Carta pastoral de Mons. Àngel Saiz Meneses: Predicamos a un Cristo crucificado

 La perspectiva del Mesías muriendo en una cruz no cabía en la imaginación del apóstol  Pedro. Por eso, el Evangelio narra cómo intentó apartar a Jesús de ese camino (cfr. Mt 16,21-23). Tampoco fue comprendida por demás apóstoles. Su reacción ante esa posibilidad era muy  natural y humana; de hecho, es la misma reacción que a menudo tenemos nosotros cuando el dolor y la dificultad se hacen presentes en nuestra vida. No es fácil aceptar el misterio de la cruz, y no es fácil aceptar el sufrimiento desde la óptica de la cruz del Señor. En cambio, la señal del cristiano es la cruz. De hecho, nos persignamos continuamente: hacemos la señal de la cruz sobre la frente, la cara y el pecho, poniendo nuestra vida en manos del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ahora bien ¿somos conscientes de su significado?

La liturgia de la Palabra de este domingo responde a estos interrogantes por boca de Pablo. El apóstol enseña a la Iglesia en Corinto que el misterio de la cruz es donde reside la fuerza y la sabiduría de Dios: «Mientras los judíos piden señales y los griegos buscan sabiduría, nosotros predicamos a un Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; más para los llamados, lo mismo judíos que griegos, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios» (1Cor 1,22-24). Ciertas expectativas de sus coetáneos judíos se centraban únicamente en un mesianismo político, sin diferenciarse de quienes sólo aspiraban a conquistar el mundo.  Por otro lado, las corrientes del pensamiento de su época pretendían comprender los misterios del ser humano y de la naturaleza recreándose en retóricas a menudo complejas y vacías. Cristo crucificado va más allá, sin importarle ser escándalo para los unos y necedad para los otros.

Tenemos que reconocer que el dolor y el sufrimiento forman parte de la existencia humana. Ahora bien, cuando se descubre el sentido de la cruz y se cuenta con la gracia de Cristo, el sufrimiento se sobrelleva de una forma muy distinta: con un amor proactivo y capaz de ofrecerse más allá del lamento. La cruz y la resurrección son dos aspectos esenciales en el mensaje de san Pablo. Desde la contemplación de la cruz también nosotros percibimos el inmenso amor de Dios; un amor infinito que alcanza en la cruz su máxima realización. Lo que da valor redentor a la muerte en cruz de Cristo es sobre todo el amor inmenso de Dios que no se detiene ante el sufrimiento extremo. Lo que salva a la humanidad es el amor infinito de Dios, plasmado en la entrega de Cristo hasta el final.

Gracias a ese sacrificio, Dios nos ha reconciliado consigo, y por medio del perdón de los pecados, ha concedido la paz de la reconciliación en Cristo, y ha posibilitado a los seres humanos una amistad real con Él.  Por eso es tan importante acoger también el misterio pascual de Cristo, que incluye el hecho de su resurrección corporal. En efecto, la resurrección del Señor es su consagración como Salvador, que restaura la vida y vence a la muerte. Es así como Dios ha derramado su amor: por la crucifixión del Señor y su victoria, es como el Espíritu Santo  inunda el corazón de los creyentes.

En nuestra época, es verdad que la cruz es difícil de comprender,  sea desde las concepciones filosóficas o científicas, sea desde no pocos planteamientos religiosos. Pero incorporar el misterio de la cruz en nuestra vida no consiste en una mera especulación, sino en una verdadera experiencia de vida. Como afirma Edith Stein, “cuando hablamos de ciencia de la cruz no hacemos pura teoría, sino que expresamos una verdad viva, real, y efectiva». En definitiva, por eso nos santiguamos, para prolongar el amor con el que Cristo quiere seguir vivo en sus miembros. Y así, uniéndonos al Crucificado, quedamos  insertados en su obra, y experimentamos su amor, que nos salva y nos hace ir más allá de nuestro yo, saliendo al encuentro del otro para consolar, servir y amar.

+ Josep Àngel Saiz Meneses

Bisbe de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.