Carta pastoral de Mons. Rafael Zornoza: “Guardar a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás”

Dentro del Año de San José proclamado por el Santo Padre, nos acercamos ya a su Solemnidad. Podemos decir que San José nos enseña cómo ser hombres de Dios con toda normalidad. Fue en todo y siempre el hombre para Dios. Nadie acogió lo divino como él, y nadie respondió con tanta obediencia y generosidad. Él, que en toda circunstancia supo servir a Dios y actuar en nombre suyo, proteja a la Iglesia frente a los peligros de la hora actual. Los Evangelistas describen a San José como solícito custodio de Jesús, esposo atento y fiel, que ejerce la autoridad familiar con una constante actitud de servicio, “un santo humilde, un trabajador humilde, que fue considerado digno de ser Custodio del Redentor” (BENEDICTO XVI, Palabras al final de los Ejercicios Espirituales, 19 de marzo de 2011).

Es un ejemplo paradigmático de la nueva economía de la gracia: un varón cuya vida transcurrió en la humildad y el silencio, pero permitió a Dios hacer cosas grandes por su medio, y mereció oír de los labios del Hombre-Dios el dulce nombre de padre. Este protector, miembro singular de la Sagrada Familia, quedará para siempre relacionado con la defensa de la familia, más valioso aún en nuestra sociedad donde la muerte del padre eclipsa a la vez el papel de Dios como Padre, donde la autonomía individual elude la fraternidad y la responsabilidad con el otro. Fue modelo de padre y esposo virtuoso. Los que estáis casados, mirad el amor de José a María y a Jesús; los que os preparáis al matrimonio, respetad a vuestro futuro cónyuge como hizo José, porque San José revela el misterio de la paternidad de Dios sobre Cristo y sobre cada uno de nosotros.

San José nos enseña ante todo a guardar a Cristo en nuestra vida, para guardar a los demás, y de este modo proteger, custodiar, preservar, acompañar, atender, vigilar y cuidar. Como dice el Papa Francisco, la Iglesia necesita la mirada cercana para contemplar, conmoverse y detenerse ante el otro, cuantas veces sea necesario. Para ello San José nos llama ahora a salir de nosotros mismos, nos invita a ampliar el círculo de nuestras relaciones, incluso más allá de nuestras fronteras, reencontrándonos con los más empobrecidos y vulnerables, con los emigrantes y necesitados

José, el carpintero de Nazaret también vivió momentos difíciles marcados por la incertidumbre, la incomprensión o la escasez. En estas situaciones el hombre elegido por Dios como custodio y protector de su Hijo desplegó la obediencia de la fe, al igual que sus antepasados Abrahán o David. El primer mérito de san José es haber creído. Con toda propiedad el evangelio le califica y define como el hombre justo (Mt 1, 19). Siempre sereno, siempre flexible a la voluntad de Dios, como la caña que se dobla al soplo del viento sin romperse. ¡Cuántos cambios de residencia, de situación, de oficio! Hermanos: mirad a José, imitadle para ser flexibles, con disponibilidad a los planes de Dios. En todas partes estaréis a gusto, con gozo y alegría, trabajando con toda el alma. El fue obediente, trabajador, desinteresado, y nos sigue diciendo hoy que se puede ser importante sin recibir ninguna condecoración, y que es posible ser grande como un leal colaborador, sin pasar por encima de los demás ni infravalorando a cuantos tenemos a nuestro lado.

