Carta pastoral de Mons. Bernardo Álvarez: A los sacerdotes con motivo del Año de San José

QUERIDOS HIJOS, HERMANOS Y AMIGOS SACERDOTES:

Próxima a celebrarse ya la Festividad de San José, patrono de la Iglesia, de los Seminarios y de los padres, aparte de la carta habitual para el Día del Seminario, les escribo esta nota para poner de relieve algunos aspectos que como sacerdotes estamos llamados a tener en cuenta.

En esta ocasión, la celebración viene remarcada por el hecho de que el Papa Francisco, con motivo de cumplirse -el pasado 8 de diciembre- los 150 años de la proclamación de San José como patrono de la Iglesia Católica, ha declarado 2021 como AÑO DE SAN JOSÉ. Por ello, este año, tanto el “Día del Seminario” como el “Día del Padre”, estamos llamados a darle un carácter abiertamente relacionado con la figura de San José, al que San Juan Pablo II llamó “Custodio del Redentor”.

Como hacemos en la fiesta de cualquier santo, el mejor modo de celebrar a San José es dando gracias a Dios por los dones con que lo enriqueció, aprendiendo del ejemplo de su vida, y apoyándonos en su intercesión.

Particularmente, todos estamos llamados a imitar a San José en su misión de “custodio”. Él lo hizo, históricamente, con la familia de Nazaret y ahora, desde el cielo, de esta familia que es la Iglesia. Custodios han de ser los padres respecto de sus hijos, y custodios hemos de ser los sacerdotes en relación con los fieles a nuestro cargo, que no en vano nos dicen “padre”. Eso sí, siempre como ministros de la paternidad de Dios, que nos encomienda custodiar a sus hijos.

«Siempre que nos encontremos en la condición de ejercer la paternidad, debemos recordar que nunca es un ejercicio de posesión, sino un “signo” que nos evoca una paternidad superior. En cierto sentido, todos nos encontramos en la condición de José: sombra del único Padre celestial, que “hace salir el sol sobre malos y buenos y manda la lluvia sobre justos e injustos” (Papa Francisco).

No debemos olvidarnos nunca que somos ministros (instrumentos) de Dios para la salvación del mundo. Por un libre designio de su voluntad ha querido incluirnos en su proyecto salvífico; sin nuestra libre y efectiva disponibilidad (“incondicionalidad”, nos enseñó D. Damián), sus planes pueden quedar frustrados. Además, como nos enseñó San Pablo VI: «Los hombres podrán salvarse por otros caminos, gracias a la misericordia de Dios, si nosotros no les anunciamos el Evangelio; pero ¿podremos nosotros salvarnos si por negligencia… omitimos anunciarlo? Porque eso significaría ser infieles a la llamada de Dios que, a través de los ministros del Evangelio, quiere hacer germinar la semilla; y de nosotros depende el que esa semilla se convierta en árbol y produzca fruto» (EN 80).

En el Año Sacerdotal, Benedicto XVI no recordó que «cuando Dios decidió hacerse hombre en su Hijo, necesitaba el “sí” libre de una criatura suya. Dios no actúa contra nuestra libertad. Y sucede algo realmente extraordinario: Dios se hace dependiente de la libertad, del “sí” de una criatura suya; espera este “sí”» [12-8-2009].

Sin duda, en algo grandioso que Dios cuente con nosotros como contó con María y José, pero es también una gran responsabilidad. Tengamos siempre presente que nuestra vocación es un “precioso talento” que Dios nos ha dado y por medio del cual quiere hacer cosas grandes. Que, como San Pablo, cada uno podamos decir con verdad: «Por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no se ha frustrado en mí» (1Cor. 15, 10).

Para ayudarnos a vivir nuestra “vocación de custodios” a ejemplo de San José, contamos con magníficos documentos del Magisterio Pontificio, como “Redemptoris custos” de Juan Pablo II:

Redemptoris Custos (15 de agosto de 1989) | Juan Pablo II (vatican.va).

Más reciente es la carta del Papa Francisco, “Patris corde”, publicada con motivo de este 150 aniversario. Sin olvidarnos, además, que el propio Papa inició su pontificado el día de San José de 2013 y nos dejó una magnífica homilía sobre lo que significa custodiar. Ambos documentos son –por así decir- una guía para nuestro ministerio sacerdotal que todos estamos llamados a leer y asimilar personalmente. Se los adjunto para que lo tengan a mano y los puedan imprimir.

También les adjunto un breve mensaje que hemos preparado los Obispos de la Comisión Episcopal para el Clero y Seminarios, dirigido a los sacerdotes y seminaristas. Asimismo, les pongo el enlace de la reflexión teológica preparada por la misma Comisión para el Día del Seminario, y que nos puede ayudar mucho.

