Carta pastoral de Mons. Julián Ruiz Martorell: El grano de trigo

Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.

Solamente Jesús puede decir con autoridad: “si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto” (Jn 12,24). Son palabras que parten de una experiencia conocida en el cultivo de la tierra, pero que tienen una inmediata resonancia en la vida de Cristo y en nuestra propia existencia. Jesús está dispuesto a caer en tierra y morir para dar mucho fruto, para convertirse, Él mismo, en espiga fecunda de vida y plenitud.

Jesús se compara al grano de trigo que, precisamente cuando se rompe y muere, se transforma en espiga y da fruto. La vida viene no sólo después de su muerte, sino desde el interior mismo de su muerte. Jesús nos ofrece una conmovedora imagen del núcleo de su misión y de su mensaje. Precisamente muriendo en la cruz, se convierte en principio de salvación para toda la humanidad. Su entrega generosa, desbordante, ilimitada, rompe el cerco de la esclavitud humana y abre definitivamente el horizonte de la redención. La muerte de Jesús no es un fatal desenlace, sino una libre donación, una ofrenda de la propia vida para dar vida abundante.

El grano de trigo, al ser introducido en el surco y romperse, estalla en fruto y en vida. La existencia humana no es simplemente el viaje de regreso a la tierra de la que hemos sido formados. Hay un proceso de transformación de la tierra, regada con el sudor de nuestro esfuerzo; abonada con los nutrientes de los dones que el Señor nos concede; enriquecida con nuestra humilde, pero eficaz, colaboración; labrada con incesante dedicación; sembrada por la mano del mejor Sembrador.

Nuestros ojos están hechos para contemplar la inmensidad de las estrellas. Y esta capacidad para mirar la amplitud del horizonte es la que nos permite dejar huella cuando caminamos por los senderos de la historia. Porque mirar hacia lo alto es lo que nos permite dar pasos confiados. Y, cuando nuestra mirada se vuelve hacia la tierra, nuestros ojos están llenos de la luz de las estrellas.

Es difícil convertir las desventajas en oportunidades. Pero no es imposible. Es complicado trabajar para que los propios límites no sean obstáculos, sino plataformas para el crecimiento. Resulta fatigoso reconocer que, cuando las capacidades disminuyen, puede crecer la intensidad de la vida. Es paradójico pensar que en el inevitable morir está el germen del definitivo vivir. Porque la vida es un regalo de Dios.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

+Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Jaca y de Huesca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.