Carta pastoral del Cardenal Ricardo Blázquez: Vocación y vocaciones

Al comenzar el tiempo de Cuaresma, que nos conduce hasta el Triduo pascual de la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, se nos dice a cada uno: “Conviértete y cree en el Evangelio”. Cuaresma es “tiempo de gracia y día de salvación” (cf. 2 Cor. 6, 2). Es tiempo propicio para leer la Sagrada Escritura, escuchar la Palabra del Señor, acogerla por la fe y meditarla revisando la vida a su luz para reorientarla.

“Si hoy escucháis la voz del Señor, no endurezcáis el corazón”. ¿A qué día se refiere la palabra “hoy”? Podemos decir que este “hoy” es como móvil y permanente, si nos fijamos en las diversas situaciones a las que la Sagrada Escritura lo aplica. En primer lugar, alude a los cuarenta años de la marcha de Israel por el desierto (Ex. 19, 5; Núm. 20, 1 ss), en que a veces se negó a obedecer al Señor. Este hoy es también a las situaciones concretas de los orantes del Salmo 95: “Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: No endurezcáis el corazón como en Meribá, como el día de Masá en el desierto” (cf. vv. 7-8). La Carta a los Hebreos, reprobando el endurecimiento de los israelitas en el desierto, invita a los destinatarios de su escrito a que escuchen la voz del Señor y no imiten el comportamiento de sus padres (cf. Heb. 3, 7 ss.). Cuaresma es tiempo favorable para escuchar la Palabra del Señor con un corazón atento y abierto; si “hoy”, si en esta Cuaresma, escuchamos la voz del Señor no endurezcamos el corazón. Cuando hemos creído formando parte de la Iglesia que es la familia de la fe, hemos entrado en el descanso de Dios (cf. Heb. 4, 1 ss.). Al recorrer el itinerario de Cuaresma, en que nos preparamos para renovar las promesas del Bautismo en le Vigilia pascual, debemos ponernos particularmente a la escucha de Dios en nuestra vida, en este tiempo de misericordia y de perdón. El hoy de la llamada de Dios y de nuestra escucha abarca estos tiempos: Travesía del desierto, oración del Salmo 95, generación de los destinatarios a la carta de los Hebreos, tiempo de Cuaresma para la renovación de la fe y además la llamada que personalmente nos dirige Dios a cada uno. “Si hoy escuchas su voz, querido hermano, no te hagas sordo, abre los oídos del corazón. Que al mirar veas, que al oír escuches, que diariamente entiendas con el corazón (cf. Mt. 13, 14-17).

Cuaresma es tiempo de gracia para renovar la vida cristiana, iniciada en el bautismo. El paso del tiempo nos erosiona, adormece y enfría el calor primero; por eso debemos despertar de la somnolencia, desechar la rutina y recobrar “el amor primero”, volvernos al Señor y caminar en novedad de vida (cf. Apoc. 2, 4-5). El tiempo de Cuaresma nos ofrece la oportunidad para reavivar también la vocación específica que hemos recibido cada persona, sea al matrimonio cristiano, al ministerio pastoral o a la vida consagrada. Dios llama a nuestra puerta para preguntarnos: ¿“Dónde estás, como persona y como cristiano, como esposo o esposa en el Señor, como llamado al ministerio episcopal, presbiteral o diaconal, como consagrado o religioso? La primera lectura del miércoles de ceniza fue como un toque de trompeta o un aldabonazo a nuestra puerta: “Rasgad los corazones, no las vestiduras; convertíos al Señor Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso” (Joel, 2, 13).

Para la vitalidad de la Iglesia y para la eficacia misionera es insustituible la renovación de nuestra común condición de bautizados y de las vocaciones específicas a que el Señor nos ha llamado, La gratitud por la vocación específica recibida, la perseverancia y la fidelidad en medio de las dificultades es decisivo en orden a suscitar nuevas vocaciones al matrimonio y la familia cristiana, al sacerdocio y a la vida consagrada. La existencia serena y sacrificada, dando gracias a Dios por haber encontrado la vocación personal dentro de la gran vocación cristiana, es invitación alentadora a los jóvenes que buscan su camino, o al contrario puede ser amortiguador de sus ilusiones en el camino personal. La alegría de la fe y la fidelidad paciente en la propia vocación hace resonar en el corazón del que busca la llamada del Señor.

Desde hace muchos años (desde 1935), se celebra entre nosotros en la fiesta de San José el Día del Seminario. Releamos la reciente carta del Papa sobre San José. Todos conocemos su debilidad y también tenemos motivos para dar gracias a Dios por nuestro Seminario; pues bien, queridos sacerdotes, vuestra vida es muy importante para que los seminaristas se animen y maduren en la escucha de la llamada de Jesús; queridos padres de familia, vuestro hogar cristiano debe ser fértil tierra para que broten y florezcan las diversas vocaciones en vuestros hijos; queridas parroquias y comunidades cristianas, el cultivo de las vocaciones es tarea primordial. Desde la iniciación a la vida cristiana, pueden ir germinando las diversas llamadas del Señor. Cada discípulo de Jesús hallará su propio sendero recorriendo el camino compartido por todos.

La palabra latina “fiat” (hágase) aparece en pasajes relevantes la Sagrada Escritura. En primer lugar, es la palabra creadora de Dios (Gén. 1, 3): “Hágase la luz y la luz existió”. Comenta el profeta Baruc: “Llama a la luz y le obedece; a los astros y responden: Presentes” (3, 33-35). La estabilidad del cosmos y su belleza admirable proceden del Creador. María respondió a la llamada que Dios le dirigió por medio del ángel: “Hágase en mí según tu palabra” (Lc. 1, 38); La Virgen es modelo del sí a la vocación que Dios nos dirige. Jesús en Getsemaní, en el umbral de su pasión, orando filialmente dijo al Padre: “Hágase en mí tu voluntad” (cf. Mt. 26, 42). También en la hora suprema de su vocación de Hijo, Jesús depositó su vida en manos del Padre. “Fiat” es palabra creadora de Dios y es también respuesta del hombre. Dios deja oír en nosotros su vocación llamándonos personalmente; y de nosotros espera la respuesta decidida y confiada. ¡Que en cada uno de nosotros se encuentren las llamadas de Dios a la existencia, a la fe cristiana y a la vocación específica, y nuestra respuesta obediente y perseverante a seguir la vocación personal que nos dirige con amor!

Queridos amigos, en la proximidad de la Jornada del seminario oremos a dios por las vocaciones sacerdotales, participemos en la pastoral vocacional, acompañemos con esperanza a los seminaristas, apoyemos a nuestro Seminario en que se va gestando el presbiterio de la diócesis y el servicio pastoral de las parroquias y comunidades.

+ Cardenal Ricardo Blázquez

Arzobispo de Valladolid

Card. Ricardo Blázquez
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Don Ricardo Blázquez Pérez nació en Villanueva del Campillo, provincia y diócesis de Ávila, el 13-4-1942. Realizó sus estudios en los seminarios Menor y Mayor de Ávila (1955-67) y fue ordenado presbítero el 18-2-1967. Obtuvo el doctorado en Teología por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma (1967-72) y también estudió en universidades alemanas. Sus 21 años de ministerio sacerdotal se centraron en la actividad docente. Fue secretario del Instituto Teológico Abulense (1972-76), profesor (1974-88) y decano (1978-81) de la Facultad de Teología de la Universidad Pontificia de Salamanca, así como vicerrector de la misma. El 8-4-1988 fue elegido obispo de la iglesia titular de Germa di Galazia y nombrado obispo auxiliar de Santiago de Compostela, recibiendo la ordenación episcopal en esa catedral el 29 de mayo siguiente de manos de D. Antonio María Rouco Varela. El 26-5-1992 fue designado obispo de Palencia y el 8-9-1995 obispo de Bilbao. El 13-3-2010 se hizo público su nombramiento por el papa Benedicto XVI como 14.º arzobispo metropolitano y 40.º obispo de Valladolid, sede de la que tomó posesión el 17-4-2010. Desde marzo de 2014 es el presidente de la Conferencia Episcopal Española, organismo del que ya fue presidente entre 2005 y 2008, y vicepresidente entre 2008 y 2014; anteriormente, fue miembro de la Comisión para la Doctrina de la Fe (1988-93) y de la Comisión Litúrgica (1990-93), y presidente de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (1993-2002) y de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales (2002-05), así como Gran Canciller de la Universidad Pontificia de Salamanca (2000-04). El papa Francisco le creó cardenal en el consistorio del 14-2-2015, con el título de Santa Maria in Vallicella, y le nombró miembro de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica (2014), de la Congregación para la Doctrina de la Fe, del Consejo Pontificio de la Cultura y de la Congregación para las Iglesias Orientales (todos en 2015) y de la comisión cardenalicia para la Administración del Patrimonio de la Sede Apostólica (2016). Además de colaborar en la redacción de muchos documentos de la Conferencia Episcopal Española, son reseñables sus siguientes publicaciones: La resurrección en la cristología de Wolfhart Pannenberg (1976) Jesús sí, la Iglesia también (1983) Jesús, el Evangelio de Dios (1985) Las comunidades neocatecumenales. Discernimiento teológico (1988) La Iglesia del Concilio Vaticano II (1989) Tradición y esperanza (1989) Iniciación cristiana y nueva evangelización (1992) Transmitir el Evangelio de la verdad (1997) En el umbral del tercer milenio (1999) La esperanza en Dios no defrauda: consideraciones teológico-pastorales de un obispo (2004) Iglesia, ¿qué dices de Dios? (2007) Iglesia y Palabra de Dios (2011) Del Vaticano II a la Nueva Evangelización (2013) Un obispo comenta el Credo (2013)