Carta pastoral de Mons. Gerardo Melgar: Jesús expulsa a los cambistas y negociantes del templo

Pocas veces aparece Jesús en el evangelio encoleriza­do como en esta ocasión, cuando entra en el templo y ve a los cambistas y ven­dedores que han convertido la casa de Dios en una cueva de bandidos. Les derriba las mesas y, a ellos, los echa fuera del templo, porque la casa de Dios es casa para la oración, no para lo que la han convertido ellos.

Este comportamiento de Jesús nos da pie a nosotros hoy, para hacer una reflexión sobre el significado del templo y nuestra actitud en la Iglesia cuando aprovechamos, especialmente antes de comenzar las celebraciones, para hablar con las personas que te­nemos al lado, para contarles noticias o cosas que nada tienen que ver con el lugar en el que estamos, creando un clima poco propicio para la oración y, desde luego, de poco respeto a lo que la iglesia como templo significa.

El templo, la iglesia de mi parro­quia, tiene un profundo y sagrado significado, que hemos que tener presente y respetar siempre que es­tamos en ella.

El templo es el lugar privilegiado de la presencia de Dios.

En nuestras iglesias el sagrario debe ser siempre el lugar más im­portante y, cada vez que pasamos delante de él, debemos hacerlo con un signo y una actitud de adora­ción, porque en él, Cristo eucaristía está presente real y sustancialmen­te, porque ha querido quedarse con nosotros para que podamos acudir a Él y darle gracias por el don de su presencia sacramental en la eu­caristía, o para pedirle que nos ayu­de en algo que necesitamos, o para desahogarnos con él, que está siem­pre atento a escucharnos en lo que queramos.

Además de esta presencia real en la eucaristía, el Señor está presente en su Palabra, que se proclama en las celebraciones que vivimos en la Iglesia y a través de la cual el Señor nos habla y nos indica el camino que hemos de seguir y las actitudes que hemos de vivir como Hijos de Dios y hermanos entre nosotros. Por eso, lo que se nos pide es que le preste­mos toda nuestra atención, porque es el Señor mismo quien nos habla y a su Palabra debemos prestar una total atención y veneración.

El Señor está igualmente presen­te en la comunidad misma reunida. Es el Señor mismo el que nos dice «donde dos o más están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos», por eso hemos de estar con ver­dadero respeto al Señor y a los que es­tán presentes y forman la comunidad cristiana, para que no les dificultemos o impidamos, rompiendo el clima que debemos crear entre todos, para que los demás y nosotros podamos hablar con el Señor y que Él nos hable y le escuchemos y entendamos.

En esta comunidad reunida celebra­mos los misterios de Dios, a través de los cuales somos hechos hijos de Dios en bautismo; somos alimentados para vivir la fe en la eucaristía; somos envia­dos como testigos de Dios en el mundo en la confirmación; se nos perdonan nuestros pecados en el sacramento del perdón; y el Señor bendice el amor hu­mano del hombre y de la mujer con el sa­cramento del matri­monio. Esto quiere decir que hemos de estar continuamente agradeciendo al Señor la gracia que nos ha regalado y nos regala siempre a través de los sacra­mentos que recibimos.

La iglesia, como templo, es el lugar en el que nos reunimos para compar­tir nuestra fe con los hermanos que forman parte de la misma comunidad y renovar las fuerzas que necesitamos los unos de los otros en el testimonio de vida que vemos en los hermanos.

Cuando somos conscientes del gran significado del templo como lu­gar de la presencia de Dios y centro de referencia de la comunidad cristia­na, entonces podemos descubrir que nuestras actitudes, a veces, no se co­rresponden con el debido respeto que pide el gran significado del mismo, y que el Señor nos pide que tengamos, porque si lo convertimos en un lugar en el que hablamos lo mismo que si estuviéramos en la calle, tal vez tam­bién el Señor tenga bastante que recri­minarnos, como a aquellos cambistas y traficantes del templo de Jerusalén.

Examinemos nuestras actitudes y esforcémonos por mantener el respeto y la compostura que nos pide la pre­sencia de Dios, su palabra, los miste­rios que en ella celebramos y de la co­munidad cristiana que está presente.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo Prior de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
Acerca de Mons. Gerardo Melgar 381 Articles
Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.