Carta pastoral de Mons. Agustí Cortés: El “hoy” de Dios III. Despojo y regreso

Si se entiende bien eso de la “idolatría” se comprenderá igualmente que la primera tarea para vivir el “hoy de Dios” en verdad y encontrar la salvación es la “desidolatrización” (perdón por la expresión)

Sin duda no encontraremos la paz si no caen por tierra los ídolos.

El primer reto es “darse cuenta” de la amargura en que vivimos bajo el yugo de los ídolos. En el Antiguo Testamento la idolatría era el pecado más grave: era como vivir perpetuamente de una mentira engañosa, una alienación constante, que destruía la persona humana y atentaba contra Dios mismo. Pero los ídolos están vivos hoy. No tienen normalmente formas materiales de animales, monstruos o figuras visibles, pero son absolutamente reales.

El segundo reto es la identificación y reconocimiento de los ídolos concretos que están dominando nuestra vida. Bastaría con una mirada sincera sobre nuestra vida real y preguntarnos, ¿qué es aquello que busco con más ahínco y pasión?, ¿qué es aquello a lo cual subordino todo y considero absolutamente indispensable? ¿Es el bienestar, el poder económico, la propia dignidad, la autoestima, la salud, la imagen y el reconocimiento (afecto) ajeno, el triunfo profesional, el disfrute de la vida? ¿Es en el fondo la libre autorrealización, la satisfacción de todas de todas mis necesidades, como vía de estabilidad y equilibrio y felicidad?…

Se dirá que buscar la satisfacción de todas estas necesidades es legítimo: es lo natural, algo que el propio Dios creador ha puesto en cada uno como motor de crecimiento. Es verdad. Pero también tendremos que reconocer que pueden llegar a ser ídolos que esclavicen a uno mismo y nos hagan amos que esclavicen a los demás. Esto ocurre cuando esta búsqueda – exigencia se eleva a la categoría de lo absoluto, al cual todo (y todos) se ha de subordinar.

El tercer reto es percibir la gravedad del asunto. Aquí no aparece para nada el auténtico amor. El hecho de que esto esté en todos y lo veamos “natural”, es una demostración de la existencia del pecado original en nosotros: esa predisposición que atraviesa nuestra historia hasta el “hoy de Dios”. Porque incluso la vida afectiva, tan buscada y explotada en manifestaciones culturales (literatura, espectáculos, música, artes, etc.) está profundamente marcada por egoísmos, confesados o no.

Por eso lo que suele hacer Dios, y hace “hoy”, en nosotros, para nuestra salvación es despojarnos, vaciarnos, privarnos de ídolos. Un proceso iluminador y salvador, por el que nos percatamos de nuestra pobreza real. Como el desierto del Éxodo, las derrotas de David, el Destierro a Babilonia, el desierto de Jesús, las enfermedades de San Pablo, las crisis y persecuciones de la Iglesia primitiva… y un sinfín de desiertos, fracasos, oscuridades de toda la Iglesia a lo largo de los siglos, hasta nuestros propios desiertos.

Todos ellos devienen iluminadores y liberadores en las manos de Dios. De ellos han vuelto y han ido saliendo renacidos, crecidos, revitalizados, quienes en su sufrimiento recuperaron la relación con el Dios verdadero; el Dios que, acompañándonos, hace vivir, el que sigue vivo también en su “hoy eterno”.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.