Carta pastoral de Mons. José Luis Retana: IN MEMORIAM

Queridos diocesanos: el 27 de marzo de 2020, a las seis de la tarde, millones de cristianos de todo el mundo, acompañábamos al Papa Francisco, en un momento extraordinario de oración en tiempos de pandemia, celebrado en el atrio de la Basílica de San Pedro. La plaza de San Pedro estaba completamente vacía, caía la noche con una lluvia copiosa. El Papa pronunció unas palabras que yo decía entonces debíamos conservar en el corazón, porque nos sería necesario meditar tantas veces.

En un momento de la alocución el Papa Francisco decía: “Y podemos mirar a tantos compañeros de viaje que son ejemplares, pues, ante el miedo, han reaccionado dando la propia vida. Es la fuerza operante del Espíritu derramada y plasmada en valientes y generosas entregas. Es la vida del Espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia: médicos, enfermeros y enfermeras… y tantos pero tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo”.

En este tiempo de pandemia hemos visto lo mejor y lo peor. Del lado de lo mejor se encuentran, sin duda alguna, abundantes muestras de heroísmo: ¡cuánta generosidad y entrega inesperadas! ¡Cuánta empatía y caridad ha aflorado en tanta gente sencilla! Imposible enumerar el valor mostrado en tantas conductas. Una entrega generosa de la propia vida protagonizada por Isabel Bueno Fatela.

Como Obispo de Plasencia, hoy tengo el deber y la obligación de hacer memoria de la vida y la muerte de la persona de Isabel Bueno Fatela, Directora médica de Atención Primaria de Plasencia, que con 54 años falleció ayer, 24 de febrero, debemos decir entregando la vida buscando el bien de otros. Su labor era fundamentalmente de gestión, pero ante la necesidad, se ofreció voluntaria para sustituir a una compañera del equipo de vacunaciones y en esa tarea que no le correspondía enfermó con alguna otra compañera y al final falleció. Entregó la vida haciendo el bien.

La Diócesis de Plasencia siente profundamente esta muerte y la valora en lo que tiene de ejemplar, que recuerda la del mismo Cristo: “nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. La muerte Isabel nos duele hasta el fondo del alma. El Obispo como padre y pastor también está hondamente conmovido, como lo están los sacerdotes y la Diócesis entera por esta muerte que ha herido profundamente a esta querida familia.

En estos momentos de dolor no es fácil decir una palabra de consuelo a unos padres, a un marido y a unos hijos que acaban de perder una hija, una esposa y una madre de ejemplar generosidad en estas circunstancias. En estos momentos de lógico dolor deseamos que sepáis que nos encontramos cerca de vosotros y que compartimos vuestro dolor. A la vez agradecemos que hayáis traído al mundo, hayáis educado y convivido con una persona capaz de esta generosidad.

Jesús se compadece de nuestro dolor. Y quiere respondernos desde la cruz, desde el centro de su propio sufrimiento. La muerte del Señor siempre será para nosotros una lección suprema y paradójica, como lo es la muerte de Mª Isabel. Porque en esa muerte se nos da la vida, en su oscuridad se enciende la luz, y en su aparente vacío se nos entrega su eterna compañía.

Pero la muerte de Cristo no termina ahí. Es el último paso humano antes de traspasar la puerta eterna de la resurrección. Entre ambos pasos está la espera. Los cristianos lloramos la separación que nos impone esa espera. Nos duele profundamente la muerte, porque nuestra fe no es una anestesia, ni un atajo. Es natural que suframos por la muerte de esta persona querida. Pero sufrimos con esperanza, no desesperados.

Miramos esta muerte que nos llenan de dolor con ojos de fe. Confiamos en la ternura del amor de Dios, que la habrá abrazado amorosamente. Entregamos a Mª Isabel a sus divinas manos con dolor, pero también con paz, con lágrimas, pero con esperanza. Pido al Señor que fortalezca nuestra fe y permita vivir con paz estos momentos a su familia. Descansa en paz Mª Isabel.

Plasencia, 25 de febrero de 2021

+José Luis Retana Gozalo

Obispo de Plasencia

Mons. José Luis Retana Gozalo
Acerca de Mons. José Luis Retana Gozalo 16 Articles
José Luis Retana nació en Pedro Bernardo (Ávila) el 12 de marzo de 1953. Ingresó en el seminario menor de Ávila en 1964 para ingresar después, en 1968, en el seminario mayor. En 1971 entró en el Teologado que la diócesis de Ávila tiene abierto en Salamanca, para realizar los estudios de Teología en la Universidad Pontificia de Salamanca (1971-76), donde se graduó en Bachiller de Teología el año 1977. Posteriormente marchó a Friburgo (Suiza) para ampliar sus estudios de licenciatura (1976-78). En 1979 obtuvo la Licenciatura en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1979. En la actualidad es vicario episcopal para las instituciones de enseñanza de la diócesis de Ávila (desde 2012). Es deán de la catedral de Ávila (desde 2015) y adjunto a la dirección de Patrimonio (desde 2002); director del centro de educación especial Santa Teresa de Martiherrero para enfermos psíquicos y consiliario del Movimiento Comunión y Liberación (desde 2002); párroco de San Pedro Bautista de Ávila y arcipreste del arciprestazgo de la ciudad de Ávila (desde 2012). Es miembro del colegio de consultores y del consejo presbiteral (desde 1998). En su ministerio sacerdotal, desarrollado en la diócesis de Ávila, ha desempeñado, entre otros, los siguientes cargos: formador y profesor en el colegio diocesano “Asunción de Nuestra Señora” (1979-1993); rector del seminario diocesano de Ávila en Salamanca (1993-1999/2003-2012); vicario parroquial en la parroquia del Inmaculado Corazón de María en la ciudad de Ávila (1999-2003) y vicario episcopal para las relaciones con las instituciones diocesanas de Enseñanza y secretaría particular del obispo (1997-2006). También durante su ministerio sacerdotal ha atendido las comunidades cristianas de Albornos, Muñomer, Narros de Saldueña, Villanueva de Ávila, Aldeaseca, Tornadizos de Arévalo y Donvidas