Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo i Artigas: No temáis. ¡Jesús ha resucitado!

Hoy, tanto en los momentos personales como eclesiales y sociales, es necesario que resuene con toda su fuerza el anuncio de la Pascua: ¡no temáis, porque Jesús ha resucitado!

Las mujeres que acompañaban a Jesús fueron tan pronto como les fue posible a ver el sepulcro, a lamentarse por el Señor, a soñar aquello que habría podido ser y no había sido. Creían que eso era lo último que podían hacer por él. Todas las ilusiones, esperanzas y experiencias que había hecho nacer en sus corazones se habían acabado.

Esta actitud puede ser también muy actual. Nosotros recordamos ciertamente a Jesús y lo amamos, pero quizás como a alguien que ha muerto. Muy a menudo –demasiado a menudo– parece que también nosotros visitamos a Jesús, lo recordamos… pero como si continuara muerto.

A semejanza de aquellas mujeres, también nosotros nos lamentamos y vamos enterrando ilusiones y esperanzas: ¡cuántas reuniones y comentarios en que damos casi por muerta la fe cristiana! Existe la percepción de que seguimos a Jesús, ciertamente, pero como si nuestra fe consistiera solo en el recuerdo y en el homenaje a un gran hombre. Recordamos su doctrina y dejamos que nos guíe, porque es la de un gran maestro. Nos admira su vida entregada a los demás, su fortaleza… pero como si fuera la de un Jesús del pasado.

Concreto mi reflexión. Nos contemplamos a nosotros, vemos el mundo con todo su mal y sufrimiento… recordando a Jesús, pero como muerto, como ausente de este mundo y de esta historia. Parece que la historia de la humanidad continúe exactamente igual que antes de la muerte y resurrección de Jesús. Bueno, quizá no tan igual, porque la Iglesia en cada época lo ha recordado y lo ha hecho presente. Pero el mal, la violencia, la muerte, la injusticia, la guerra… han continuado.

La Buena Nueva de Jesús, la causa por la cual vivió y murió, parece el sueño de unos ilusos que, cansados de los fracasos, regresamos a llorar al sepulcro de Jesús, y parece como si se nos invitara a encerrarnos en las sacristías porque aparentemente no tenemos ninguna fuerza para cambiar a las personas y, por medio de ellas, al mundo.

Está claro que seguimos el camino de la cruz cada día, pero ¡parece tan difícil tener experiencia de la resurrección! De aquí que la primera actitud de la Pascua sea dejarse interpelar por el anuncio: “Buscad al crucificado, ha resucitado”.

Este es el gran anuncio, es la Pascua. Este hecho cambia la vida y la historia. Es el cimiento de toda esperanza.

¿Vamos a creer que Jesús continúa muerto y ausente de la historia?

¿Vamos a creer que el Evangelio, como Buena Nueva del amor de Dios que levanta y salva a las personas, ha fracasado y no tiene futuro?

¿Vamos a creer que la humanidad está perdida?

¡Pues no! Afirmar y creer que ha resucitado es la convicción de que Jesús tenía y tiene toda la razón con lo que dijo, hizo y vivió. Él es la Vida. La muerte y todos sus amigos han sido vencidos radicalmente.

Jesús continúa plenamente vivo, y su Evangelio de salvación sigue vigente. La historia la conduce Él mismo, y se acabará con Él.

El deseo de salvación, la causa de la dignidad de toda persona, están más asegurados que nunca. Su causa –que es la causa del hombre y de la humanidad, de la liberación total y para siempre– está muy viva, y es Él mismo quien la impulsa, de forma que ahora y aquí la podemos saborear.

¡Santa y gozosa Pascua de Resurrección!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 460 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.