ROACO ayuda a los cristianos a no dejar Siria

Mujeres en un mercado de Siria (ANSA)

Los proyectos de ayuda humanitaria de la Santa Sede a las Iglesias orientales tienen como objetivo detener la hemorragia de fuerzas vitales de un país agotado por una guerra de diez años. Kuriacose Cherupuzhathottathil, secretario de la organización: reconstruimos escuelas, hospitales e iglesias para que Siria renazca sobre los valores de la dignidad humana y redescubra la fuerza de la convivencia religiosa.

La ROACO (Reunión de las Obras de Ayuda de las Iglesias Orientales) es el brazo operativo de la asistencia de la Santa Sede a las Iglesias orientales. Fundada en 1968 para coordinar las obras de caridad, en los últimos años ha estudiado la diáspora en Europa de las personas obligadas a abandonar sus países en guerra, los retos pastorales, la formación de seminaristas y sacerdotes in situ, la condición de los jóvenes. Se han apoyado numerosos proyectos en Siria -donde el conflicto dura ya diez años- destinados a detener la hemorragia de las energías vitales del país.

Los proyectos

ROACO recibe de las Iglesias orientales, y de las latinas en los territorios de jurisdicción de la Congregación, entre 60 y 70 proyectos al año, según explica Kuriacose, secretario de la organización. Se trata de proyectos de carácter pastoral, que implican la construcción de edificios para el culto y de otro tipo, el desarrollo social, la formación, la asistencia sanitaria, el sustento de los religiosos. Las agencias vinculadas a ROACO -como CNEWA/PMP, Misereor, Erzbistum Koeln, Missio, Kiche in Not, Kindermissionswerk, ACS– intervienen directamente en casi todos los países afectados, especialmente en Líbano, Irak y Siria, aplicando en colaboración con la Iglesia local.

El secretario de ROACO señala que en los últimos diez años se han presentado 26 proyectos desde Siria. Menciona, por ejemplo, las obras de construcción del monasterio trapense Fons Pacis en Azeir-Tartous, la ayuda humanitaria y social en la eparquía de Homs, la residencia de ancianos en Tartous, el centro de apoyo psicosocial y educativo para niños en Safita. Nos centramos en la reparación de iglesias, escuelas y hospitales destruidos por la guerra.

Invertir en el trabajo para traer de vuelta a los sirios

Una de las prioridades de ROACO en Siria es la creación de empleo: «En la próxima Plenaria, que se celebrará en junio, pondremos sobre la mesa proyectos que fomenten el trabajo doméstico y las pequeñas industrias», dice el padre Kuriacose, explicando que la intención es ayudar a los jóvenes y a las familias a permanecer en Siria y a regresar. «Siria tiene hoy un rostro herido y sangrante -subraya- y estamos llamados a ser como el buen samaritano: estar cerca de la población, acompañarla, ayudarla a curar sus heridas físicas, psicológicas y espirituales. Sin embargo, también debemos «llevar a Siria sobre nuestros hombros» para un compromiso duradero».

Garantizar la seguridad y los bienes básicos para mantener a los sirios en su lugar

«Trabajando con tanta dedicación, tenemos que dar a luz a una nueva Siria -subraya el P. Kuriacose- basada en los principios de la no violencia, el diálogo, el respeto a la dignidad humana y las libertades fundamentales, el pluralismo, la democracia, la ciudadanía, la separación de la religión y el Estado. Estos son algunos aspectos de una sociedad sana, la que soñamos para Siria. Es con esta perspectiva -continúa- que debemos trabajar porque, si no podemos sembrar estos principios en los niños, el futuro de Siria no será como deseamos. Es un pueblo que necesita seguridad, un hogar, escuelas, trabajo, hospitales, clínicas. Intentamos, tanto para los cristianos como para los musulmanes, fomentar condiciones en las que se garantice la electricidad, la comida y el agua. Lo básico para una vida digna y humana».

Preservar, en paz, el mosaico de credos y culturas

El secretario de la ROACO recuerda también que Siria es un país en el que históricamente han coexistido diferentes religiones y culturas y que, por tanto, no se debe frustrar todo este patrimonio. «Que la convivencia vuelva a florecer», es su esperanza. La presencia cristiana en Siria es muy antigua y todavía está compuesta: greco-melquitas, sirios, maronitas, caldeos, armenios y latinos. «Sabemos bien lo que la Iglesia ha hecho y sigue haciendo, a pesar de mil dificultades, en el campo de la asistencia a los enfermos y a los pobres, de la educación, a nivel cultural e incluso a nivel político», dice el religioso, que explica que las personas que pertenecen a otras religiones están agradecidas y agradecen este compromiso en beneficio de todos. «Cada proyecto muestra el amor del Papa por esta nación en la que esperamos que reine la paz y la prosperidad». Y cita las palabras del papa Francisco pronunciadas en Irak: «La fraternidad es más fuerte que el fratricidio, la esperanza es más fuerte que la muerte, la paz es más fuerte que la guerra».

Los refugiados y el sueño de ver florecer sus esperanzas

Don Kuriacose concluye con uno de los recuerdos más vívidos y queridos para él: la visita, con motivo del quincuagésimo aniversario de la fundación de ROACO, al centro de Bar Elias, en Líbano, con representantes de las Agencias. Algunas escuelas gestionadas por el Servicio Jesuita a Refugiados en las que estudian 1.600 alumnos se alojan en contenedores de madera. Hay voluntarios y sacerdotes. La luz en los ojos de estos niños», dice, «me hace esperar que un día sean ellos los que construyan el futuro de Siria». Si un día vuelvo allí, espero no encontrar ya el campamento, sino sólo las huellas de estos pequeños que han vivido una experiencia dura pero que podemos considerar como el trampolín para un futuro alegre. Hoy viven en las fronteras, pero estoy seguro de que volverán para construir el futuro de Siria desde dentro».

(Antonella Palermo – Ciudad del Vaticano, vaticannews.va)

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