Carta pastoral de Mons. Bernardo Álvarez: Día del Seminario 2021

Queridos diocesanos:

Volvemos a celebrar el Día del Seminario en la festividad de San José, aunque, por ser día laborable, se traslada al Domingo día 21 de marzo (5º domingo de Cuaresma).

En esta ocasión, la celebración viene remarcada por el hecho de que el Papa Francisco, con motivo de cumplirse -el pasado 8 de diciembre- los 150 años de la proclamación San José como patrono de la Iglesia Católica, ha declarado 2021 como Año de San José, al que el Papa San Juan Pablo II llamó el “Custodio del Redentor”.

De ahí el lema que se ha elegido para la campaña del Seminario de este año: «Pa­dre y hermano, como San José». Con ello, se quiere reflejar cómo los sacerdotes, forjados en la “escuela de Nazaret” (el Seminario), bajo el cuidado de San José y la mano providente de Dios, son enviados a cuidar la vida de cada per­sona, con el corazón de un padre, sabiendo que, además, cada uno de ellos es su hermano.

Con la jornada anual del “Dia del Seminario”, queremos recordar y comprometer, a todos los fieles católicos, sobre la necesidad de promover y amparar las vocaciones sacerdotales con la oración, el sacrificio y la aportación económica para el sostenimiento de nuestro Seminario Diocesano.

Ante todo, debemos reconocer juntos la falta de vocaciones al sacerdocio. Hay pocos seminaristas y esta realidad reclama –por parte de todos- una reflexión profunda sobre el alcance que damos a este hecho como creyentes. Debemos reavivar nuestra conciencia sobre la importancia y necesidad de la vocación sacerdotal en la vida de la Iglesia. No existe verdadero y fecundo crecimiento de la Iglesia, sin la presencia de sacerdotes que sostengan y alimenten la vida de los fieles: “Los sacerdotes existen y actúan para la edificación de la Iglesia, personificando a Cristo, Cabeza y Pastor, y en su nombre” (PDV 15).

Sin duda, siguen siendo ciertas las palabras de Jesús en el evangelio: «la mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies» (Mt. 9,37-38). Sabemos que las vocaciones para el sacerdocio tienen su origen en la acción gratuita de Dios y a Él se las pedimos porque, ciertamente, Dios es quien llama.

Pero, no podemos olvidar que la oración de petición, si queremos que sea escuchada, debe ir siempre acompañada de una real disponibilidad a la acción de Dios. Como nos recuerda el Papa Francisco, “Dios actúa a través de eventos y personas” (Patris corde, 5), es decir, nos necesita y cuenta con nosotros para promover, llamar, cuidar y apoyar las vocaciones. Sin duda, los padres, sacerdotes, personas consagradas, catequistas y profesores, jugamos un papel decisivo en esta tarea.

Además, como él mismo Papa nos recuerda, la presencia de vocaciones sacerdotales es un signo de la vitalidad y compromiso de la comunidad cristiana: “La vida fraterna y fervorosa de la comunidad despierta el deseo de consagrarse enteramente a Dios y a la evangelización, sobre todo si esa comunidad ora insistentemente por las vocaciones y se atreve a proponer a sus jóvenes un camino de especial consagración» (EG 107).

De modo particular, la llamada de Dios está estrechamente unida a la vida y a la misión de los sacerdotes. Como nos decía el Papa Benedicto XVI en 2010: “La fecundidad de la propuesta vocacional está favorecida por la cualidad y la riqueza del testimonio personal y comunitario de cuantos han respondido ya a la llamada del Señor en el ministerio sacerdotal, puesto que su testimonio puede suscitar en otros el deseo de corresponder con generosidad a la llamada de Cristo… Se podría decir que las vocaciones sacerdotales nacen del contacto con los sacerdotes, casi como un patrimonio precioso comunicado con la palabra, el ejemplo y la vida entera”.

La vocación sacerdotal es un don que Dios siembra en el corazón de algunos hombres. A la Iglesia le corresponde la tarea de custodiar y cultivar esa vocación, para que produzca fruto abundante. De ahí la importancia del Seminario como ámbito privilegiado para la formación de los futuros sacerdotes. Un espacio de formación que se pone bajo el patrocinio de San José, pues, así como él cuidó de María y acompañó del crecimiento de Jesús en el hogar de Nazaret, de modo semejante el Seminario quiere ser el lugar donde se cuide y haga crecer el don de la vocación sacerdotal. Por así decir, San José, aquel que cuidó y forjó al “sumo y eterno sacerdote”, es también padre y custodio de los seminaristas, de aquellos que han recibido la llamada a configurar su vida con Cristo en el sacerdocio.

