El Papa en la catedral caldea de Bagdad: El amor es nuestra fuerza

El papa Francisco ha presidido la Santa Misa en la Catedral caldea de San José en Bagdad en la tarde de este sábado 6 de marzo durante su viaje apostólico a Irak. Esta celebración eucarística, centrada en Santo Tomás, se llevó a cabo según el rito caldeo, y en italiano, caldeo y árabe. “El testimonio es el camino para encarnar la sabiduría de Jesús” ha afirmado el Papa durante la homilía.

En su homilía de la Santa Misa celebrada en la Catedral caldea de San José de Bagdad el papa Francisco dio gracias por los fieles que viven allí, donde en tiempos remotos surgió la sabiduría y donde en los tiempos actuales han aparecido muchos testigos, que las crónicas a menudo pasan por alto, y que son preciosos a los ojos de Dios

En su segundo día en Iraq la última actividad pública del Santo Padre fue la celebración de la Santa Misa en la Catedral caldea de San José en Bagdad, a las 18.00 hora local.

Catedral caldea de San José

El edificio  se construyó para satisfacer las necesidades de la comunidad caldea que había abandonado en la década de 1950 el antiguo barrio de Agd al-Nasara – donde se encuentra la Catedral de María Madre de los Dolores – para instalarse en el moderno barrio de Karrada. La primera piedra fue colocada por el Patriarca de los Caldeos Yusef VII Ghanima el 14 de septiembre de 1952, día de la Exaltación de la Santa Cruz. Y fue consagrada e inaugurada por el mismo Patriarca en 1956. Puede acoger a más de 400 fieles. Construida en estilo oriental, su estructura de hormigón armado está coronada por un tejado inclinado y está decorada con vidrieras. El interior está organizado respetando las tres partes convencionales de las iglesias sirias orientales, pero con un estilo moderno: la parte reservada a la asamblea, el coro y el altar con un ornamento de madera tallada en el centro. En la nave lateral derecha se encuentra el icono de Nuestra Señora Odigitria, en la nave lateral izquierda se encuentra el icono de San José con la escuadra de carpintero, símbolo de su rectitud, y el lirio, símbolo de su pureza, junto a Jesús adolescente.

La espera del Papa Francisco en la Catedral de San José en Bagdad

Celebración eucarística

Esta celebración eucarística, centrada en Santo Tomás, se llevó a cabo según el rito caldeo, y en italiano, caldeo y árabe. Mientras las oraciones de los fieles fueron leídas en árabe, un dialecto arameo, kurdo, turcomano e inglés. Además, Su Beatitud el Cardenal Louis Raphaël Sako, Patriarca caldeo de Babilonia, dirigió su saludo litúrgico al Santo Padre. En su homilía el Papa Francisco comenzó recordando que:

“La Palabra de Dios nos habla hoy de sabiduría, testimonio y promesas”

De la sabiduría el Santo Padre recordó que fue “cultivada en estas tierras desde la antigüedad”. Y su búsqueda fascinó al hombre desde siempre; “sin embargo – agregó – a menudo quien posee más medios puede adquirir más conocimientos y tener más oportunidades, mientras que el que tiene menos queda relegado”. Lo que constituye – dijo – “una desigualdad inaceptable, que hoy se ha ampliado”. Y añadió:

“Para el mundo, quien posee poco es descartado y quien tiene más es privilegiado. Pero para Dios, no; quien tiene más poder es sometido a un examen riguroso, mientras que los últimos son los privilegiados de Dios”

Además, prosiguió diciendo el Papa, “Jesús, la Sabiduría en persona, completa este vuelco en el Evangelio, no en cualquier momento, sino al principio del primer discurso, con las Bienaventuranzas”. Y “el cambio es total”:

“Los pobres, los que lloran, los perseguidos son llamados bienaventurados. ¿Cómo es posible? Bienaventurados, para el mundo, son los ricos, los poderosos, los famosos. Vale quien tiene, quien puede y quien cuenta. Pero no para Dios. Para Él no es más grande el que tiene más, sino el que es pobre de espíritu; no el que domina a los demás, sino el que es manso con todos; no el que es aclamado por las multitudes, sino el que es misericordioso con su hermano”

¿Vale la pena la propuesta de Jesús?

Sin embargo el Pontífice agregó que en este punto podría surgir la duda de que viviendo como pide Jesús, no se obtiene ninguna ganancia, o incluso se podría correr el riesgo de que los demás pisoteen a quien vive así, e incluso si “¿vale la pena la propuesta de Jesús? ¿O es un perdedor?”.

El amor es nuestra fuerza

El Papa destacó que Jesús “no es perdedor sino sabio”, y que su propuesta “es sabia porque el amor, que es el corazón de las bienaventuranzas, aunque parezca débil a los ojos del mundo, en realidad vence”. Lo que demostró en la cruz, venciendo el pecado, y en el sepulcro venciendo la muerte.

