Carta pastoral de Mons. Mario Iceta: San José, el artesano en la fe y el amor

Queridos hermanos y hermanas:

Esta semana celebramos la festividad de san José: el humilde carpintero que asumió –con amor, fidelidad y entrega absoluta– el tesoro más grande que se le depositó en sus manos, el hijo de Dios.

«Con corazón de padre: así José amó a Jesús, llamado en los cuatro Evangelios “el hijo de José”». Con estas palabras, el Santo Padre comienza la carta apostólica Patris corde, en la que el Pontífice recuerda el 150 aniversario de la declaración de san José como patrono de la Iglesia Universal, para reivindicar así el valor de su figura y celebrar un año dedicado especialmente a él.

La vida de san José es un evangelio vivo, escrito –a corazón abierto– con la tinta de la fidelidad. La belleza de su vida y la bondad de sus manos hicieron de él la persona de confianza de Dios para cuidar de Jesús y de María. Por eso, adherido a esa fidelidad que redime el tiempo (Ef 5,16), desde un amor fraguado en el cuidado, se dio todo, del todo y para siempre.

San José se abandonó sin reservas en las manos del Padre, poniendo a los pies de la Divina Providencia el andar humano del Hijo de Dios. Y es que tener fe en Dios, como señala el Papa Francisco en esta carta apostólica titulada Con corazón de padre, incluye creer que «Él puede actuar incluso a través de nuestros miedos, de nuestras fragilidades y de nuestra debilidad». Al mismo tiempo, «nos enseña que, en medio de las tormentas de la vida, no debemos tener miedo de ceder a Dios el timón de nuestra barca».

Él lo hizo entregando todo cuanto tenía; porque sabía que el amor es mucho mayor que el temor, porque –con él– la humanidad de Cristo se forjó con la ayuda de este buen custodio que hacía las veces de padre. Y Dios, que nunca se deja ganar en generosidad, quiso que José entrase «en el servicio de toda la economía de la Encarnación», como una vez expresó san Juan Crisóstomo, el patrono de los predicadores.

San José, un padre amado por todo el pueblo cristiano, que une –en silencio– el Antiguo y el Nuevo Testamento. Un padre «en la ternura», «en la obediencia» y «en la acogida». Un padre «de valentía creativa», «trabajador» y «siempre en la sombra». Así lo describe el Papa Francisco, poniendo el acento en ese silencio persistente «que no contempla quejas», sino «gestos concretos de confianza».

Este año dedicado a san José, el custodio de Jesús y, por tanto, de la Iglesia, nos recuerda que solo desde el silencio de la cruz es posible amar a la humanidad entera. Porque él, despojado de sí mismo, nunca se puso en el centro. Al contrario, supo cómo descentrarse, acallando sus temores y confiando en Dios en sus angustias, para poner a María y a Jesús en el corazón de su existencia.

Y no podemos olvidar que este artesano nos enseñó a vivir en contemplación, a confiar siempre en Dios, a santificar el trabajo humilde y sencillo y a vivir el amor en pureza cristalina.

Queridos hermanos y hermanas: con san José queremos también honrar a la Virgen María, quien llenó siempre de paz el amable taller de Nazaret, y quien –en silencio, como su amado– se confió a Dios como la humilde esclava del Señor. También San José es invocado en el momento último de nuestra existencia en la tierra. A Él encomendamos a nuestros hermanos que durante este tiempo duro de pandemia han pasado a la casa del Padre. En san José experimentamos que la misericordia de Dios no tiene fin y que traspasa incluso el umbral de la muerte para conducirnos a la eternidad.

Con gran afecto, recibid la bendición de Dios deseándoos un santo tiempo de Cuaresma.

 

+ Mario Iceta Gavicagogeascoa

Arzobispo de Burgos

Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa
Acerca de Mons. Mario Iceta Gabicagogeascoa 80 Articles
Es Doctor en Medicina y Cirugía por la Universidad de Navarra (1995), con una tesis doctoral sobre Bioética y Ética Médica. Es Doctor en Teología por el Instituto Juan Pablo II para el estudio sobre el Matrimonio y Familia de Roma (2002) con una tesis sobre Moral fundamental. Es Master en Economía por la Fundación Universidad Empresa de Madrid y la Universidad Nacional de Educación a Distancia de Madrid (2004) y miembro correspondiente de la Real Academia de Córdoba en su sección de Ciencias morales, políticas y sociales desde 2004. Así mismo es miembro de la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao desde junio de 2008. Fundador de la Sociedad Andaluza de Investigación Bioética (Córdoba, 1993) y de la revista especializada Bioética y Ciencias de la Salud (1993). Ha participado como ponente en diferentes cursos y conferencias de Bioética tanto en España como en el extranjero y posee numerosos artículos en revistas especializadas en Bioética y Teología Moral, así como colaboraciones en diversas publicaciones y diccionarios. Entre sus publicaciones destacan: Futilidad y toma de decisiones en Medicina Paliativa (1997), La moral cristiana habita en la Iglesia (2004), Nos casamos, curso de preparación al Matrimonio (obra en colaboración, 2005). En el campo de la docencia ha ejercido como profesor de Religión en Educación Secundaria (1994-1997); Profesor de Teología de los Sacramentos, Liturgia y Canto Litúrgico en el Seminario Diocesano de Córdoba (1994-1997); Profesor de Moral fundamental y de Moral de la Persona y Bioética en el mismo Seminario, así como en el Instituto Superior de Ciencias Religiosas de la Diócesis (2002-2008). Profesor asociado de Teología Moral fundamental y Bioética en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra desde 2004 hasta la actualidad. Por último, también pertenece a la Subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Española.