Carta pastoral del Card. Carlos Osoro: ¿Quién nos correrá la piedra de la entrada?

¿Quién da sentido a nuestra vida? ¿Quién nos ayuda a ver ese amanecer que todos necesitamos para vivir con la alegría de saber que tenemos presente y futuro? Estos días estamos celebrando la Resurrección de Jesucristo. Es la fiesta del triunfo de la Vida sobre la muerte: Cristo ha resucitado y vive para siempre.

En esta Pascua me gustaría detenerme en tres expresiones del Evangelio: 1) «¿Quién nos correrá la piedra de la entrada del sepulcro» (cfr. Mc 16, 1-7); 2) «El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro y vio la losa quitada del sepulcro» (cfr. Jn 20, 1-20), y 3) «Jesús les salió al encuentro y les dijo: “Alegraos”. Ellas se acercaron, se postraron ante Él y le abrazaron los pies. Jesús les dijo: “No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán”» (cfr. Mt 28, 8-15).

Todo ser humano, de una forma u otra, se ha planteado «¿quién nos correrá la piedra del sepulcro?». Es decir, ¿quién da salidas, esperanza, presente y futuro? Es la pregunta que se hacen las mujeres que han tomado la decisión de ir muy temprano al sepulcro para embalsamar a Jesús, pero también la que nos hacemos todos nosotros. Estas mujeres aman a Jesús, van al sepulcro por amor al Señor, con aromas que expresan precisamente el amor que le tienen. Son las primeras en entrar al sepulcro. Su gran preocupación es la misma que tenemos nosotros: la muerte, por muchas explicaciones que busquemos, no tiene respuesta desde nosotros mismos. Ante la muerte (sepulcro), nos encontramos con la piedra enorme que la tapa y que no nos da ninguna explicación. Aquella piedra enorme que ellas habían visto y que no podían mover, resulta que ya no existe; el sepulcro está vacío. Esa piedra, que representa todas las piedras que aplastan la vida del ser humano, ya no está.

¿Quién puede curar las heridas que nos aparecen en la vida? ¿Quién nos puede librar de todas las esclavitudes que tenemos? ¿Quién puede eliminar todos los pesimismos, tristezas, derrotas y desilusiones que tenemos? ¿Quién puede abrirnos en la vida, en todos los momentos, caminos de gozo, de esperanza, de verdadero sentido? Estas son las grandes preguntas que surgen ante las piedras que tenemos, que cierran los caminos de esperanza.

Las mujeres que acuden al sepulcro, temerosas como podemos estar nosotros en esta pandemia, descubren que la piedra del sepulcro está quitada. ¿Quién la ha removido? Jesús que ha resucitado. Él es el único que puede dar sentido a la vida. Él es quien abre todas las tumbas que impiden vivir con sentido la vida humana. Aquella sorpresa que experimentan las mujeres al reconocer a Jesús resucitado es la que necesitamos también nosotros. Nos aporta paz y seguridad; nos da esperanza y luz; nadie está perdido en esta tierra.

Después, la expresión «el primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro y vio la losa quitada del sepulcro», nos recuerda que ella tenía la concepción de que, con la muerte, todo acaba. Va a visitar la tumba de un muerto. Va a buscar a quien es la Vida como si fuese un cadáver. Y encuentra la losa quitada y el sepulcro vacío. Marcha a comunicárselo a Pedro y a Juan: «Se han llevado al Señor». Salen corriendo los discípulos y se nos dice que, cuando Juan entra en el sepulcro vacío, «vio y creyó». Se encuentran con el triunfo de la Vida sobre la muerte, Cristo ha resucitado. La Resurrección de Cristo es un sí a la vida de todo ser humano. Acércate a ese sí de Cristo y verás todo de una manera absolutamente nueva.

Por último, quiero que acojamos en nuestro corazón las palabras que Jesús dice a las mujeres cuando sale a su encuentro después de la Resurrección: «Alegraos. […] No tengáis miedo: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». La invitación que nos hace el Señor a la alegría cambia nuestra vida; la tristeza, el miedo, las dificultades reales que tengamos, tienen salida.

En este sentido, en esta Pascua que ahora hemos comenzado me gustaría recordaros que:

1. Cristo resucitado rompe todas las ataduras. Alegra el corazón; nos hace cantar de gozo y mantener viva la esperanza. Nos enseña el sendero por el que tenemos que ir y nos sitúa como testigos suyos en este mundo.

2. Cristo resucitado vacía los sepulcros; ya no hay muerte. Cuando Jesús sale a nuestro encuentro y nos dejamos encontrar por Él, produce alegría y nos quita miedos. Nos hace acercar la vida a Él, postrarnos en su presencia y dejarnos abrazar por Él.

3. Cristo resucitado llena nuestras vidas de sentido y de verdad. Elimina la mentira desde la que muy a menudo vivimos, sin querer reconocer la verdad que Cristo nos ha regalado en su Resurrección como aquellos que decían que los discípulos habían robado su cuerpo.

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos, Cardenal Osoro Sierra
Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.