El Pueblo de Dios necesita y espera que los seminaristas lleguen a ser buenos sacerdotes; hombres que, siguiendo las huellas de Cristo el Buen Pastor, con generosidad y entrega, consagren su vida al servicio de la Iglesia. Conseguirlo es la tarea del Seminario y supone un gran esfuerzo, ante todo, para el propio seminarista que ha ponerse a la altura de la vocación a la que ha sido llamado. Y, también, para los formadores que, a imagen de San José en el hogar de Nazaret, han de custodiar y cultivar el don de la vocación sacerdotal en aquellos que tienen a su cargo.

Que importante es el Seminario para el presente y futuro de la Iglesia. Es el valioso instrumento mediante el cual Dios va configurando al seminarista para que con toda madurez y libertad se identifique con Cristo Sacerdote y –como San Pablo- pueda decir: “no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí”.

Agradecemos al Rector y formadores de nuestro Seminario su ejemplar dedicación, como también el apoyo de los sacerdotes y de los fieles laicos, particularmente de las familias y de los agentes de pastoral, junto con la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil-Vocacional. Gracias a todos por vuestra colaboración. No dejemos de apoyar el Seminario, no sólo en esta jornada, sino durante todo el año.

Confiados en el Señor, que prometió no abandonar a su Iglesia, pedimos juntos que continúe regalándonos vocaciones al sacerdocio. San José, patrono de la Iglesia y de los Seminarios, nos acompaña en nuestro camino e intercede por nosotros.

 

† Bernardo Álvarez Afonso

Obispo Nivariense

Mons. Bernardo Álvarez
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Nació el 29 de julio de 1949 en Breña Alta (Isla de La Palma). Fue ordenado Sacerdote el 16 de julio de 1976. El 29 de junio de 2005 el Papa Benedicto XVI le nombra Obispo de Tenerife. Recibe la ordenación Episcopal el 4 de septiembre de 2005 en la Catedral de La laguna (Templo de Nuestra Señora de la Concepción) de manos del Nuncio de S. Santidad Mons. Manuel Monteiro de Castro y los Obispos Eméritos de Tenerife Mons. Damián Iguacen Borau y Mons. Felipe Fernández García, así como otros Obispos asistentes. En esta misma fecha toma posesión canónica de la Diócesis Nivariense. ESTUDIOS REALIZADOS: Realizó el Bachiller Elemental y Superior, con sus respectivas Reválidas, en Santa Cruz de La Palma, finalizando en el año 1967. Inició los estudios de Arquitecto Técnico (Aparejador) en 1967 en La Laguna, que abandonó para ingresar en el Seminario Diocesano de Tenerife en octubre de 1969. Realizó los Estudios Eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Tenerife, que concluyó en junio de 1976, año en el que también recibió la ordenación sacerdotal de manos del Obispo D. Luis Franco Cascón. En junio 1987, tras el correspondiente examen, recibió el título de Bachiller en Teología por la Facultad de Teología del Norte de España – Sede de Burgos. Posteriormente, estudió de teología en la Universidad Gregoriana de Roma, desde 1992 a 1994, adquiriendo el título de Licenciado en Teología Dogmática. RESPONSABILIDADES: Ha sido párroco en cuatro destinos diferentes durante 11 años (desde octubre de 1976, a octubre de 1987). - Parroquias de Agulo y Hermigua (La Gomera): 1976-1980 - Parroquias de San Isidro y San Pío X (Los Llanos de Aridane-La Palma): 1980-1982 - Parroquias de San Miguel y Ntra. Sra. del Carmen (Tazacorte – La Palma): 1982-1986. - Parroquias de San Fernando Rey y San Martín de Porres (S/C de Tenerife) 1986-1987. - Arcipreste de Ofra: 1986-1987. Director Espiritual en el Seminario Diocesano de Tenerife, desde octubre de 1987 a julio de 1992. Secretario de la Asamblea Diocesana de octubre 1988 a junio 1989. Secretario de la Vicaría de Pastoral de la Diócesis de Tenerife, desde octubre de 1987 a julio de 1992, y desde septiembre de 1994 a mayo de 1999. Delegado Diocesano de Liturgia desde octubre de 1989 a julio de 1992. Desde 1994 a 1999 fue responsable del Departamento de Catequesis de Adultos de la Delegación Diocesana de Catequesis. Durante 10 años dirigió el Boletín Oficial del Obispado: de octubre de 1994 a octubre de 2004. Secretario General del Primer Sínodo Diocesano, desde septiembre de 1995 a mayo de 1999. Vicario General de la Diócesis, desde mayo de 1999. MOns. Bernardo Álvarez Alfonso, Obispo de San Cristóbal de La Laguna fue consagrado en Tenerife, en la Catedral, el 4 de septiembre de 2005 por Mons. Manuel Monteiro de Castro, Arzobispo titular de Beneventum y Nuncio Apostólico en España, asistido por Mons. Felipe Fernández García, Obispo emérito y Administrator Apostólico de San Cristóbal de La Laguna, y por Mons. Damián Iguacen Borau, Obispo emérito de San Cristóbal de La Laguna.