Carta pastoral de Mons. Celso Morga: Semana Santa, la celebración del amor

Queridos fieles:

Se acercan los días de la Semana Santa, en los que el Dios-Amor se nos revela en toda su plenitud. La Cruz de Cristo, su Corazón traspasado de amor por nosotros, nos conmueve y nos impulsa a responder con amor: «Amor con amor se paga». Toda la revelación cristiana es descubrirnos que el secreto de nuestra humanidad está en que somos amados por Dios y en que debemos amarle apasionadamente y amar apasionadamente a nuestros hermanos y hermanas en Él.

La revelación cristiana es como una guía magistral que nos descubre quiénes somos en realidad; de qué pasta estamos hechos; de dónde venimos; para qué estamos en este mundo; cuál es nuestro futuro… Y todo se resume en una palabra: Amor. “Dios es Amor” y hemos sido creados por amor y para vivir el amor. ¡Qué maravilla que podamos celebrarlo cada año, sobre todo en la fiesta de la Navidad y en la Semana Santa!

Pero la celebración comporta una exigencia muy concreta. Aceptar el Dios-Amor y anunciar el Dios-Amor hace que el empeño de amarse no pueda considerarse como algo bueno, pero secundario. La Iglesia, desde sus mismos inicios, ha sentido esta exigencia y, de distintas formas y modos, se ha prologado a la largo de su bimilenaria historia. Un cristiano, una cristiana coherente no puede resignarse ante las injusticias, ante los odios, ante la destrucción. Trabajar por una distribución justa de los bienes de la tierra; trabajar a fin que la cultura pueda llegar a todos; edificar una sociedad sin fanatismos; dar a conocer al Dios-Amor… Todo ello está en el centro del corazón del cristiano. Cristo continuamente nos invita a que pongamos en práctica su “mandamiento nuevo”. Promover la caridad social concierne a todos como tarea personal y de toda la Iglesia. El Concilio Vaticano II nos recuerda que «el cristiano que falta a sus deberes con el prójimo (…..), falta sobre todo a sus deberes con Dios» (GS, n.30). El amor cristiano abarca al hombre en su integridad, corporal y espiritual. La actividad caritativa cristiana ha de tener una peculiaridad específica, que no puede perderse ni diluirse en una filantropía puramente humana, buena pero insuficiente para cumplir la misión que Cristo nos encomendó. Como decía el papa Benedicto XVI: «solamente sobre las bases de un compromiso cotidiano de acoger y vivir plenamente el amor de Dios se puede promover la dignidad de cada ser humano(…). Sin un fundamento trascendente, sin una referencia a Dios creador, sin la consideración de nuestro destino eterno, corremos el riesgo de caer en manos de ideologías dañinas» (Discurso a la Caritas Internationalis, 27.V.2011).

No se puede negar que la historia confirma estas palabras del Papa emérito. Que pongamos el amor de Dios en el centro de toda nuestra actividad dirigida al bien de nuestros hermanos, tanto a nivel personal como institucional. De lo contrario, a la larga fallaremos; no será ya un amor cristiano.

+ Celso Morga Iruzubieta
Arzobispo de Mérida-Badajoz

Mons. Celso Morga Iruzubieta
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Mons. Celso Morga Iruzubieta nació en Huércanos, La Rioja, el 28 de enero de 1948. Completó sus estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Logroño y fue ordenado sacerdote el 24 de junio de 1972. Posteriormente, cursó la licenciatura en Derecho Canónico en la Universidad de Navarra, donde obtuvo el Doctorado en 1978.morga_iruzubieta_celso Más tarde desarrolló su labor pastoral en diversas parroquias de La Rioja y fue vicario judicial adjunto del Tribunal Diocesano entre 1974 y 1980. Ese año se trasladó a Córdoba (Argentina) para impartir la docencia de Derecho Canónico en el Seminario Archidiocesano. También ejerció de juez en el Tribunal Eclesiástico y de capellán de un colegio religioso. A su regreso a España en 1984, le nombraron párroco de San Miguel, en Logroño, y en 1987 fue llamado a Roma para trabajar en la Congregación para el Clero, el dicasterio vaticano que se ocupa de los asuntos que se refieren a la vida y ministerio de 400.000 sacerdotes católicos en todo el mundo. Allí ha trabajado de jefe de Sección y, desde noviembre de 2009, de subsecretario, cargo que ha ocupado hasta su nombramiento de secretario y Arzobispo titular de Alba Marítima, siendo ordenado obispo por el Papa Benedicto XVI en la Basílica de San Pedro el día 5 de febrero de 2011. Además de su responsabilidad en la Curia Romana, Mons. Celso Morga ha desarrollado una intensa labor pastoral en diversas parroquias de la capital italiana, entre ellas la parroquia de los Santos Protomártires Romanos. Es autor de algunos libros de teología espiritual y ha publicado varios trabajos sobre la vida y el ministerio de los sacerdotes, en L’Osservatore Romano y otras revistas. En la Conferencia Episcopal Española es miembro, desde noviembre de 2014, de la Comisión Episcopal del Clero.