Dia-Seminario-Reflexion-Teologica.pdf (conferenciaepiscopal.es).

Finalmente, les añado el texto de una breve celebración que nos ofrece la Delegación Diocesana de Familia y Vida para bendecir a los padres. Una celebración que podemos hacer tanto estos días en torno al “Día del Padre”, como en cualquier otro momento, con motivo de un encuentro o reunión con padres.

Queridos sacerdotes: Como nos dice el Papa Francisco en la Carta “Patris corde”, el objetivo de todo esto no es sino «que crezca el amor a este gran santo, para ser impulsados a implorar su intercesión e imitar sus virtudes, como también su resolución».

Aprovechemos este tiempo de gracia y salvación, que el Señor nos concede mediante el AÑO DE SAN JOSÉ, para ponernos cada vez más a la altura de la vocación a la que hemos sido llamados. Es lo que deseo de todo corazón, para ustedes y para mí.

Con mi gratitud y afecto, de todo corazón les bendice,

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

Mons. Bernardo Álvarez
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Nació el 29 de julio de 1949 en Breña Alta (Isla de La Palma). Fue ordenado Sacerdote el 16 de julio de 1976. El 29 de junio de 2005 el Papa Benedicto XVI le nombra Obispo de Tenerife. Recibe la ordenación Episcopal el 4 de septiembre de 2005 en la Catedral de La laguna (Templo de Nuestra Señora de la Concepción) de manos del Nuncio de S. Santidad Mons. Manuel Monteiro de Castro y los Obispos Eméritos de Tenerife Mons. Damián Iguacen Borau y Mons. Felipe Fernández García, así como otros Obispos asistentes. En esta misma fecha toma posesión canónica de la Diócesis Nivariense. ESTUDIOS REALIZADOS: Realizó el Bachiller Elemental y Superior, con sus respectivas Reválidas, en Santa Cruz de La Palma, finalizando en el año 1967. Inició los estudios de Arquitecto Técnico (Aparejador) en 1967 en La Laguna, que abandonó para ingresar en el Seminario Diocesano de Tenerife en octubre de 1969. Realizó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Tenerife, que concluyó en junio de 1976, año en el que también recibió la ordenación sacerdotal de manos del Obispo D. Luis Franco Cascón. En junio 1987, tras el correspondiente examen, recibió el título de Bachiller en Teología por la Facultad de Teología del Norte de España – Sede de Burgos. Posteriormente, estudió de teología en la Universidad Gregoriana de Roma, desde 1992 a 1994, adquiriendo el título de Licenciado en Teología Dogmática. RESPONSABILIDADES: Ha sido párroco en cuatro destinos diferentes durante 11 años (desde octubre de 1976, a octubre de 1987). - Parroquias de Agulo y Hermigua (La Gomera): 1976-1980 - Parroquias de San Isidro y San Pío X (Los Llanos de Aridane-La Palma): 1980-1982 - Parroquias de San Miguel y Ntra. Sra. del Carmen (Tazacorte – La Palma): 1982-1986. - Parroquias de San Fernando Rey y San Martín de Porres (S/C de Tenerife) 1986-1987. - Arcipreste de Ofra: 1986-1987. Director Espiritual en el Seminario Diocesano de Tenerife, desde octubre de 1987 a julio de 1992. Secretario de la Asamblea Diocesana de octubre 1988 a junio 1989. Secretario de la Vicaría de Pastoral de la Diócesis de Tenerife, desde octubre de 1987 a julio de 1992, y desde septiembre de 1994 a mayo de 1999. Delegado Diocesano de Liturgia desde octubre de 1989 a julio de 1992. Desde 1994 a 1999 fue responsable del Departamento de Catequesis de Adultos de la Delegación Diocesana de Catequesis. Durante 10 años dirigió el Boletín Oficial del Obispado: de octubre de 1994 a octubre de 2004. Secretario General del Primer Sínodo Diocesano, desde septiembre de 1995 a mayo de 1999. Vicario General de la Diócesis, desde mayo de 1999. MOns. Bernardo Álvarez Alfonso, Obispo de San Cristóbal de La Laguna fue consagrado en Tenerife, en la Catedral, el 4 de septiembre de 2005 por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Arzobispo titular de Beneventum y Nuncio Apostólico en España, asistido por Mons. Felipe Fernández García, Obispo emérito y Administrator Apostólico de San Cristóbal de La Laguna, y por Mons. Damián Iguacen Borau, Obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna.