El coronavirus, en la misión diocesana de Oviedo en Benín

Un total de 70 víctimas mortales debidas a la Covid 19 son las cifras que ha hecho públicas recientemente el gobierno de Benín, junto con más de 5.000 personas contaminadas por la enfermedad. Comparado con la debacle que, en algún momento, se llegó a augurar para la zona, el balance hasta el momento es ciertamente sorprendente.

Nos acercamos a Benín desde Esta Hora, el semanario de información del arzobispado de Oviedo, para conocer de primera mano cómo están viviendo la pandemia en la misión diocesana de Gamia, el segundo destino de los misioneros asturianos, al que llegaron en 2018, después de asentarse en Bembereké en 1986. Gamia se encuentra al norte, en la parte “más pobre, más desértica y donde el Islám está más presente”, explica el misionero Antonio Herrero.

Él mismo reconoce que cuando llegaron las primeras informaciones acerca del coronavirus, el gobierno “reaccionó muy pronto e hizo confinamientos, control del aeropuerto y las iglesias se cerraron completamente”. “Hubo mucho miedo –revela– porque pensábamos que aquí, en África, con los medios sanitarios tan escasos, con la cercanía propia del estilo de vida en la zona, donde poner barreras de distanciamiento es muy difícil, tendríamos una mortandad muy grande”

Un pronóstico que finalmente no resultó tan oscuro, lo que hizo que, paulatinamente, se hayan ido relajando las medidas sanitarias y que en la zona la gente no viva atemorizada como está sucediendo en otros muchos países.

Las cifras oficiales, sin embargo, tampoco son tomadas por la población al pie de la letra. Una falta de confianza en el gobierno que se debe “a que éste se está convirtiendo casi en una dictadura”, destaca el misionero ovetense Antonio Herrero. “Estamos en tiempo de elecciones y se está controlando mucho a los partidos de la oposición. Por eso, la gente cree que las medidas de control sanitario pueden tener detrás intereses políticos, e incluso económicos, porque el gobierno recibe ayuda del exterior para prevenir y curar. La gente al final no sabe si eso está sirviendo para algo, o más bien tiene como objetivo enriquecer a la gente que está en el poder”.  “Por lo tanto –afirma–, lo cierto es que no sabemos si hay más coronavirus y está oculto y no nos informan, o si lo que nos dicen es de cara al exterior, para poder conseguir más ayudas económicas. Es un gobierno que no da confianza en sus informaciones”.

Otra fuente de desconfianza procede del aluvión de informaciones que se propagan con gran rapidez en la zona a través de las redes sociales o whatsapp, y que defienden la teoría del “complot”, por el cual esta enfermedad está creada para “terminar con la población africana”. “Se advierte de que hay que evitar las vacunas porque traerán la muerte, y todo esconde un plan para reducir la población africana, muy abundante”, explica Herreno. Una teoría conspiranoica que cala con cierta facilidad porque “este pueblo ha sufrido mucho a nivel de control de la natalidad, medios anticonceptivos y proposiciones para que las mujeres no tengan tantos hijos”. Esos hechos aún están recientes y afecta a la realidad del coronavirus: la gente no ve la realidad de la enfermedad, que allí no está tan presente, y puede que no acepten con facilidad la vacunación.

“Nosotros sabemos, porque nos lo dijo Jesús, que “la verdad os hará libres”, explica el misionero asturiano en Gamia, por eso, “luchamos contra toda posible manipulación de la verdad, tanto por parte del gobierno como ante todas esas teorías de complot”, y “quisiéramos” –afirma– que la gente supiera discernir dónde está la verdad y dónde no. Y también que podamos liberarnos del miedo, que es otro virus que nos podría afectar, y es tan fuerte y tan negativo, o más, que las consecuencias físicas de una enfermedad”.

Mientras tanto, la gente continúa hoy en la zona con la alegría que les caracteriza, así como con su estilo de vida esperanzado y comunitario, tan importante en la zona. “No quisiéramos que esos valores tan importantes para esta gente se perdieran”, subraya Antonio Herrero, y Jesús nos da esa fuerza, cuando nos recuerda “No tengáis miedo, yo estoy con vosotros”. Por eso, desde aquí, desde África, sabemos que aunque no nos está afectando tanto esa realidad como a los países ricos, principalmente Europa y Estados Unidos, queremos ser solidarios y animamos a que en estas circunstancias podamos aprender algo y empezar una vida más solidaria y con otros valores que no sean solamente los materiales”.

Otros problemas más graves

Mientras el coronavirus mantiene paralizado a una buena parte del planeta, en África la vida continúa con las grandes dificultades que siempre han tenido y no han cesado. En Benín no hay Seguridad Social y la medicina no es fácilmente accesible, lo que obliga a que la gente acuda, en primer lugar, a la medicina tradicional. Gracias a un proyecto de ayuda de Cáritas Asturias en la misión diocesana, es posible facilitar los tratamientos a personas principalmente con enfermedades crónicas como epilepsia, minusvalías o accidentes, cuyo mantenimiento supondría un gran gasto. “La Cáritas local también se organiza solidariamente para que puedan tener ayudas para ir al hospital, hacerse pruebas y poder tratarse”, explica el misionero. “Es una realidad cotidiana aquí, donde hay muchas enfermedades y tiene que ser una red de caridad y solidaridad la que pueda responder cuando hay casos concretos de enfermedades costosas a curar a largo plazo”.

Otra de las grandes dificultades en Gamia, como en tantos lugares de África, es el agua. Un hecho que aquí damos por descontado y que allí se consume frecuentemente sucia y portadora de todo tipo de enfermedades. “Es verdad que ellos tienen una naturaleza más fuerte, tienen más defensas que nosotros y no son tan dependientes de las medicinas, pero construir pozos y facilitar el agua es algo básico aquí, y fue lo que hicimos en la misión nada más llegar, hace tres años, gracias a la ayuda de Manos Unidas. Así, tenemos ya un gran depósito de 30.000 litros que reparte agua a siete fuentes distintas, a donde llega la población a recogerla”. “También “Solidaridad con Benín” facilitó el que pudieran construirse varias bombas de agua en distintos puntos de poblaciones que están lejos de aquí, pero dentro de la misión. Son ayudas muy importantes para la higiene y la salud, fundamentales porque en época de lluvias hay mucho agua, pero luego pasan varios meses donde no llueve nada y ciertamente llega a escasear, incluso para beber”.

La malaria, que afecta a todos los habitantes, incluídos los misioneros, es una de las enfermedades más mortales en la zona, junto con una alimentación muy pobre y repetitiva, que dificulta mucho la vida ordinaria y el trabajo.

Junto con todo ello, el misionero ovetense Antonio Herrero no quiere dejar de recordar que, a pesar de que el coronavirus no esté siendo especialmente virulento en la zona, la pandemia mundial sí que se hace notar en África. Y lo hace en forma de retirada de proyectos por parte de ONGs, que se quedan sin fondos ni donaciones, y también acusando la crisis económica de los países ricos. “Ya había pobreza, pero ahora se va a hacer más dura. No sólo no la superaremos, sino que será cada vez más difícil sobrevivir. Las consecuencias del coronavirus aquí, por eso, ya se están viviendo”.

(Archidiócesis de Oviedo)

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