“Es el mismo amor que hizo que los mártires salieran victoriosos de las pruebas, ¡y cuántos hubo en el último siglo, más que en los anteriores! El amor es nuestra fuerza, la fuerza de tantos hermanos y hermanas que aquí también han sufrido prejuicios y ofensas, maltratos y persecuciones por el nombre de Jesús. Pero mientras el poder, la gloria y la vanidad del mundo pasan, el amor permanece, como nos dijo el apóstol Pablo, ‘no pasa nunca’. Vivir las Bienaventuranzas, pues, es hacer eterno lo que pasa. Es traer el cielo a la tierra”

Dar testimonio del amor de Jesús

Después de referirse al modo de practicar las Bienaventuranzas, que nos piden que hacer “cosas extraordinarias”, o “acciones que están por encima de nuestras capacidades”, sino “un testimonio cotidiano”, el Papa afirmó que “el testimonio es el camino para encarnar la sabiduría de Jesús”:

“Así es como se cambia el mundo, no con el poder o con la fuerza, sino con las Bienaventuranzas. Porque así lo hizo Jesús, viviendo hasta el final lo que había dicho al principio. Se trata de dar testimonio del amor de Jesús, aquella misma caridad que San Pablo describe de manera tan hermosa en la segunda lectura de hoy”

Quien ama no se encierra en sí mismo

A propósito de la caridad que es magnánima, Francisco también dijo que “el amor parece sinónimo de bondad, de generosidad, de buenas obras, pero Pablo dice que la caridad es ante todo magnánima. Y prosiguió explicando que “la paciencia para comenzar de nuevo es la primera característica del amor, porque el amor no se indigna, sino que siempre vuelve a empezar. No se entristece, sino que da nuevas fuerzas; no se desanima, sino que sigue siendo creativo. Ante el mal no se rinde, no se resigna. Quien ama no se encierra en sí mismo cuando las cosas van mal, sino que responde al mal con el bien, recordando la sabiduría victoriosa de la cruz”.

“El testigo de Dios actúa así, no es pasivo, ni fatalista, no vive a merced de las circunstancias, del instinto y del momento, sino que está siempre esperanzado, porque está cimentado en el amor que siempre disculpa y confía, siempre espera y soporta”

Ante la adversidad hay dos tentaciones

Después de preguntarse cómo reaccionamos ante las situaciones que no van bien, el Papa destacó que ante la adversidad hay siempre dos tentaciones:

“La primera es la huida. Escapar, dar la espalda, no querer saber más. La segunda es reaccionar con rabia, con la fuerza. Es lo que les ocurrió a los discípulos en Getsemaní; en su desconcierto, muchos huyeron y Pedro tomó la espada. Pero ni la huida ni la espada resolvieron nada”

Jesús cambió la historia

Y recordó que Jesús cambió la historia con “la humilde fuerza del amor, con su testimonio paciente. Esto es lo que estamos llamados a hacer; es así como Dios cumple sus promesas”.

Promesas divinas

En cuanto a las promesas Francisco dijo que la sabiduría de Jesús exige el testimonio y ofrece la recompensa, contenida en las promesas divinas. Es decir que “las promesas de Dios garantizan una alegría sin igual y no defraudan”. Y se cumplen “a través de nuestras debilidades”.

“Dios hace bienaventurados a los que recorren el camino de su pobreza interior hasta el final. Este es el camino, no hay otro”

Dios quiere hacer maravillas

Como ejemplo propuso al patriarca Abraham a quien Dios le había prometido una gran descendencia que llega en su vejez paciente y confiada. O a Moisés, a quien Dios le promete que liberará al pueblo de la esclavitud y por eso le pide que hable con el faraón. Moisés le dice que no es capaz de hablar, porque es tartamudo; sin embargo, Dios cumplirá la promesa a través de sus palabras.

También invitó a observar que “en la Virgen que, según lo establecido en la ley, no puede tener hijos, y es llamada a ser madre. Y veamos a Pedro, que niega al Señor, y Jesús lo llama para que confirme a sus hermanos”.

“Queridos hermanos y hermanas, a veces podemos sentirnos incapaces, inútiles. Pero no hagamos caso, porque Dios quiere hacer maravillas precisamente a través de nuestras debilidades”

El nombre de cada uno está escrito en el corazón de Dios

Por esta razón el Papa dijo que “todo lo que el mundo nos quita no es nada comparado con el amor tierno y paciente con que el Señor cumple sus promesas”.

“Querida hermana, querido hermano: Tal vez miras tus manos y te parecen vacías, quizás la desconfianza se insinúa en tu corazón y no te sientes recompensado por la vida. Si te sientes así, no temas; las Bienaventuranzas son para ti, para ti que estás afligido, hambriento y sediento de justicia, perseguido”

Al concluir su homilía el Santo Padre aseguró a los fieles que el Señor promete a cada uno que su nombre está escrito en su corazón, en el cielo.

“Y hoy le doy gracias con ustedes y por ustedes, porque aquí, donde en tiempos remotos surgió la sabiduría, en los tiempos actuales han aparecido muchos testigos, que las crónicas a menudo pasan por alto, y que sin embargo son preciosos a los ojos de Dios; testigos que, viviendo las bienaventuranzas, ayudan a Dios a cumplir sus promesas de paz”

(vaticannews.va)

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