Carta pastoral de Mons. Francesc Pardo i Artigas: ¡La alegría de creer!

Este domingo de Cuaresma es denominado domingo “Laetare”, de la alegría, porque se nota que ya se acerca la Pascua. Esto me ha recordado que debemos creer con alegría. Y conviene destacar que la alegría es una actitud fundamental de la vida del cristiano y de su testimonio como tal.

Os cuento una anécdota que el escritor Bruce Marshall explicaba acerca de su infancia. Educado en una familia protestante puritana, la hora del culto en la iglesia era para él, de niño, una tortura: no podía hablar, no podía casi respirar, y si se movía su madre le daba un pellizco. Si por casualidad se le caía una canica del bolsillo y él se lanzaba a correr hacia el presbiterio para recuperarla, ya sabía que le tocaría estar castigado durante quince días sin salir. Un día fue invitado a una primera comunión de un amigo suyo, católico, y pasó que en un momento solemne de la Misa se le cayó del bolsillo una moneda que fue rodando por el pasillo central hasta caer en la reja de la calefacción. El sacerdote y los fieles que seguían el camino de la moneda estallaron en una carcajada y sonrieron. Bruce no comprendía por qué allí nadie se había escandalizado. Y con la lógica propia de los niños se dijo a sí mismo: “Esta tiene que ser la iglesia verdadera, ¡porque aquí ríen!”.

Ciertamente, una de las características de los católicos tendría que ser la alegría.

Al inicio de “La Joya del Evangelio” escribe el Papa: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de quienes se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría”.

Pero –nos podemos preguntar– ¿cómo es posible vivir con alegría en medio de tantas pruebas y situaciones difíciles de la vida: enfermedades, violencias, hambre, guerras, egoísmos, injusticias…? ¿No será la alegría una ilusión y una huida de la dura realidad de la vida?

Dios es la fuente de la verdadera alegría

Ciertamente, todas las verdaderas alegrías, ya sean las pequeñas del día a día o las grandes de la vida, tienen su origen en Dios, aunque no lo parezca, porque Dios es comunión de amor eterno, es alegría infinita que se extiende a todos aquellos a quienes ama y le aman. Dios nos quiere hacer partícipes de su alegría porque somos aceptados, acogidos y amados por Él. Este amor de Dios a cada uno de nosotros se manifiesta de una manera plena en Jesucristo. El encuentro con Jesús siempre provoca una alegría profunda, como podemos constatar en muchas narraciones de los evangelios.

La alegría del amor

Sentirse amado y amar produce alegría, y la alegría es una manera de amar. Cuando se ama de verdad se experimenta una joya profunda que tiene su cimiento en el hecho de entregarse. La persona se realiza plenamente cuando se entrega.

La alegría en las pruebas

También es posible la alegría en las pruebas de la vida si estamos arraigados en el amor de Dios, si nos sentimos acompañados por Jesús, si no renunciamos a amar y a perdonar, porque nuestro corazón está hecho para la alegría.

Un signo claro de la vida cristiana tiene que ser la alegría en la vida de cada día: la alegría de vivir, la alegría ante la belleza de la naturaleza, la alegría del trabajo bien hecho, la alegría del servicio, del amor sincero; también, los momentos hermosos de la vida familiar, la amistad compartida, el ejercicio de las cualidades personales, la estimación que se nos manifiesta, el hecho de hablar y ser escuchados, la constatación de ser útiles a los demás.

¡Debemos ser testimonios de la alegría!

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.