Mons. Hernández Sola: «lo más importante de la vida pastoral es amar a la gente»

El 29 de enero de 2011, Mons. Eusebio Hernández Sola, era nombrado obispo de la diócesis de Tarazona y el 19 de marzo de ese año se celebraba su ordenación episcopal en el Monasterio de Veruela. El próximo viernes, 19 de marzo, se cumplen, por tanto, diez años de episcopado. Habrá una eucaristía por la festividad de San José y por el aniversario de su consagración en la catedral de Tarazona presidida por él este viernes a las 19 horas. En esta entrevista nos cuenta como han sido estos diez años

¿Qué significado tiene para usted San José y que este año este dedicado a él por el Papa?

San José siempre ha sido una figura importante en mi orden porque es patrón de los Agustinos Recoletos y, por tanto, cercana a mi vida. Por ello, decidí celebrar el día de mi ordenación episcopal el 19 de marzo, día de San José. Así como él cuidó de María y de Jesús, yo quise confiarme a él para que también me custodiase, para que me acompañase en mi vida pastoral. Y ha sido providencial que el Santo Padre haya querido dedicar este año precisamente a considerar a San José patrono de la Iglesia y de cada uno de nosotros, especialmente de los sacerdotes».

-De trabajar en el Vaticano pasó a una diócesis pequeña. ¿Cómo fue el cambio?

El cambio fue significativo. Estando en Roma me tocó tratar con los obispos en las visitas ad limina y ello me permitió detectar cuales eran las situaciones que les tocaban vivir, sus problemáticas. También pude conversar particularmente con muchos de ellos y a otros los visité en sus propias diócesis por lo que ya tenía un cierto conocimiento de cómo eran sus vidas, así que de alguna manera me sirvió de ayuda para cuando llegué a Tarazona. Como digo siempre, yo soy de pueblo y volver a una ciudad pequeña, a una diócesis pequeña, no me supuso mucho problema. Siempre me he sentido cómodo.

-¿Qué balance hace de estos diez años?

Al llegar aquí no conocía a los sacerdotes ni tampoco la realidad concreta de la diócesis de Tarazona. Cuando el cardenal Marc Ouellet me propuso le dije: “Si Dios nos da una carga también nos da una gracia para llevarla adelante” y esto es lo que hice, seguir hacia adelante». He de decir que siempre me he sentido muy apoyado y acogido por mis hermanos sacerdotes desde el primer momento. Todos me recibieron con mucho cariño y seguimos manteniendo unas relaciones de gran cordialidad. Me siento muy a gusto con ellos y siempre los siento cercanos y colaboradores, lo cual ha facilitado mucho mis tareas pastorales. Por ello, puedo decir que están siendo años que han llenado mi vida sacerdotal; he conocido más de cerca la misión pastoral; he conocido más en profundidad la vida de los sacerdotes diocesanos y el mundo rural en el que vive gran parte de la diócesis. En fin, creo que amo un poco más la Iglesia que peregrina por el mundo sencillo de los pueblos y a sus gentes. Por ello doy gracias a Dios por todos estos grandes dones que me ha regalado en estos últimos diez años. Sin embargo, estos años se ven empañados duramente por la tragedia de la pandemia. Mi corazón llora de tristeza por tanto dolor, sufrimiento, muerte. Por otro lado, la gente de la diócesis es buena, sencilla y muy acogedora y, por ello, siempre me he encontrado bien. Han sido diez años muy positivos y enriquecedores.

-Si tuviera que elegir algún momento ¿con cuál se quedaría?

Si me permites, yo diría tres momentos. Como es lógico el 19 de marzo del 2011, un día muy especial para mí y para mi familia, especialmente para mi madre. Llegar a ser obispo es el culmen del sacerdocio. También destacaría las ordenaciones sacerdotales que he hecho. Creo que han sido unos 16 los sacerdotes a los que he ordenado y son instantes en los que uno siente la paternidad del obispo. Y el tercero sería la Misa Crismal que se celebra cada Miércoles Santo, tras las que tenemos el encuentro sacerdotal. Es un momento fraterno de alegría, de compartir, de celebrar, de sentirnos sacerdotes y hermanos en el sacerdocio.

-El papa Francisco es un referente para usted.

