Carta pastoral de Mons. César Franco: Templos vivos de Dios

La Cuaresma es tiempo de purificación. Y eso es lo que hace Jesús en el templo de Jerusalén —purificarlo—, cuando observa que se ha convertido en un mercado, según dice el Evangelio de hoy. En tiempo de Jesús, con ocasión de la Pascua, las autoridades del templo permitían que en uno de sus atrios se ofrecieran a los peregrinos animales para los sacrificios y que, para los que venían  de otros países, hubiera cambistas de monedas, que facilitaran las ofrendas.  Ante este abuso, Jesús realiza un gesto de purificación que va más lejos de lo que parece a primera vista. Fabrica un látigo con algunas cuerdas y expulsa a los animales  y vuelca las mesas de los cambistas con estas palabras: «Quitad esto de aquí: no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre». Esta referencia al templo convertido en «mercado» alude al profeta Zacarías: «Aquel día no quedará ni un mercader en el templo del Señor del universo» (14,21). El evangelista, por tanto, ve en el gesto de Jesús el cumplimiento de esta purificación.

El gesto de Jesús provocó sorpresa en sus discípulos y en las autoridades del templo. Dice el relato que los primeros recordaron las palabras del salmo 69, 9: «El celo de tu casa me devora». Llama la atención, sin embargo, que el evangelista no dice «me devora», sino «me devorará», cambiando el tiempo del verbo. No es un dato accidental. Este salmo es una plegaria de un inocente perseguido. Jesús es, precisamente, ese inocente, que, a causa de esta purificación del templo, sufrirá persecución por parte de las autoridades religiosas de Israel. Por esta razón, el evangelista dice «el celo de tu casa me devorará». Naturalmente, los discípulos solo entendieron esto plenamente después de la resurrección.

En cuanto a las autoridades religiosas del templo, dice el evangelista que —sorprendidos sin duda por la acción de Jesús— le hacen esta pregunta: «¿Qué signos nos muestras para actuar así»—. La respuesta de Jesús es enigmática: «Destruid este templo y en tres días lo levantaré». Sus oponentes la entienden en sentido literal y, naturalmente, le replican con cierto sarcasmo: «Cuarenta seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?». Se explica que el evangelista, que escribe después de la resurrección, se vea obligado a precisar lo que Jesús calla: «Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y cuando resucitó de entre los muertos se acordaron de lo que había dicho y creyeron a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús».

Con estas aclaraciones, el gesto de Cristo alcanza una significación trascendental: Por la muerte y la resurrección Jesús se ha convertido en el definitivo templo de Dios. La muerte que le devorará no tendrá dominio definitivo sobre él, sino que su cuerpo será «levantado» del sepulcro y se convertirá, como dice san Pablo, en «Espíritu que da vida» (1 Cor 15, 45). Jesús no atacaba al templo de Jerusalén, al que acudió varias veces en peregrinación como piadoso judío. Al purificar el templo de lo que consideró ser un abuso, anunciaba ya su propio drama personal que le llevaría a la muerte como camino hacia la resurrección.

Para nosotros, cristianos del siglo XXI, esta acción profética de Jesús nos ayudará sin duda a purificar nuestro concepto del culto que realizamos para no olvidar que, gracias a la muerte y resurrección de Cristo, no sólo hemos sido purificados en el bautismo de todo pecado y obra mala, sino trasformados, a su imagen, en templos vivos de Dios que no pueden convertirse en «mercados» por acciones que contradicen nuestra fe y que nos desacreditan ante el mundo. «¿No sabéis —dice san Pablo— que sois templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en vosotros?».

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).