos de doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca. A su regreso, fue nombrado vicario parroquial de San Pío X de Logroño. Ha desempañado los cargos de delegado de Apostolado Seglar, profesor en el instituto diocesano de Ciencias Religiosas y delegado de Enseñanza. Desde el año 2005 es vicario episcopal de Pastoral y Enseñanza.