25 aniversario de la Exhortación Apostólica Vita Consecrata

Carta del cardenal João Braz de Aviz, Prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, en el 25 aniversario de la publicación de la Exhortación Apostólica de San Juan Pablo II «Vita Consecrata». En el documento el Prefecto se dirige a los consagrados y consagradas para que sigan siendo «testigos de la belleza», despertando en los demás la atracción por lo que es bello y verdadero, en primer lugar el rostro de Dios

«Los consagrados y consagradas tienen el reto en primera persona de despertar en todos, el sentido de la esperanza», especialmente «en este momento dramático», no sólo por la pandemia, «sino sobre todo por sus consecuencias que nos tocan de cerca en los acontecimientos cotidianos de la comunidad civil y eclesial». El cardenal João Braz de Aviz, prefecto de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, lo recordó a todos los religiosos en una carta conmemorativa del 25º aniversario de la Exhortación Apostólica Vita Consecrata de San Juan Pablo II

En la carta dirigida a los consagrados y consagrados el Cardenal Braz de Aviz, recuerda que en “este momento dramático nos sentimos solidarios con todos los hombres «en la tribulación y en la perseverancia» no sólo por el acontecimiento pandémico, sino especialmente por sus consecuencias, que nos afectan de cerca en los asuntos cotidianos de la comunidad civil y eclesial”, por tanto, les recordó que “están llamados personalmente a despertar en todos, el sentido de la esperanza”.

El prefecto recuerda el momento histórico en el que fue publicada la Exhortación, el 25 de marzo de 1996 como fruto de la reflexión de la Novena Asamblea del Sínodo de los Obispos en octubre de 1994, eran “tiempos de gran incertidumbre, en una sociedad líquida, con identidades confusas y pertenencias débiles. Sorprende, pues, la certeza con la que se define la identidad de la vida consagrada, una identidad basada en la Trinidad, porque es «icono de Cristo transfigurado”, afirmó.  Es una forma original de entender la vida consagrada que integra «lo divino y lo humano, percibiendo ese vínculo misterioso y luminoso entre el ascenso y el descenso, entre la altura trascendente y la inmersión kenótica en las periferias de lo humano, entre la belleza sublime a contemplar y la pobreza dolorosa a servir».

La fuerza de la relación

El prefecto escribe que “la vida consagrada se construye enteramente en torno a la idea de relación, relación generada en y por el Misterio de Dios, la comunión trinitaria. Una salvación que pasa por la vida de uno que se hace cargo del otro. Un testimonio que no es singular, sino de una fraternidad que vive lo que anuncia y lo disfruta. Una santidad que es comunitaria, de pobres pecadores que comparten y se dan misericordia y comprensión cada día”.  Una consagración, afirmó, que no se “opone a los valores del mundo y a la sed universal de felicidad”, sino que explica al mundo el poder humanizador que provoca el “ser pobre, casto, obediente” y como una “verdadera ecología del ser humano, da sentido y equilibrio a la vida, armonía y libertad en la relación con las cosas, salva de todos los abusos, crea fraternidad, da belleza… El Cardenal explicó que “hoy la vida consagrada se siente más «pobre» que en el pasado, pero vive -por gracia- mucho más en relación con la Iglesia y el mundo, con los que creen y con los que no creen, con los que sufren y están solos”.

Los sentimientos del Hijo

La Exhortación al hablar sobre la formación de los consagrados es a través no una relación cualquiera, sino una “que alcanza un contacto tan intenso y profundo como para redescubrir en sí mismo la sensibilidad del Hijo, a su vez imagen y encarnación de la sensibilidad del Padre. En efecto, los cristianos creemos en un Dios sensible: oye el gemido del oprimido y escucha la súplica de la viuda; sufre con el hombre y por el hombre. Queremos creer que la vida consagrada, con sus múltiples carismas, es precisamente la expresión de esta sensibilidad. Se podría decir que cada instituto subraya con su propio carisma un sentimiento divino particular. Precisamente por ello, la formación se presenta en la Exhortación como un proceso que conduce en esta dirección: experimentar las mismas sensaciones, emociones, sentimientos, afectos, deseos, gustos, criterios electivos, sueños, expectativas, pasiones… que el Hijo-Servo-Cordero”.

Se trata además de “una formación integral, construida sobre la roca del amor eterno que hace libres, forma personas integrales que han aprendido a evangelizar su sensibilidad, a amar a Dios con un corazón humano y a amar al hombre con un corazón divino.  Será una formación que se prolongue en el tiempo, durante toda la vida”.

El encanto de la belleza

La persona consagrada está entonces «llamada a ser testigo de la belleza». Si Dios es bello y el Señor Jesús «es el más bello entre los hijos del hombre», escribe el cardenal Braz de Aviz, «entonces ser consagrado a él es bello». Una vía pulchritudinis, que «parece la única manera de llegar a la verdad, o de hacerla creíble y atractiva». Bello debe ser «el testimonio y la palabra ofrecida, porque bello es el rostro que anunciamos», y así debe ser «la fraternidad y el ambiente que se respira». Hermosos deben ser «el templo y la liturgia, a los que todos están invitados, porque es hermoso orar y cantar las alabanzas del Altísimo y dejarse leer por su palabra», «nuestro ser vírgenes para amar con su corazón, nuestro ser pobres para decir que él es el único tesoro, nuestro obedecer su voluntad de salvación e incluso entre nosotros para buscarlo a él solo». Es hermoso «tener un corazón libre para acoger el dolor de los que sufren para mostrarles la compasión del Eterno» y «hasta el entorno debe ser bello, en la sencillez y la sobriedad creativa», «para que todo en la vivienda revele la presencia y la centralidad de Dios».

Por último el Prefecto de la Congregación dijo que la Exhortación puede seguir alimentando la fidelidad creativa de las personas consagradas, que es la columna vertebral de la vida consagrada en el tercer milenio. Responder a los desafíos que provienen de la Iglesia y de la sociedad actual implica crecer en significación evangélica: «No podemos -exhorta el papa Francisco- quedarnos en la nostalgia del pasado ni limitarnos a repetir las cosas de siempre, ni en las quejas de cada día. Necesitamos la paciencia valiente para caminar, para explorar nuevos caminos, para buscar lo que el Espíritu Santo nos sugiere.  Y esto se hace con humildad, con sencillez, sin gran propaganda, sin gran publicidad» (Francisco, Homilía, 2 de febrero de 2021)”.

(Patricia Ynestroza-Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

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