Carta pastoral de Mons. Abilio Martínez: “Padre y hermano, como San José” Día del Seminario

El próximo día 21 de marzo, siguiente domingo a la fiesta de san José, celebraremos la Jornada en favor del Seminario, es decir, de las vocaciones al ministerio presbiteral con el lema “Padre y hermano, como San José”. El motivo es muy claro: nos encontramos en pleno año de san José, celebrando el 150 aniversario de su proclamación como patrono de la Iglesia universal.

Nuestro querido Papa Francisco reside en una casa de convivencias, llamada Santa Marta, que se encuentra dentro del Vaticano. Pues bien, en una mesita que hay en su habitación de trabajo, el Papa tiene una imagen, no muy grande, de san José dormido, con la cabeza recostada sobre su brazo derecho. Cuando el Papa tiene algún asunto de especial gravedad y de preocupación, coge un papel y a mano escribe el motivo de su inquietud y lo coloca debajo de la cabeza de la imagen. Él mismo contaba en enero de 2015 esta devoción: “Yo quiero mucho a san José. Porque es un hombre fuerte y de silencio. Y en mi escritorio tengo una imagen de san José durmiendo. Y durmiendo cuida a la Iglesia… Al igual que san José, una vez que hemos oído la voz de Dios, debemos despertar, levantarnos y actuar…  La fe no nos aleja del mundo, sino que nos introduce más profundamente en él”. No en vano, es en sueños como Dios manifiesta su voluntad a san José y le confía la misión de ser custodio del Niño Dios y de su Madre bendita al recibirla como esposa.

Me gustaría invitaros a encomendar al santo Patriarca algo hoy más decisivo que nunca para nuestra Iglesia que peregrina en Osma-Soria: que el Señor nos conceda vocaciones sacerdotales a la par que la perseverancia, entrega y alegría de nuestros sacerdotes en su vocación y en su misión. Nuestro Seminario cuenta con siete seminaristas menores y dos jóvenes que están realizando el curso propedéutico para entrar en el Seminario Mayor. Además el sábado 20 de marzo por la mañana, D.m., recibirá la ordenación presbiteral el diácono José Antonio García Izquierdo. Os puedo asegurar que estos chicos forman una comunidad preciosa junto con sus formadores, profesores y personal no docente.

Levantémonos y pongamos manos a la obra: soñemos con un seminario con más jóvenes que estén dispuestos a entregar su vida por el Reino de Dios; pongamos bajo la intercesión de San José a esta comunidad del Seminario junto con la petición de que el Señor nos envíe más vocaciones sacerdotales; trabajemos en una pastoral vocacional al presbiterado con esperanza y con ilusión. Creo que para la pastoral vocacional puede hacer más cualquier gesto testimonial que un discurso teológico perfectamente trabado. En la línea marcada por el n. 224 de Fratelli tutti, a veces es suficiente con ser “una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia”.

Cuando el Señor llama a alguien para el sacerdocio – habitualmente chicos jóvenes – lo llama fundamentalmente para dos cosas: para estar con Él y para convivir con los hombres y mujeres de su entorno, haciendo presente a Cristo en medio de ellos. Dicho de otro modo, Dios llama a alguien para que dedique tiempo a la oración y para que enseñe, santifique y guíe. Así el sacerdote será padre y hermano. Y será custodio de sus hermanos si toda su vida y su ministerio están atravesados del amor. Cuando el Papa, en una de las múltiples alocuciones, dice que los sacerdotes deben custodiar a sus hermanos quiere decirles que, con su palabra y con su ejemplo, les han de empujar a hacer siempre el bien, a imitación del Señor que pasó por la vida haciendo el bien. Jesús nos invita no sólo a tratar a los prójimos como hermanos, sino – y esto es lo más importante – a que todos, incluidos los presbíteros, nos hagamos prójimos de todos. “Lo que hicisteis con uno de estos mis humildes hermanos conmigo lo hicisteis”, dijo Jesús (Mt 25, 40).

Jesús y María confiaron plenamente en san José sabiendo que cumpliría muy bien el papel que Dios le había encomendado. Exactamente lo mismo le sucede al sacerdote: su vocación al ministerio sacerdotal conlleva la firme seguridad de que sacará adelante la meta que le ha sido confiada: que todos conozcan y amen al Señor Dios, rico en misericordia.

Pidamos a la Virgen María que “guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón” (Lc 2, 19), que conceda a los sacerdotes un corazón semejante al corazón de su Hijo. Y a San José que nos inspire para decirle sí a Dios en todo momento.

Con mi afecto y mi bendición,

 

+ Abilio Martínez Varea

Obispo de Osma-Soria

Mons. Abilio Martínez Varea
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El obispo electo de Osma-Soria nació en Autol (La Rioja) el 29 de enero de 1964. Ingresó en el seminario diocesano de Logroño, donde estudió Filosofía y Teología entre los años 1982 y 1987. Después se trasladó a Roma, donde obtuvo la licenciatura en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1989). Fue ordenado sacerdote el 30 de septiembre de 1989. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Su primer destino fue como vicario parroquial de la parroquia de San Barlotomé de Aldeanueva de Ebro (La Rioja) (1989-1994). Entre 1994 y 1996 realizó los cursos de doctorado en la Universidad Pontificia de Salamanca. A su regreso, fue nombrado vicario parroquial de San Pío X de Logroño. Ha desempañado los cargos de delegado de Apostolado Seglar, profesor en el instituto diocesano de Ciencias Religiosas y delegado de Enseñanza. Desde el año 2005 es vicario episcopal de Pastoral y Enseñanza.