Carta pastoral del Card. Juan José Omella: «La Pascua, núcleo de la fe cristiana»

La resurrección de Jesús pertenece al núcleo de la fe cristiana, al igual que la pasión y la cruz. Así consta en el Credo o Símbolo de la fe, que desde los primeros tiempos de la Iglesia profesan los que reciben el sacramento del bautismo.

El jesuita y teólogo francés Bernard Sesboüé publicó un libro en el que, con un lenguaje muy asequible, comenta el Credo a los hombres y las mujeres de nuestro tiempo. En este libro titulado Creer: invitación a la fe católica para las mujeres y los hombres del s. XXI (Ed. San Pablo), el sacerdote francés afirma que «se ha podido definir al cristiano como el que cree en Jesucristo resucitado de entre los muertos». Y añade: «no es necesario subrayar el carácter provocador de tal afirmación, que contradice la experiencia más universal, la del carácter irreversible de la muerte». En efecto, si bien algunos dicen: «nadie ha vuelto nunca del cielo para explicárnoslo», la fe cristiana proclama lo contrario: sí, un hombre ha vuelto, Jesús de Nazaret, y su resurrección es promesa de la nuestra.

El padre Sesboüé, que fue miembro de la Comisión Teológica Internacional, se pregunta en su libro si hoy es posible la fe en la resurrección. ¿Sigue teniendo el hombre moderno capacidad para creer en la resurrección? ¿Forma parte este misterio de lo «creíble disponible» de nuestro tiempo? Y tras un análisis de las circunstancias y de los testigos de este gran acontecimiento, recurre a una sentencia bellísima que escribió san Ireneo de Lyon en el siglo II: «La gloria de Dios es que el hombre viva».

Estas palabras se cumplen en la resurrección de Jesús. Dios quiso que Jesús alcanzara una vida plena y gloriosa, en la que ya no pudiera conocer la muerte, y esto para que todo hombre viviera eternamente la vida nueva inaugurada por Cristo. En esto pone Dios Padre su gloria, es decir, su belleza. La belleza de la cruz, de dramática pasa a ser radiante y serena.

La resurrección de Jesús es promesa de la nuestra. Nos da la imagen de lo que estamos llamados a ser. De lo que entendemos cuando hablamos de salvación, porque estar salvados es vivir, vivir intensamente y para siempre una vida de amor. Jesús resucitado anticipa lo que nos espera: viviremos en Dios eternamente. Su destino será el nuestro.

El padre Bernard Sesboüé no olvida que esta esperanza siempre tendrá quien la contradiga. Por eso, añade que esta promesa no es «el opio del pueblo», sino que es un don real que moviliza todas las energías humanas para la construcción de una sociedad justa, libre y fraterna.

La resurrección de Jesús es, en fin, una declaración de amor de Dios a los hombres. Sesboüé hace suyas las palabras de santa Teresa del Niño Jesús cuando dice que «ahora Dios nos mira a través del rostro de su Hijo».
Queridos hermanos y hermanas, este domingo de Pascua de Resurrección, me despido con el saludo pascual tradicional que se intercambian los cristianos en Oriente: «Cristo ha resucitado. Realmente ha resucitado». Que la serena y profunda alegría de la Pascua nos acompañe a todos.

† Card. Juan José Omella

Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.