En mi servicio pastoral, en mi trabajo el que me ilumina constantemente y -sin él no sé qué hubiera hecho- es, sin lugar a dudas, el Santo Padre, el papa Francisco. Las ideas magisteriales que nos está ofreciendo me están encauzando, incluso personalmente. Él me da alas para poder hacer ciertas propuestas. Me está inspirando y motivando muchísimo en todas las decisiones que estoy tomando en mi vida pastoral, así como en mis reflexiones y comentarios que ofrezco en mis escritos, cartas y homilías; también es mi maestro para saber tratar a mis sacerdotes y al Pueblo de Dios.

-Nada más llegar usted, se abrió la catedral de Tarazona tras años de estar cerrada ¿Cómo lo vivió?

La reapertura llenó de inmensa alegría a Tarazona y ha sido uno de los momentos más bellos para todos: para la ciudad, para la diócesis porque a una diócesis sin catedral le falta el punto de convergencia ya que es el templo que unifica, que pone en relación a todas las iglesias, el centro litúrgico de toda la diócesis. Ahora tendremos que aprovechar este aniversario para que la catedral vaya adelante en cuanto a restauración porque quedan muchas cosas por hacer.

-Este último año todo ha estado marcado por el coronavirus.

No ha sido fácil porque ha sido algo imprevisto. Hemos intentado responder a esta situación. ¿Lo hemos logrado, he sido suficientemente eficiente? Es difícil saberlo. Además, coincidieron situaciones nuevas, cambios significativos dentro de la diócesis. Fueron momentos difíciles al principio de la pandemia a los que se añadió el dolor de todo lo que pasó: el no poder salir, no poder participar en reuniones, encuentros, las limitaciones del servicio ministerial de los sacerdotes, no poder atender a los feligreses, a nuestros hermanos que se estaban muriendo, o ir al cementerio y solo poder echar un responso, sin poder celebrar la eucaristía. Y siempre con el temor de que podíamos coger la enfermedad y de no conocer las consecuencias. Cuando yo lo tuve, no sabia qué me iba a pasar, también tuve miedo.

-¿Qué se ha hecho desde la diócesis de Tarazona para paliar los efectos de la pandemia?

Ante todo quiero destacar el comportamiento de los sacerdotes que ha sido ejemplar durante todo este tiempo de pandemia. Han asistido, acompañado a personas mayores, a gente que ha pasado el coronavirus, sea presencialmente o a través del teléfono. Han estado en hospitales, han llevado la comunión y se han expuesto por ayudar. Por otra parte, dada la situación económica, propuse a los sacerdotes hacer una colecta con parte de nuestro salario y respondieron muy bien. En estos días se entregará este dinero a Cáritas para que lo utilice con las personas que están sufriendo los efectos de la pandemia. Por otro lado, tampoco nos hemos olvidado de Cochabamba. Si aquí estamos padeciendo las consecuencias de todo esto, allí es más grave aún y, por ello, seguimos aportando y colaborando para solucionar los problemas que allí tienen. Tenemos que recordar que la diócesis de Tarazona continúa allí, en Bolivia. Y nos hemos servido de las redes sociales, que nos han ayudado mucho cuando los templos tuvieron que cerrarse. Gracias a ellos la eucaristía y otras celebraciones pudieron llegar a muchas personas que necesitaban ser confortadas en esta época tan complicada para todos.

-¿Sabe ya cuales son sus planes para cuando el Papa acepte su renuncia?

Mi plan es volver a la orden de Agustinos Recoletos. Siempre he vivido con ellos hasta que vine a Tarazona y ese es mi deseo, aunque todavía no sé cual será mi destino. Eso lo tendré que hablar con el provincial para ver dónde voy, pero siempre recordaré con mucho cariño a la diócesis de Tarazona. Los pueblos, los sacerdotes, la catedral siempre estarán en mi corazón. Yo no tenía experiencias pastorales fuertes, pero he descubierto que lo más importante de la vida pastoral es amar a la gente. El amor es el núcleo, la luz que ilumina todo nuestro servicio.

EUCARISTÍA EN LA S.I CATEDRAL

Para celebrar el décimo aniversario del episcopado de Mons. Eusebio Hernández Sola y la festividad de San José, la catedral de Tarazona acogerá una eucaristía el 19 de marzo, a las 19 horas. Será retransmitida por las redes sociales.

(Marta Latorre, Diócesis de Tarazona)

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