Carta pastoral de Mons. Enrique Benavent: Semana Santa

El domingo de Ramos empezamos la Semana Santa. Este año, por las circunstancias, no podremos celebrar las procesiones que llenan de religiosidad las calles de nuestras ciudades, pero sí tendremos en las iglesias los actos litúrgicos que corresponden a este tiempo. Durante toda esta semana conmemoramos la muerte del Señor. Las celebraciones son sobrias y, a la vez, ricas en gestos y símbolos, algunos de los cuales no se vuelven a repetir a lo largo del año, como la postración silenciosa del celebrante al inicio de la celebración del Viernes Santo y el rito de la adoración de la Cruz, en el cual somos invitados a mirar el árbol donde murió lo Salvador del mundo.

Cuando a lo largo de estos días recordamos al Crucificado nos invaden dos sentimientos: asombro al verlo tan desfigurado por las torturas que ha recibido de manos de toda la humanidad; y admiración por cómo ha aceptado ese sufrimiento, tomando sobre sí nuestros dolores y muriendo por nuestras faltas, y todo sin obrar con violencia ni tener en los labios la perfidia.

¿Por qué el mundo se sobrecoge ante la Cruz de Cristo? El Concilio Vaticano II recuerda que el ser humano es capaz de lo mejor y lo peor. En la Cruz de Jesucristo se descubre lo peor que puede salir del corazón del hombre. Lo vemos en los relatos de la pasión que estos días escucharemos y meditaremos: los interrogatorios de los sumos sacerdotes, el juicio por parte del procurador romano, las torturas… Todo nos lleva a preguntarnos ¿Cómo es posible que las personas podamos llegar a tanta crueldad? Cuando pensamos de lo que somos capaces, no podemos hacer otra cosa que sobrecogernos.

¿Por qué el mundo se admira cuando contempla el Crucificado? Porque en Él resplandece lo mejor que hay en el corazón del hombre. De hecho, en la pasión según san Juan, que escucharemos el Viernes Santo, veremos cómo Pilatos presenta a Jesús al pueblo diciendo: “aquí tenéis el hombre”. Sin saberlo, Pilatos nos ha dicho una gran verdad: Jesús es el hombre perfecto; el hombre en el que no hay ningún mal; el hombre que solo sabe hacer el bien; el hombre que se ha mantenido en fidelidad a Dios.

Nos sobrecogemos porque se pone de manifiesto lo que somos capaces de hacer los hombres. Y nos admiramos porque ese condenado a muerte ha respondido a la injusticia de su condena sin ninguna violencia y, además, perdonando. Su respuesta al mal ha sido continuar haciendo el bien.

La Carta a los Hebreos nos enseña que Jesús, por su pasión “se ha convertido en fuente de salvación eterna” (He 5,9). De su costado abierto brota la sangre y el agua que simbolizan todas las bendiciones que nos vienen por su muerte. Por eso la liturgia de estos días es toda ella una invitación a la plegaria para que la gracia de la Redención que nace del costado abierto de Salvador llegue a toda la humanidad. En esta plegaria, este año recordemos especialmente a quienes más han sufrido o están sufriendo por la pandemia.

Que estos días sean para todos una ocasión de reencontrarnos con el Señor.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.