Los acontecimientos penosos de la pandemia que sufre nuestra sociedad nos animan aún más a buscar ahora su protección como poderoso intercesor en este tiempo de desolación, a quien Dios mismo puso como consuelo y protector haciendo las veces de padre de Jesús en la tierra. Acudamos a su intercesión para parecernos más a él. Decía Santa Teresa de Jesús que “a este santo lo puso Dios para socorrer todas las necesidades”. Oremos, pues, por sus devotos y por nuestra diócesis. Que nos proteja en nuestras necesidades, en la pandemia –sobre todo a los moribundos—, y en cualquiera de nuestros afanes; recordemos especialmente a cuantos no tienen trabajo y pasan necesidad. También a los padres, educadores, sacerdotes y seminaristas, para que realicemos con fidelidad la tarea que la Providencia nos ha asignado. Que san José nos obtenga amar a la Iglesia con entrega plena y ayude a todos los cristianos a hacer con confianza y amor la voluntad de Dios, colaborando así al cumplimiento de la obra de salvación.

+ Rafael Zornoza

Obispo de Cádiz y Ceuta

Mons. Rafael Zornoza
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RAFAEL ZORNOZA BOY nació en Madrid el 31 de julio de 1949. Es el tercero de seis hermanos. Estudió en el Colegio Calasancio de Madrid con los PP. Escolapios, que simultaneaba con los estudios de música y piano en el R. Conservatorio de Madrid. Ingresó en el Seminario Menor de Madrid para terminar allí el bachillerato. En el Seminario Conciliar de Madrid cursa los Estudios Teológicos de 1969 a 1974, finalizándolos con el Bachillerato en Teología. Ordenado sacerdote el 19 de marzo de 1975 en Madrid fue destinado como vicario de la Parroquia de San Jorge, y párroco en 1983. Impulsó la pastoral juvenil, matrimonial y de vocaciones. Fue consiliario de Acción Católica y de promovió los Cursillos de Cristiandad. Arcipreste del Arciprestazgo de San Agustín y miembro elegido para el Consejo Presbiteral de la Archidiócesis de Madrid desde 1983 hasta que abandona la diócesis. Es Licenciado en Teología Bíblica por la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, donde también realizó los cursos de doctorado. Preocupado por la evangelización de la cultura organizó eventos para el diálogo con la fe en la literatura y el teatro e inició varios grupos musicales –acreditados con premios nacionales e internacionales–, participando en numerosos eventos musicales como director de coros aficionados y profesor de dirección coral. Ha colaborado además como asesor en trabajos del Secretariado de Liturgia de la Conferencia Episcopal. En octubre de 1991 acompaña como secretario particular al primer obispo de la de Getafe al iniciarse la nueva diócesis. Elegido miembro del Consejo Presbiteral perteneció también al Colegio de Consultores. Inicia el nuevo seminario de la diócesis en 1992 del que es nombrado Rector en 1994, desempeñando el cargo hasta 2010. Ha sido profesor de Teología en la Escuela Diocesana de Teología de Getafe, colaborador en numerosos cursos de verano y director habitual de ejercicios espirituales. Designado por el S.S. el Papa Benedicto XVI obispo titular de Mentesa y auxiliar de la diócesis de Getafe y fue ordenado el 5 de febrero de 2006. Hay que destacar en este tiempo su dedicación a la Formación Permanente de los sacerdotes. También ha potenciado con gran dedicación la pastoral de juventud, creando medios para la formación de jóvenes cristianos, como la Asociación Juvenil “Llambrión” y la Escuela de Tiempo Libre “Semites”, que capacitan para esta misión con la pedagogía del tiempo libre, campamentos y actividades de montaña. Ha impulsado además las Delegaciones de Liturgia, Pastoral Universitaria y de Emigrantes, de importancia relevante en la Diócesis de Getafe, así como diversas iniciativas para afrontar la nueva evangelización. Pertenece a la Comisión Episcopal de Seminarios de la Conferencia Episcopal Española –encargado actualmente de los Seminarios Menores– y a la Comisión Episcopal del Clero. Su lema pastoral es: “Muy gustosamente me gastaré y desgastaré por la salvación de vuestras almas” (2Cor 12,13). El 30 de agosto de 2011 se ha hecho público su nombramiento por el Santo Padre Benedicto XVI como Obispo electo de Cádiz y Ceuta. El 22 octubre ha tomado posesión de la Diócesis de Cadiz y Ceuta.