Carta pastoral del Card. Antonio Cañizares: Octavo Aniversario como Papa, de Francisco: ¡gracias!

El día 13 se cumplieron ocho años de la elección del Papa Francisco. El día 19, fiesta de San José, se cumplirán los mismos años del inicio solemne de su pontificado. Ya lo hemos felicitado pública y privadamente con este motivo y le hemos deseado todo lo mejor y prometido nuestra oración que siempre humildemente nos pide. De nuevo damos gracias a Dios por haber elegido –porque, como todos los Papas una elección de Dios– al Papa Francisco. Damos gracias a Dios, porque nos ha dado a un hombre sencillo, humilde, cercano, entrañable; un hombre de fe muy honda y viva; por eso su humildad, que es un caminar en verdad y en caridad. Sólo su experiencia profunda de Dios, su espiritualidad ignaciana y filialmente mariana, pueden dar razón de su sencillez, de su humildad, y de su gran delicadeza en el trato.

Agradecemos que eligiese el nombre de Francisco el de Asís. Es muy significativo este nombre y le define en estos ocho años. Todos reconocemos el valor que tiene la figura de San Francisco de Asís. Necesitamos en la Iglesia y en el mundo un San Francisco: pobre, sencillo, despojado de todo, humilde, enamorado de Jesucristo, discípulo fiel de Jesucristo, cuyo retrato es el que nos dejó en las bienaventuranzas, siervo y servidor, sin poder. Necesitamos un hombre de las bienaventuranzas, que confía plenamente en Dios, que pone toda su confianza en Dios, y no en poder alguno ni en las propias fuerzas, medios o riquezas. Un hombre que sigue a Jesús como únicamente se le puede seguir: con la cruz, abrazado a la cruz. Un hombre que destila la alegría de la Buena Noticia del Evangelio, del amor y de la misericordia de Dios que se nos da en Jesucristo. Necesitamos un Francisco de Asís, libre con la libertad evangélica, la libertad de la verdad que se encuentra en Jesucristo, hermano nuestro que trae la paz y la alegría, la esperanza, la salvación que es todo el amor desbordante de Dios. Hace falta un Francisco de Asís que, conforme a su visión en la Iglesia de San Damián, sienta la urgencia de reconstruir y edificar en fidelidad la Iglesia, porque la ama con todo su corazón y se siente en comunión plena con ella, para que aparezca con toda la transparencia de la santidad y se muestre ante los hombres con la claridad y el esplendor de la Luz que recibe de donde únicamente se encuentra esa luz: Jesucristo, que ilumina a todos los hombres que vienen a este mundo. Una Iglesia reformada como Dios la quiere y como Él la hace, es decir, como obra suya. Nos hace falta descubrir el testimonio y la enseñanza de un Francisco de Asís para descubrir la maravilla del Creador y de la creación que es obra suya. Así era San Francisco. Por eso el elegir el nombre de “Francisco”, para mí fue y está siendo todo un signo: signo de cómo es nuestro Papa, signo de su misión y de su proyecto, signo de lo que Dios quiere, signo de la elección de Dios, y del futuro de la Iglesia en estos tiempos de inclemencia.

La situación del mundo es una verdadera encrucijada en la que están en juego la afirmación de Dios e inseparablemente la afirmación del hombre. Vivimos momentos cruciales en el mundo y en la Iglesia y son muchos los problemas y desafíos. Pero el más hondo de todos ellos es que Dios desaparece del horizonte de los hombres y con el apagarse de la luz que proviene de Dios, la humanidad se ve afectada por la falta de orientación, cuyos efectos destructivos son cada vez más manifiestos. Por eso, y ante este problema fundamental y primero de la humanidad en estos momentos, la prioridad que está por encima de todas es hacer presente a Dios en este mundo y abrir a los hombres el acceso a Dios. No a un dios cualquiera, sino al Dios que habló en el Sinaí, al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor llevado hasta el extremo, en Jesucristo crucificado y resucitado: Dios que se nos ha revelado como Padre, y envía su Hijo al mundo para hacernos hijos suyos y todos hermanos; Dios que en su Hijo, se rebaja, no pasa de largo de nuestras múltiples heridas y nos cura como el Buen Samaritano. Conducir a los hombres hacia Dios, hacia el Dios revelado en la Biblia, el que hemos visto y palpado en el rostro humano, esto es, en la humanidad de su Hijo único, ésta es la prioridad suprema de la Iglesia, consiguiente del Sucesor de Pedro en este tiempo. Ahí radica tanto el impulso urgente y decidido de una nueva evangelización para la transmisión de la fe y de la paz en el centro y en la base de la Iglesia y de su actuación la Palabra de Dios y la Eucaristía, la liturgia, la adoración y la oración. Creo que todo esto es lo que encontramos y se nos ha dado en el Papa Francisco, como hemos podido apreciar y gozar en su último viaje apostólico a Irak. Así es el Papa Francisco, un pastor conforme al corazón de Dios, un hombre de Dios, hermano de todos, que nos pide a todos edificar la casa común como hermanos, trabajador incansable en favor de la paz, del encuentro entre los hombres y las religiones, y un fiel hijo de San Ignacio de Loyola, y un hermano de san Francisco Javier.

Un Pastor, Vicario de Cristo en la tierra, que al venir del “fin del mundo”, de la Hispanoamérica en el sur, viene reforzando a estos pueblos hermanos en su fe y en su vigor de vida cristiana, e impulsada a esa nueva evangelización que señalan los documentos de la Asamblea del Episcopado americano reunida en Aparecida, en la que tuvo tanta parte el nuevo Papa Francisco: “Aparecida” ha impulsado la gran misión continental, que ahora se ve reforzada por el Papa Francisco. Ha traído también nuevos aires en la Iglesia y habrá un renacer en la esperanza; como se está viendo ya al Papa, como el Papa de “los pobres, los últimos, que son evangelizados”. Creo que la nueva evangelización a la que Francisco apela ha de verse acompañada de la cercanía de la Iglesia a los más pobres, a los que sufren, a los que están destrozados, a los débiles, a los jóvenes… Así lo percibimos en este Papa que, por su sencillez y su cercanía a los sencillos, muestra ese rostro de Dios misericordioso que ama con amor de predilección a los pobres y sencillos.

Que Dios guarde y acompañe y bendiga al Papa Francisco, y que él nos bendiga a todos, a los españoles, a los valencianos, a los más pobres, vulnerables y necesitados de la paz interior y exterior. Le felicitamos y le acompañamos con nuestra oración, como hijos suyos obedientes

+ Antonio, Card. Cañizares
Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014